Lunes, 25 de octubre de 2021

La RAE, el adjetivo "fácil" y el movimiento feminista

21/03/2021
Domingo Caba Ramos *

Algunos movimientos sociales parecen creer que la realidad se puede transformar desde los diccionarios

Por presión social, especialmente del movimiento feminista español, la Real Academia Española (RAE) decidió (2018) modificar el quinto significado del adjetivo «fácil», el cual aludía a la mujer, y se definía como «Dicho especialmente de una mujer: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales»

La modificación, vigente desde el 8 de marzo del año antes citado, consistió en sustituir por «persona» el sustantivo «mujer», para que ahora diga: «Dicho de una persona: Que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales» Al decir persona, esta vez, quedan incluidos en el ámbito del concepto tanto mujeres como hombres.

¿A qué de se debió la molestia y polémica generadas por la original definición?

Sencillamente a que fue considerada altamente machista, despectiva, excluyente y discriminatoria en perjuicio de la mujer, toda vez que el susodicho adjetivo, con la connotación que se describe, no se empleaba para referirse al hombre que igualmente, sin ningún problema, se presta a mantener relaciones sexuales.

Sin embargo, valdría preguntarse: en la práctica cotidiana de la lengua, ¿es común que se le llame «fácil» al hombre sexualmente activo o que no desperdicia oportunidad cuando de mantener relaciones sexuales se trata?.

Obviamente que la respuesta inmediata sería no. Quiere decir esto, que los hablantes solo utilizan la preindicada calificación («fácil») cuando se refieren a la mujer; pero no a todas, sino solo al tipo que se describe en la definición.

Del párrafo anterior se infiere que como el hombre, por su activa conducta sexual, nunca ha sido llamado «fácil» en el mundo hispanohablante, la RAE, en su primera conceptualización, no tenía por qué incluirlo ni referirse al él en el diccionario, por cuanto en este, el lexicógrafo lo que hace es registrar solo las voces o expresiones que usan o han usado los hablantes, así como las acepciones que a esas voces dichos hablantes les confieren. Si no tienen o han tenido vigencia en el uso general y cotidiano de la lengua, esas voces o acepciones carecen por completo de valor lexicográfico.

Esa es la labor y obligación de la RAE cada vez que confecciona o actualiza un diccionario: describir la realidad léxica o dialectal tal como esta se manifiesta en la práctica lingüística. No crear términos ni muchos menos significados o valores semánticos, como erróneamente piensan muchos. En otras palabras, no es papel de la RAE decretar, establecer o imponer cuáles vocablos deben o no utilizar los hablantes cuando se comunican. Esas voces y esos valores significativos, previa comprobación de que su uso es general en una determinada comunidad lingüística, son recogidos mediante un cuidadoso proceso de investigación e insertados fielmente en cada una de las actualizaciones de su muy consultado lexicón.

Pensar entonces que la Real Academia Española quiso decirle «fácil» no solo a la « mujer que se presta sin problemas a mantener relaciones sexuales», sino también a todas las mujeres, es poseer una visón lingüística bastante estrecha o limitada acerca de las técnicas y los principios teóricos que se aplican en la elaboración o confección de un diccionario.

Sería lo mismo que si todos los hombres españoles e hispanoamericanos pensaran que la RAE los califica de antihigiénicos por el hecho de que en la tercera acepción del término «Cochino», el diccionario lo define como «Hombre muy sucio y desaseado»

¿Tendrán entonces todos esos hombres que «pegar el grito al cielo», como siempre lo han hecho las aguerridas feministas, para que la docta corporación lingüística, cambie la palabra «hombre » por «persona» y de esa manera diga «Persona muy sucia y desaseada?

La Lingüística es una ciencia. En tal virtud, los asuntos lingüísticos deben tratarse guiados por el cerebro y no por el corazón.

Pero lo cierto es que la Real Academia Española, desafortunadamente, cedió ante una de las tantas presiones que en materia de lengua ha venido ejerciendo, especialmente en España, el movimiento feminista. Pienso que no debió ceder o dar marcha atrás. Y así pienso por entender que el contenido de la definición modificada en forma excepcional y no menos precipitada, estuvo fundamentado en criterios puramente lingüísticos y no en motivaciones clasistas o extralingüísticas como las que siempre le han servido de punto de apoyo al combativo movimiento que en esta oportunidad protagonizó la presión rectificadora.

  * El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura

   dcaba5@hotmail.com