Algunas sociedades antiguas tenían lenguas escritas, pero descifrar sus textos puede ser una tarea de Sísifo. Entonces, ¿cómo se las ingenian los expertos para traducir las palabras antiguas a las modernas?
La respuesta no es simple y tiene múltiples facetas, pero hay un ejemplo famoso que es paradigma de las mejores prácticas: el desciframiento de la piedra de Rosetta, descubierta por una expedición militar francesa en Egipto en julio de 1799, que allanó el camino hacia el desciframiento de los jeroglíficos egipcios.









