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La justicia española ya habla 60
lenguas

07/03/2010

Las ProvinciasLa policía le coloca los grilletes. El delincuente se revuelve y lanza voces. Los agentes no entienden. Gesticula mientras trata de justificarse. El hombre habla wolof, idioma de Senegal. Otro arrestado llega a los calabozos de la Jefatura. No sabe ni media de español. Sólo mandinga, un dialecto africano. Su abogado aguarda impaciente a que alguien que rompa la barrera de la incomprensión para que la ley pueda actuar: el intérprete.Escenas como estas se repiten cada día. Las torres de Babel en dependencias policiales o juzgados no son un problema. La justicia valenciana habla ya 60 idiomas, los que manejan los intérpretes judiciales al servicio de la Generalitat. Cada año crece su trabajo y en 2009 hubo más de 17.000 traducciones en lenguas de lugares como Paraguay, Tanzania, Irán, Mali o Bangladesh.Los más requeridos en la Comunitat valenciana son los que saben árabe, rumano e inglés. Una de ellas es la traductora de rumano Valeria Chilaru, una moldava de 22 años. Su labor se desarrolla casi siempre en los juzgados pero a veces las cosas se lían. Como el día que acabó en el hospital para traducir el interrogatorio a un detenido rumano. «El hombre tenía una herida abierta y antes de empezar a hablar ya me había desmayado. Los médicos me tuvieron que atender y me sustituyó un compañero».Un hijo en cada paísLa seriedad de un juicio se transformó en carcajadas mientras Valeria traducía las palabras de una gitana rumana. «Le preguntaron cuántos hijos tenía y respondió que seis. Dijo que se llamaban Holanda, París y otros lugares de Europa». Cuando le preguntaron por la razón y lo explicó ni juez, ni fiscal, ni abogado pudieron contener la risa. «Aseguró que les ponía el nombre de cada lugar donde nacían».Es una empresa privada, Seprotec, la que presta este servicio a la Conselleria de Justicia. Los traductores se encargan de la interpretación en declaraciones orales, bien de testigos o procesados, tanto frente a la policía como ante un juez. «También hacen traducción escrita y de grabaciones de audio solicitadas por jueces y fiscales de la Comunitat», indicó la consellera de Justicia, Paula Sánchez de León.Samira Tioua nació hace 34 años en Tetuán (Marruecos). Es licenciada en filología árabe y ahora ayuda a sus compatriotas a hacerse entender ante la justicia. Sabe, mejor que nadie, que la proximidad a los arrestados no está exenta de peligros. «Nunca olvidaré el día que se lanzó sobre mí un detenido que padecía una enfermedad mental. Los policías me lo quitaron de encima».Una de sus colegas es Jadwiga Katarzyna Stachon, una polaca de 30 años que domina su lengua natal, el español y el checo. Ha hecho interpretaciones muy variadas, «desde un paciente de hospital que pensaba que era Jesús y venía a rescatar el mundo a un detenido por robar un canario que vivía colgado en una torre de alta tensión».Si un miembro de la Cosa Nostra fuera capturado en Valencia posiblemente la italiana Michela Cilumbriello le ayudaría a explicarse. Debe reproducir con la mayor exactitud lo que le digan, sin alterar nada. Y este era el deseo de un imputado al que tradujo: «Dile a su Señoría, por favor, que soy un estafador, pero que la mano encima no se la he puesto a nadie».La mayoría de las veces los intérpretes son citados con antelación por jueces o fiscales, pero otras deben presentarse con máxima urgencia para interrogar a un detenido.También hay especialistas en el lenguaje de los signos. En 2009 fueron requeridos 131 veces. «Todos tienen el mismo derecho a ser atendidos», recalcó la consellera de Justicia.