El escritor mexicano Carlos Montemayor, coordinador del Diccionario del Náhuatl en el Español de México, aseguró que ese idioma constituye un sistema lingüístico tan complejo como el alemán. Al referirse a esta iniciativa de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Montemayor comentó que a veces «solemos creer que los idiomas pueden diferenciarse por distintos grados de crecimiento y que las lenguas con cierto desarrollo son el inglés, el portugués, el francés, el español y que los otros, son tan sólo
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En los últimos días de febrero ocupó el sillón S de la Real Academia Española que dejó libre Julián Marías y puede que se queden cortas las palabras del diccionario para expresar lo feliz que está. Y es que dice que para un lingüista llegar a la RAE es como conseguir un contrato blindado con el Real Madrid. Salvador Gutiérrez Ordóñez (Bimenes, 1948) lleva una vida entera dedicada a las palabras y a la Gramática. La entrevista tuvo lugar pocas horas antes del discurso de toma de posesión de su cargo.
Lía Varela expone la cuestión lingüística en el Mercosur e investiga los mecanismos socio-político-lingüísticos que están actuando en la región formada por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay y que –advierte– «no pueden considerarse de manera aislada, tal como están las cosas hoy en el mundo».
Lia Varela
Universidad de Buenos Aires/Université de Provence
Conocer una segunda o tercera lengua no sólo es útil para trabajar o viajar, sino que ayuda a mantener el cerebro en forma. Diversos estudios aseguran que al hablar más idiomas se mejora la capacidad de atención y hasta se dilata la aparición del mal de Alzheimer. Ser políglota, por tanto, significa cuidarse en salud.
Los chimpancés y los seres humanos utilizan la misma región cerebral para comunicarse, ya sea de forma verbal o gestual, lo que significa que la base neurobiológica del lenguaje ya pudo estar presente en el antepasado común de ambas especies, hace unos siete millones de años.
Los chimpancés y los seres humanos utilizan la misma región cerebral para comunicarse, ya sea de forma verbal o gestual, lo que significa que la base neurobiológica del lenguaje ya pudo estar presente en el antepasado común de ambas especies, hace unos siete millones de años.
Su enorme riqueza, su valor económico, sus 400 millones de hablantes, su incesante crecimiento y su venturoso futuro son temas de frecuentes artículos periodísticos, y también de congresos que convocan a personalidades del mundo cultural y político –congresos financiados, invariablemente, por grandes empresas de capital español–, mientras nuevos eslóganes, logotipos y avisos publicitarios la promocionan como si se tratara de un producto más del mercado.
Las palabras menos usadas son las que más rápido evolucionan y, en consecuencia, las que consiguen hacer que las lenguas de una misma familia se distancien con el paso del tiempo. Esto lo revela un estudio de científicos norteamericanos e ingleses que ha analizado el léxico del español, entre otros idiomas.
La Fundación de Español Urgente (Fundéu) se había dedicado hasta ahora a prestar asesoramiento sobre el uso correcto de la lengua a los medios de difusión, pero ahora ha extendido su actividad a las empresas, en el entendido de que las entidades privadas desempeñan un papel importante en la elaboración de información publicada en internet. «Estamos abiertos a otras empresas», aseguró el responsable de la fundación, quien explica la colaboración que Fundéu prestó a la consultoría Accenture.
A comienzos de este año, un vocablo poco conocido empezó a aparecer súbitamente en los despachos de la prensa económica:
La crisis de los créditos hipotecarios que estalló a mediados del año pasado en Estados Unidos puso de moda una palabra hasta entonces poco conocida por los legos: subprime, empleada como denominación de las hipotecas de alto riesgo, acordadas a clientes de escasa solvencia económica, que fueron el detonante de la tempestad bancaria actual.
La profesión de corrector anda mal, muy mal; la mayoría de los textos que se publican hoy son tratados por malos profesionales que se limitan a corregir comas, puntos y las escasas erratas que se le escapan al corrector automático de los procesadores de textos. Y hasta esto suelen hacerlo mal. Son, en su mayoría, personas que están en esto temporalmente mientras deciden qué hacer con su vida tras acabar su carrera de letras o como forma de alimentar su curriculum para tratar de entrar en alguna editorial.