Jueves, 25 de febrero de 2021

Las mascarillas pueden perjudicar del desarrollo del lenguaje en los bebés

11/02/2021
David J. Lewkowicz

Una amiga de mi hija se alarmó hace poco cuando le dijeron que su hija de dos años debía llevar una mascarilla en preescolar. Su pequeña ya tiene dificultades para hacerse entender, y a su madre le preocupa que el barbijo haga más difícil que su hija sea entendida y que tenga problemas para distinguir lo que dicen sus compañeros y profesores enmascarados.

Ahora que la mascarilla se ha convertido en el accesorio esencial de nuestras vidas, la pandemia de covid ha puesto al descubierto nuestra necesidad fundamental de ver caras enteras. ¿Podría ser que los bebés y los niños pequeños, que deben aprender el significado de la miríada de señales comunicativas normalmente disponibles en los rostros de sus compañeritos, sean especialmente vulnerables a su degradación en rostros parcialmente visibles?

Las caras son una fuente compleja y rica de señales sociales, emocionales y lingüísticas. Nos basamos en todas estas señales para comunicarnos entre nosotros a través de una danza compleja y dinámica que depende de que cada interlocutor sea capaz de leer las señales del otro. Curiosamente, incluso cuando podemos ver caras enteras, a menudo tenemos problemas para saber lo que sienten otras personas. Por ejemplo, como ha señalado la psicóloga Lisa Feldman Barrett, podemos interpretar una sonrisa en el sentido de "estoy contento", "me gustas" o "me da vergüenza". Así pues, ver caras parcialmente visibles nos priva de una plétora de señales lingüísticas que son esenciales para la comunicación.

Los bebés y los niños pequeños ven y oyen señales comunicativas y aprenden a atribuirles significados a través de sus interacciones cotidianas con sus cuidadores y compañeros sociales. Tomemos, por ejemplo, a un bebé en una fiesta de cumpleaños o en una guardería en la que se puede oír y ver a varias personas enmascaradas hablando. Para averiguar qué cara va con qué voz, ese bebé debe aprender que la boca es la fuente del lenguaje hablado y que mirar la boca es esencial para averiguar si la cara de una persona concreta va con una voz concreta.

Queríamos saber si los bebés podían descubrir la importancia de la boca de un hablante y cuándo. Así que, en un estudio de mi laboratorio, mostramos vídeos de caras que hablaban a bebés de diferentes edades y seguimos su atención mediante un dispositivo de seguimiento ocular. Descubrimos que los bebés empiezan a leer los labios alrededor de los ocho meses de edad. El inicio de la lectura de labios a esta edad se corresponde con el inicio del balbuceo canónico, lo que sugiere que los bebés empiezan a leer los labios porque se interesan por el habla y el lenguaje. 

El balbuceo canónico es una fase, entre los tres y los siete meses de edad, en que el bebé emite una larguísima serie de sonidos, vocales y consonantes, algunos de ellos muy difíciles de repetir.

Al leer los labios, los bebés tienen acceso a las señales visuales del habla que, como han demostrado Janet Werker y sus colegas de la Universidad de Columbia Británica, son claramente perceptibles para ellos. Así, la lectura de labios permite a los bebés ver las señales visuales del habla que necesitan para averiguar qué cara va con qué voz. Por supuesto, los bebés no pueden acceder a las señales visibles del habla si los demás llevan mascarillas.

Es importante destacar que nuestro descubrimiento de la lectura de labios se produjo en un estudio realizado únicamente con bebés que aprendían inglés, por lo que no estábamos seguros de que se tratara de un comportamiento universal en los bebés que aprendían cualquier idioma. Para responder a esta pregunta, en estudios posteriores con mis colaboradores, Ferran Pons y Laura Bosch, de la Universidad de Barcelona, examinamos la respuesta de los bebés que aprenden español y catalán a las caras que hablan y descubrimos que también empiezan a leer los labios alrededor de los ocho meses de edad. Curiosamente, también descubrimos que los bebés bilingües que aprenden español y catalán leen los labios más que sus homólogos monolingües, lo que indica que los bebés bilingües dependen más de las señales visuales del habla como ayuda para ayudarlos a distinguir sus dos idiomas.

Una vez que la lectura labial aparece en la infancia, se convierte en el modo de procesamiento del habla por defecto cuando la comprensión es difícil. Esto queda ilustrado por nuestros últimos estudios, en los que mis colegas españoles, su estudiante de posgrado Joan Birules y yo descubrimos que los niños bilingües de cuatro a seis años leen más los labios cuando se enfrentan a un discurso en una lengua desconocida que en una que les es familiar. Del mismo modo, descubrimos que los adultos expertos en segundas lenguas leen más los labios que sus homólogos monolingües cuando se les presenta un discurso en su segunda lengua. Estos resultados concuerdan con otras pruebas de que los adultos recurren a la lectura labial cuando se enfrentan a un discurso con ruido, a un discurso acentuado o a un discurso en una lengua extranjera.

En general, las investigaciones realizadas hasta la fecha demuestran que las articulaciones visibles que los bebés ven normalmente cuando otros hablan desempeñan un papel fundamental en la adquisición de sus habilidades comunicativas. Las investigaciones también demuestran que los bebés que leen más los labios tienen mejores habilidades lingüísticas cuando son mayores. De ser así, esto sugiere que los barbijos probablemente dificultela adquisición del habla y el lenguaje de los bebés.

Por supuesto, las noticias no son del todo malas. Los bebés pasan gran parte de su tiempo en casa con sus cuidadores sin máscara. Solo en la guardería o cuando salen con sus padres es que no ven caras enteras que hablan. Por tanto, es posible que olo esas situaciones tengan consecuencias negativas a largo plazo para los bebés. Necesitamos más investigaciones para saber si esto es así.