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¿Misa en latín acerca el Papa a las posturas de Lefebvre

11/07/2007
Alejandro ROZADA

Alejandro ROZADA La Nueva España - www.lne.esLa decisión del Papa, Benedicto XVI, de recuperar la misa y los ritos tradicionales genera opiniones diversas entre los párrocos gijoneses. Los sacerdotes de la ciudad interpretan esta medida como un acercamiento a los seguidores del obispo francés excomulgado Lefebvre. «Me resulta extraño que el Papa haya reabierto esta posibilidad. La propuesta está hecha de cara a la galería; ahora mismo hay cosas más importantes que hacer». Ésta es la opinión de José Manuel Álvarez, párroco de la iglesia de Santa Cruz del barrio de Jove, que no está de acuerdo con la determinación. De todas formas, el párroco de Jove aclara que a él no le afectará la decisión. Álvarez interpreta la medida como un acercamiento hacia los lefebvrianos lo que, en su opinión, supone «una vuelta atrás que no favorece la unidad en la Iglesia. Se machaca a los teólogos de la liberación para calmar y contentar a Lefebvre», lamenta el vicario del barrio de Jove. Por su parte, Manuel Albino Laruelo, párroco de la abadía de Cenero, considera que la recuperación del latín «puede ser interesante para los que entiendan el idioma y para utilizarlo en las festividades importantes, pero no así en la vida cotidiana de la Iglesia». No obstante, según Laruelo, «aunque la tradición del latín ya se utilizó durante siglos y me parece bien que se recupere, no la veo necesaria». En resumen, «se trata de un proceso eclesial más», sentencia este sacerdote de la zona rural gijonesa. Javier Gómez Cuesta, párroco de la iglesia de San Pedro Apóstol, confiesa estar sorprendido por la decisión papal, aunque afirma que se le está dando demasiada importancia. Este sacerdote apunta que «si sirve para resolver algún problema, está bien y en ese caso me convencería». Gómez Cuesta opina que «con esta medida excepcional, el Papa muestra sus preferencias y su propósito de evitar divisiones en la Iglesia. No sé si será un acierto o no, pero supone un acercamiento y un importante acto de comprensión y tolerancia». Sobre la posibilidad de que la Iglesia mire al pasado con la decisión de recuperar el latín en misa, el párroco de San Pedro piensa que «se trata efectivamente de un gesto regresivo por parte de Benedicto XVI. Se nota que es condescendiente con los que se fueron de la comunidad eclesial y ahora pretende que vuelvan». En todo caso, Gómez Cuesta recuerda que «en Bélgica, en los años setenta, la misa se oficiaba en latín y se cantaba en gregoriano sin problemas». Por este motivo, según el sacerdote, «no hay dudas de que el latín es el idioma de la Iglesia porque, además, no es difícil comprenderlo». En todo caso, el sacerdote apunta que «a nivel personal, esta medida no me va a afectar en nada». El párroco de la iglesia de San Julián en Somió, Ángel Pío Sánchez, considera acertada la medida para «los que les guste el latín». Sin embargo, este sacerdote no considera que sea apropiada para el ritmo ordinario de la Iglesia. «Supone un retroceso en la medida en que el latín, es evidente que no se debería recuperar, puesto que debería estar presente en todo momento», asegura Sánchez. En todo caso, el párroco asegura que seguirá impartiendo misa en castellano, «manteniendo la tradición». Por su parte, el prelado de la basílica del Sagrado Corazón, Julián Herrojo, confiesa «no haber leído mucho sobre este tema». De todas formas, asegura que en su basílica ya existe la obligación de celebrar misa en latín esporádicamente. Por lo tanto, para él, esta norma no supone ninguna novedad, si no «un aliento» para recuperar dicho idioma. Herrojo desvela que ha oficiado misa en inglés y latín en ocasiones significativas, por lo que le parece «bien» que en momentos extraordinarios se abra esta puerta. Además, está satisfecho porque «esta medida va a evitar que se pierda el latín». Confiesa que era habitual oficiar en latín durante su etapa en la basílica de Cangas del Narcea. El que fuera arcipreste de Gijón y actual párroco de la iglesia de San Nicolás de El Coto, Fernando Fueyo, deja claro que a él «no se le va a dar el caso de impartir el latín, aunque estudié este idioma». Por ello, aclara que está de acuerdo con esta determinación «si sirve para ayudar a la Iglesia». Además, tiene el deseo de que la determinación de Benedicto XVI no suponga «quitar el espíritu del Concilio Vaticano II ni las reformas esenciales emprendidas por aquel entonces, ni tampoco su esencia aperturista». El párroco del barrio de El Coto acepta esta medida, que entiende como «un acercamiento hacia los lefebvrianos», por lo que se muestra a favor de ella pues «trata de acercar sin menoscabar a nadie». Entre risas, Fueyo confía en que no tenga que hablar en latín a estas alturas y tener que dar la misa «con subtítulos», de modo que, sentencia, «seguiré dándola en castellano, tal y como he hecho durante toda la vida». El actual arcipreste de Gijón, Adolfo Mariño, no se ha querido pronunciar sobre la posibilidad de que las misas se vuelvan a impartir en latín. El también párroco de la iglesia de San José cree que «es suficiente con la información aparecida estos días en la prensa, por lo que declino hacer ningún tipo de valoración más». Mariño pone como ejemplo las recientes declaraciones realizadas a este periódico en la edición del pasado domingo por José María Díaz Bardales, párroco de la iglesia de Fátima en La Calzada. En estas declaraciones a LA NUEVA ESPAÑA de Gijón, Bardales anunciaba que no tiene intención de volver a impartir misa en latín en su parroquia, y se sorprendía de que se intente contentar a Lefevre, mientras es tan dura con Jon Sobrino y los teólogos de la liberación.