
Psicólogos y educadores coinciden en desestimular el empleo de amenazas en la educación infantil
amenaza
Accción, sucesos o dichos que sugieren la inminencia de un mal para alguien. El ente amenazador puede ser una persona, un animal o una cosa: Las grietas en las paredes indican la amenaza de un derrumbe. La amenaza de un aumento de la inflación preocupa al gobierno.
La amenaza puede ser tanto una estrategia bélica para intimidar al enemigo, como una actitud presente en la vida cotidiana, con el fin de infundir miedo a una persona, actitud que puede llegar a tipificar un delito, tipificado como tal en el Código Penal.
La palabra llegó a nuestra lengua procedente del latín vulgar mĭnacia , que se formó a partir del latín clásico mina, minæ, usado por Catón para significar ‘amenaza’, aunque ya Plauto (ss. III y II a. C) había empleado mināciæ con el mismo significado.
La forma primitiva menaza está presente en castellano desde el siglo XIII, en Alexandre (c 1240 v. 199, a, b):
Fueron por tod’el regno los pregones echados / los unos con menazas, los otros con falagos...
Esta forma, usada también, entre otros, por Berceo y Alfonso el Sabio, siguió presente en nuestra lengua hasta fines del siglo XV, alternándose con amenaza, que fue la que se impuso desde el comienzo del Siglo de Oro.
El vocablo tiene sus equivalentes en el portugués ameaça, en el catalán amenaça, en el gallego ameaza, en el italiano minaccia y en el francés menace, lo que muestra que la a- inicial es exclusiva de las variedades ibéricas.