Martes, 20 de abril de 2021

El lenguaje es hablado, la escritura es una representación posterior

25/03/2021
Enrique Soriano

Ferdinand de Saussure, el padre de la Lingüística moderna

Al parecer, los seres humanos siempre hemos tenido tendencia a dificultar las cosas. Hay un demonio que nos tienta a hacer más complejo de lo debido, nos dice Julio Cortázar en su presentación de los cuentos completos de Allan Poe.

La enseñanza del español es muestra. En todos los países de habla hispana, el dominio del idioma se busca a través de la gramática, cuando lo natural es primero hablar y posteriormente aprender a escribir. Dominar un idioma nos es natural, es propio de nuestra especie. La prueba está en que hasta los retrasados mentales se comunican. Incluso, tanto evolutivamente como al crecer primero aprendimos a hablar y después supimos de la clasificación en sustantivos, adjetivos, verbos, adverbios, etc. Y esta clasificación, la mayoría jamás termina por dominarla.

Ferdinand de Saussure — padre de la Lingüística moderna— concluye en la primacía del lenguaje oral sobre el escrito y denunciaba Saussure la obstinación de los hombres de letras por querer enseñar el idioma con base en la gramática. Sería absurdo que nos corrigieran cuando crecemos diciendo “Ese verbo es irregular, por lo que debes usar el modelo 57 para conjugarlo correctamente” (hay cerca de noventa modelos para conjugar los verbos irregulares). Simplemente, nos indican: “No se dice así, es de esta forma”. Saussure concluye que la escritura es complemento del lenguaje hablado. Este último es base para la dinámica social, no así la escritura.

Por tanto, la prioridad es la expresión oral y no la escrita. Por ello, se debe promover la discusión en aulas de clase, la expresión libre en poemas y escribir cartas entre alumnos, en vez de buscar escolares «bien portados» siempre callados (como parecen preferirlos los profesores). Y si no fueran suficientes las conclusiones del padre de la Lingüística moderna, consideremos que la ciencia ha descubierto que el razonamiento y el lenguaje están en la misma zona cerebral. Eso permite deducir fácilmente que, para dominar el idioma, razonar es prioritario, antes de clasificar. Esta última actividad se limita a un proceso de identificación y referencia contra un patrón. El razonamiento obliga a comprender la relación entre palabras y lo que, en conjunto y orden, expresan.

Afortunadamente, la tendencia mundial está cambiando. Eso se refleja en los planes de estudio dictados por los ministerios de Educación. Los programas tienden ahora a buscar que los alumnos, antes de conocer los términos gramaticales, dominen la expresión. Tarde o temprano, manejar el idioma facilitará redactar adecuadamente, para que refleje sus pensamientos con fidelidad. Un autor moderno dice que así como los ojos son espejo del alma, la redacción es la de los razonamientos: la forma de escribir refleja los procesos mentales. La forma en que relacionamos mentalmente las palabras, comprendemos y visualizamos la realidad, se retratará en la forma en que planteamos algo. Incluso es reconocido que con lenguaje pobre, más difícil expresar y explicar algo.

Pero como toda nueva tendencia, existe resistencia y detractores. Los especialistas —gramáticos y profesores de viejo cuño— se niegan. Muchos de los grandes escritores jamás fueron gramáticos.