Hace un par de años, en una conferencia en Guadalajara, Juan Villoro mencionó que la labor de los traductores de libros “es un oficio poco valorado”. El escritor y periodista mexicano hacía una crítica a la industria literaria y sus injusticias porque invisibiliza ese eslabón entre lenguas y culturas.
En ocasiones, algunos sellos omiten escribir en portada el nombre del traductor de dicha obra, sabiendo que, como dice Santiago Ochoa Cadavid, “la grandeza de muchos autores es conocida por lectores de otras lenguas gracias al trabajo cuidadoso y depurado de los traductores”.