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V Congreso: el valor económico del
español

27/02/2010

El PaísAcostumbra a decir el ex presidente colombiano y académico Belisario Betancur que cuando los españoles descubrieron América y se constató que la tierra era redonda, el español comenzó a ser un idioma redondo. Y tiene razón. Aquel acontecimiento y la posterior expansión por toda la región latinoamericana supone que ahora el español lo hablen 440 millones de personas en el mundo y sea el idioma oficial de 21 países, con fuerte asentamiento además en Estados Unidos y Brasil como segundo idioma. Es la cuarta lengua con mayor peso demográfico, pero la segunda como instrumento de comunicación tras el inglés y cada vez con más solicitudes de aprendizaje.Ésa es la realidad actual. La globalización y las corrientes migratorias que se han producido desde Latinoamérica a EE UU y España han ampliado las fronteras del español, que ahora tiene el reto de estabilizarse como segunda lengua. A ello contribuirá, «la creciente apertura de las economías latinoamericanas, la internacionalización empresarial española y la capacidad de irradiación de los patrones culturales asociados a la lengua española», según José Luis García Delgado, autor, junto a José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez, de Economía del español, una introducción(1), que forma parte del Proyecto Fundación Telefónica sobre el español.Pero, ¿tiene el español valor económico?, ¿cómo puede saberse?, ¿cuánto vale?, ¿vale igual una lengua que otra? Es verdad que «el idioma es el lubricante que facilita las relaciones económicas», en palabras del secretario de Estado Iberoamericano, Enrique Iglesias, o, como dicen Javier Girón y Agustín Cañadas, «es el vehículo que facilita la comunicación entre los distintos elementos del proceso productivo y en las fases de la promoción, comercialización y venta de productos». Pero no es menos verdad que la lengua tiene una naturaleza económica poliédrica que impide medir con exactitud ese valor. E, incluso, no sería realista. No se puede reflejar igual que cualquier actividad productiva o transacción comercial.Para entender ese valor intangible de la lengua los autores proponen unos rasgos que la caracterizan como recurso económico: es un bien no apropiable, sin coste de producción, que no se agota con su uso, con coste único de acceso y con un valor que se incrementa con el número de usuarios.A partir de esas premisas y de que resulta prácticamente imposible cuantificar el valor económico de una lengua, el profesor Ángel Martín Municio se atrevió a situar el valor del español en el 15% del PIB sumando todas las actividades relacionadas con la lengua. Es decir, por encima de los 150.000 millones de euros en el caso de España. Para llegar a esa cifra, Martín Municio hizo una clasificación acomodada a los efectos contables y distinguió tres tipos de actividades: las ligadas a la lengua por la propia naturaleza de sus productos como la educación o la industria editorial; las que proporcionan insumos al grupo anterior como la actividad papelera, y la comercialización y distribución de los anteriores.A la clasificación de Municio, el estudio de la Fundación Telefónica añade los servicios de empresas que requieren el uso del español, como consultoría, publicidad, ingeniería o distribución comercial, y las nuevas tecnologías de la información. Además de la estimación del 15% del PIB, estos autores atribuyen a la lengua española en torno al 16% de la creación de empleo y sostienen que los intercambios comerciales hacen que se multiplique entre dos y tres veces la cuota de las exportaciones españolas en los países hispanohablantes (mayor que el inglés en los países anglosajones) y por 2,5 veces la cuota de los emigrantes que proceden de países con los que se comparte idioma. De los cerca de cuatro millones de inmigrantes registrados en España, cerca del 40% provienen de países que usan el español. Otra pregunta: ¿vale lo mismo el español que el polaco? España y Polonia tienen más o menos la misma población y de igual modo que el carbón de la Silesia polaca vale mucho más que el de Asturias por su calidad, el español en términos relativos y en razón de su condición internacional vale mucho más que el polaco. Se llega así a la conclusión de que el español es probablemente el segundo con más valor después del inglés y delante de otros como el francés o el chino mandarín. Este último punto redunda en la importancia que tiene la lengua al facilitar la integración social y laboral de las personas que lo hablan y que emigran a otros países que también lo hablan (en este caso a España) o lo tienen muy desarrollado (Estados Unidos) y en las remesas que envían a sus países. Para los países emisores, sin embargo, puede generar la fuga de cerebros, aunque ésta se produce más cuando la emigración se debe más a motivos políticos.Pero el buen estado de salud del español no debe de hacer olvidar que tiene una serie de debilidades manifiestas como es el bajo uso en los intercambios diplomáticos, en los estudios científicos y en la Red. Una de las razones que explica ese escaso acceso a Internet es la pobreza de muchos de los países del área hispanohablante y, como consecuencia, la fuerte emigración, principalmente en el área hispana. En los últimos años ha retrocedido la proporción de páginas web en español dentro de la Red del 5,8% en 2002 al 4,6%. "Si en el área hispana se dispusiese de similar nivel de líneas telefónicas que en los países anglosajones, la presencia del castellano en Internet se incrementaría en una 170%", apunta García Delgado.El buen producto que es el español sólo ganará posiciones en el mercado global si las economías que lo sustentan se hacen más competitivas y más sólidas las democracias de los países que forman la comunidad. Por eso, «España tiene un papel en el mundo: la defensa de la lengua castellana». ¿Qué ha hecho o hace España? Posiblemente con notable retraso, ahora florece el interés por el español. Lo demuestran hechos como el Acta Internacional de la Lengua Española, los seminarios de la Fundación Telefónica y la Secretaría General Iberoamericana y las actuaciones del Instituto Cervantes, la Fundación Carolina, o la Fundación Comillas impulsada por el Gobierno de Cantabria y estas dos instituciones para desarrollar un centro de estudios superiores del castellano.(1)Economía del español, una introducción. José Luis García Delgado, José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez. Ariel-Colección Fundación Telefónica.