Jueves, 09 de diciembre de 2021

Miembros de la RAE cuestionan el futuro del bable como lengua cooficial

01/11/2021
Bruno Prado Porto

Manifestación del pasado día 16 de octubre por el centro de Oviedo para reclamar la oficialidad del asturiano / EFE

Hay un aforismo recurrente atribuido a Max Weinreich que reza que «una lengua es un dialecto con un ejército y una fuerza naval». Tiene gracia, y lo que señala es que las fronteras entre un término y otro no están muy claras, tal y como señaló en su día el académico Gregorio Salvador, fallecido en 2020. Con el bable, que ahora podría convertirse en la lengua cooficial si se aprueba la reforma del Estatuto de Autonomía de Asturias, se ha discutido mucho al respecto, y las posiciones dominantes han bailado bastante. Hasta 2014, la Real Academia Española (RAE) recogía en su Diccionario que el bable era el «dialecto de los asturianos», una denominación que levantaba resquemores y que fue modificada  tras una propuesta de Iniciativa pol Asturianu. Ahora, la institución define el bable como una «variedad actual del asturleonés», y lo plantea como sinónimo de asturiano, que es el nombre que prefieren en la Academia de la Llingua Asturiana. Ni rastro de dialecto.

«No tenemos una posición oficial al respecto», asevera Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, al otro lado del teléfono. En la Docta Casa hay muchos matices al respecto. Veamos... Paz Battaner, lexicógrafa y directora del Diccionario de la RAE, apunta que «toda lengua es un dialecto y todo dialecto es una lengua». ¿Y el asturiano? «Es una lengua reducida en extensión, un dialecto del latín». Para Pedro Álvarez de Miranda, también de la Docta Casa, estamos ante «una cuestión en la que pesan más los factores políticos que los factores lingüísticos», y tendríamos que «despolitizarla, desdramatizarla». «El concepto de dialecto es bastante impreciso, y sobre todo tiene mala prensa. Parece como si el dialecto fuera una lengua de segunda categoría o de segunda división. Y no es exactamente así. Hablamos de un concepto más bien histórico», afirma. La diferencia, según él, tiene bastante que ver con la fijación escrita de un habla: si hay mucha estamos más cerca de una lengua, y si no puede que estemos ante un dialecto. «Nadie quiere ser dialecto, todos quieren ser lengua. Supongo que es legítimo, pero los lingüistas ven las cosas bastante distintas de cómo las ven los políticos», remata.

Un coste muy elevado

Salvador Gutiérrez Ordóñez, miembro de la RAE y hablante de bable, considera que el problema no es si el asturiano es una lengua o un dialecto, porque eso depende del punto de vista. «El bable es una lengua desde un punto de vista interno, porque es un instrumento de comunicación, pero desde el punto de vista de los criterios externos, como puede ser el peso literario, el lenguaje de la administración, o la estandarización o uniformidad de la lengua… esos no los cumple en estos momentos el bable». Para él, la cuestión importante es la de la cooficialidad del bable, que no comparte. ¿Es posible convertir el bable en una lengua administrativa? «Si me preguntan si quiero comprar un Ferrari, yo digo que sí. Si me preguntan si puedo comprarlo, diría que no. En estos momentos la estandarización del bable, el convertirlo en una lengua de la administración, tiene un coste muy grande, porque esa oficialidad implica que todos los documentos oficiales estén en bable, que todos los documentos de empresas que estén relacionadas con la administración estén en bable. Y eso tiene un coste elevado», afirma, al tiempo que recuerda que Asturias es una comunidad con problemas de desarrollo. Hay quien sostiene que todo esto costaría unos setenta millones de euros, aunque Xuan Xosé Sánchez Vicente, de la Academia de la Llingua Asturiana, apostilla que la apuesta es por una oficialidad amable y barata, y que además aún queda mucho camino legal por recorrer hasta que esta pueda llevarse a cabo.

Con todo, Gutiérrez Ordóñez no confía en que las inversiones logren su objetivo: «La posibilidad de que el bable resurja y se convierta en un idioma de estado autonómico tiene pocos visos de futuro. En estos momentos las lenguas minoritarias, sobre todo las lenguas que han padecido una discriminación, que han padecido un debilitamiento histórico o profundo, no tienen prácticamente posibilidades de subsistir. Desgraciadamente, por muy amantes que seamos de lenguas como el bable, no tienen futuro». «Nos duela mucho o no, y a mí me duele porque soy hablante bable, no veo una salida por mucho dinero que gastemos», concluye.

Del bable de Jovellanos al asturiano de hoy

El término bable fue ‘popularizado’ en el siglo XIX por Gaspar Melchor de Jovellanos en su texto ‘Instrucción para la formación de un diccionario del dialecto asturiano’, y así se recogió en el Diccionario de la Lengua Española. También en el Estatuto de Autonomía de Asturias, donde se afirma que «el bable gozará de protección». Sin embargo, en la Ley de Uso de 1998 se utiliza la fórmula «bable/asturiano», que modernizaba la anterior sin perderla del todo. Según sostiene Xuan Xosé Sánchez Vicente, de la Academia de la Llingua Asturiana, hoy se prefiere el término asturiano antes que bable.