Jueves, 16 de septiembre de 2021

Tu cerebro piensa, sin duda, pero ¿cómo lo hace?

23/03/2021
Tyler Daniel Anderson-Sieg*

Aurora boreal

Algo que parece un rugido llena de pronto la atmósfera y se ve un pequeño objeto surcando el cielo. La multitud mira hacia el cielo y tres voces gritan: "¡Mira! ¡Arriba en el cielo! Es un pájaro". “¡Es un avión!" "¡Es Supermán!"

Es el mismo objeto, el mismo cielo. Incluso es el mismo rugido. Entonces, ¿por qué tres personas que presencian el mismo evento llegan a conclusiones diferentes?

La respuesta a esta pregunta está en la forma en que nuestros cerebros están programados para pensar. Experimentamos e interpretamos el mundo que nos rodea basándonos en lo que ya sabemos, aunque a veces lo que sabemos sea erróneo.

El problema del pensamiento

El mundo es un lugar confuso y ajetreado. Nuestros cerebros deben darle sentido procesando un flujo interminable de información. Lo ideal ―porque sería lo más acertado― sería que nuestros cerebros analizaran todo a fondo. Sin embargo, no pueden, porque es demasiado poco práctico.

Pensar lleva tiempo, y nuestras decisiones deben ser a menudo rápidas. Hay que saber inmediatamente que hay que cruzar una carretera rápidamente ―incluso correr― cuando se oye que un coche se acerca rápidamente.

Pensar también consume energía ―o poder cerebral― y nuestro cerebro solo tiene un suministro limitado. Analizarlo todo agotaría rápidamente nuestras reservas de energía.

Estas limitaciones representan un problema de pensamiento: nuestros cerebros simplemente no tienen suficientes recursos para entender el mundo sin tomar algunos atajos mentales.

Nuestros cerebros inteligentes y perezosos

Nuestros cerebros encuentran atajos para superar el problema del pensamiento confiando en los pensamientos ya almacenados en nuestra mente, llamados esquemas. Los esquemas hacen el procesamiento por el cerebro, como el autocompletado, pero para pensar.

Utilizar esquemas es más eficaz que analizar cada aspecto de cada momento. Permiten a nuestro cerebro procesar más información con menos esfuerzo, ahorrando energía cerebral para otros pensamientos importantes y la resolución de problemas.

Nuestros cerebros como bibliotecas

Los esquemas son los bloques de construcción de nuestro conocimiento del mundo. Nuestros cerebros se basan en diferentes tipos de esquemas para entender diferentes tipos de situaciones.

Los esquemas son como libros en nuestra mente que nos dicen qué son y qué hacen los distintos objetos. Un esquema de pájaros, por ejemplo, puede decir que los pájaros son "animales pequeños", "tienen alas" y "pueden volar". En conjunto, todos los objetos que conoces forman una colección de libros que llenan las estanterías de una biblioteca en tu mente.

Nuestro cerebro confía en lo que nos dicen estos libros o esquemas cuando intentamos comprender los objetos de nuestro entorno. Hacerlo es mucho más rápido y fácil que analizar de nuevo sus características, y la conclusión suele ser ―aunque no siempre― la misma.

¿Veo las cosas de forma diferente a como las ves tú?

La exactitud de nuestros juicios depende de los esquemas o libros disponibles en nuestras bibliotecas mentales.

Cuando nuestros cerebros intentan comprender objetos desconocidos, deben basarse en un esquema de un objeto diferente pero similar porque el esquema correcto no está disponible. Si el objeto y el esquema elegido coinciden estrechamente, nuestros cerebros asumen sin esfuerzo ―pero de forma inexacta― que los dos objetos son iguales.

Una persona que nunca ha visto un murciélago puede suponer que un murciélago es un pájaro porque las características del murciélago y su esquema para un pájaro son similares: ambos son animales pequeños con alas y pueden volar. Nuestros cerebros aceptan inexactitudes ocasionales.

En el caso de las dos personas que pensaron que Superman era un pájaro o un avión, ninguna de ellas había visto antes a Superman, por lo que ninguna tenía un esquema de Superman en el que basarse. Sus cerebros eligieron sin esfuerzo los esquemas de un pájaro y un avión porque esos esquemas eran los que más se acercaban al objeto en el cielo.

Sus cerebros hicieron suposiciones rápidas basadas en un conocimiento imperfecto. El cerebro humano "creyó" ver una cosa pero, en aras de pensar rápida y eficazmente, se equivocó. No hay nada malo en pensar que Superman es un pájaro o un avión, aunque no lo sea. Sólo hace falta un encuentro con Superman para crear un nuevo esquema y cambiar tu forma de pensar para siempre.

                      * Doctorando en Ciencias Biomédicas, Universidad de Carolina del Sur