Lunes, 25 de octubre de 2021

Traducir a Dante: la complejidad del clásico que creó el florentino

09/09/2021
Andrés Seoane

Manuscrito de la primera traducción de Dante al español, realizada por Enrique de Villena hacia 1425

Como ocurre con todas las grandes obras literarias, ya desde el primer terceto (Nel mezzo del cammin di nostra vita / mi ritrovai per una selva oscura, / ché la diritta via era smarrita) surge la controversia. ¿Debe ser A mitad o En mitad? ¿Hay que buscar una palabra que rime con vida? ¿Se debe explicitar que la “selva oscura” es una alegoría del pecado? Así, durante los más de 14.000 versos que componen la Divina Comedia, las dudas asaltan sin pausa al intrépido traductor que se enfrente a una de las mayores composiciones de la literatura universal.

Traducida al castellano ya desde el siglo XV, cuando Enrique de Villena, poeta del círculo del marqués de Santillana, elaboró la copia que hoy guarda la Biblioteca Nacional, cada época ha dejado su huella en la obra, aunque, como dice Jorge Gimeno, responsable de la reciente edición de bolsillo de Penguin, “la historia de Dante en España ha sido más bien desdichada. Nunca se ha dado con el registro adecuado para traducirle. El periodo decimonónico lo destruyó con su retórica rancia, y eso ha modelado las traducciones hasta hoy mismo”. A su juicio, hay que beber de la versión canónica, la llamada antica vulgata del italiano Giorgio Petrocchi, que “goza de toda la fiabilidad de las grandes ediciones de obras medievales”.

Una opinión que comparten Juan Barja y Patxi Lanceros, que a cuatro manos han elaborado para Abada una edición bilingüe con ilustraciones de Botticelli en la que siguen la tendencia de escribir “en endecasílabos blancos, prescindiendo de la rima”, fórmula que consideran “la más de ‘cercana’ a lo que era el modelo de Dante: la poesía clásica latina de Virgilio”.

Una lengua nueva

La misma métrica, buscando “aunar la fidelidad al sentido literal y la reconstrucción del valor poético”, empleó José María Micó en su Comedia publicada en Acantilado en 2018, que ha sentado cátedra en estos años. “Su dificultad no reside en su extensión (he traducido obras mucho más largas, como el Orlando furioso de Ariosto), sino en la concentración y densidad de sus innumerables hallazgos verbales”, explica. “Dante tomó una serie de decisiones asombrosas que acabaron siendo determinantes. La más importante de ellas es tal vez la elección de la lengua vulgar (que no era aún el italiano, sino el dialecto florentino), que le obligó a un gran esfuerzo de invención para ensanchar sus límites y posibilidades”.

Y es que la condición de “padre” del italiano que ostenta el poeta florentino es innegable para cualquiera que haya vadeado su obra. “Su texto y su léxico aún son actuales. El toscano es ahora el italiano. Y, en relación a nuestro idioma, su carácter ya ‘evolucionado’ nos permite calcar literalmente, con frecuencia, muchos de sus versos, lo que no se da en otros idiomas pertenecientes a idéntica familia, ni siquiera con el castellano de la época de Dante, que se encuentra más lejos de nosotros que la obra dantesca del idioma que se habla en Italia actualmente”, apuntan Barja y Lanceros.

Por su parte, Gimeno, va más allá al asegurar que “la noción de ‘padre’ del italiano (entendido como lengua literaria) se le queda pequeña a Dante. Es el Dios de la lengua italiana: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dante es la lengua italiana misma hasta la aparición de la RAI”, afirma rotundo. “En la Divina Comedia Dante tiene un sentido total de la lengua, no le hace ascos a nada: usa lo alto y lo bajo, lo intelectual y lo cotidiano. ‘Dios’ y ‘culo’ son palabras del poema. Hay latinismos y lengua de la calle, y hasta jeringonza inventada. Como el poema trata de todo lo real, todos los lenguajes tienen sitio”.

Pero más allá de ocuparse de cuestiones como la rima, la métrica o el tono, traducir la Divina Comedia supone embarcarse en un viaje para desentrañar todo un rico mundo de referencias simbólicas, políticas o religiosas que han ido cambiando con los siglos. Todo un universo que en opinión de Gimeno debe ser explicado al margen del texto. “La poesía no se traduce parafraseando. Hay que respetar la opacidad, muy poética, del texto. No hay nada que no sea poético en la Divina Comedia, incluso los primeros lectores ya sintieron esta opacidad. Por ello es imprescindible adentrarse en el comentario profundo del texto desde un punto de vista poético y cultural”.

Ecos del mundo clásico

Precisamente el comentario es una ilustre tradición del dantismo, tan antigua como la Divina Comedia misma. De hecho, uno de los primeros comentaristas fue el juez Pietro Alighieri, hijo del poeta, uno de cuyos textos se puede observar en la exposición de manuscritos del poeta que la Biblioteca Nacional exhibe hasta el próximo 2 de octubre.

Como explican Barja y Lanceros, “para entender la obra hay que armarse de conocimientos sobre las fuentes bíblicas y mitológicas de las que bebe Dante, conocer la compleja historia de la Italia de la época —las luchas entre el papado, el imperio, las ciudades y los diferentes señoríos en una época dura y conflictiva— y, además, internarse en la compleja trama teórica y moral que el poeta articula sobre el conflicto entre aristotelismo renovado y religión cristiana ‘reformada’”. Por ello, aseguran que “una edición de la Comedia que prescinda de un amplio corpus de notas es hoy incomprensible para el lector.

No obstante, también apuntan que esta pléyade de referencias “no se alza jamás como un obstáculo infranqueable, sino como un reto fascinante: el de reconstruir la recepción de las culturas clásicas antiguas en el quicio, siempre variable, entre Edad Media y Renacimiento. La Comedia es el lugar privilegiado donde los conceptos ideados por la antigüedad se proyectan en busca de un futuro del que nuestro presente es heredero”.

En forma de soneto

Pero la riqueza de la magna obra de Dante no se agota en estas traducciones en endecasílabos, las más comunes en los últimos años por considerarse las más fieles pero ni mucho menos las únicas empleadas en los últimos siete siglos. Como recuerda Micó, “la Commedia se ha traducido históricamente de muchas maneras: en prosa, en falso verso, en endecasílabos, en dodecasílabos, en octosílabos, en tercetos, en octavas, en quintillas…”.

A todos estos empeños se une el realizado por María Purificación García Herguedas, que en sus Aproximaciones a la Divina Comedia realiza una recreación del poema dantesco en sonetos compuestos por ella misma, que acompaña con dibujos alegóricos, que constituyen un lenguaje gráfico que va complementando la historia. “La literalidad es más narrativa y más dinámica, pero carece de la musicalidad y la emoción que proporciona la poesía. En mi versión, que más que una traducción se inspira en los versos de Dante, la composición de los sonetos dota a la pieza de una musicalidad interna que sale del ritmo en si del propio soneto”, explica.

Una visión original y novedosa que se une al sinfín de obras nacidas al calor del inmortal poema del genio florentino y que se añade a un corpus que no ha dejado de medrar en los últimos 700 años alimentado por todos aquellos que se atrevieron a hollar los nutricios círculos dantescos. Y es que hoy en día, al prestigio del original se añade la importancia histórica y literaria de algunas de sus traducciones. Por eso, remacha Micó, “dediqué mi versión ‘A todos los traductores de Dante, condenados al mismo paraíso’, porque solo ellos están en condiciones de apreciar lo que significa esta ardua labor”.