Martes, 28 de septiembre de 2021

El español nunca desbancará al inglés: "Hay que usarlo incluso en filología hispánica"

02/03/2021
Héctor G. Barnés

¿Para qué aprendemos otras lenguas?

¿Cuánto dinero cuesta hablar en español? O, mejor dicho, ¿cuánto puede suponer no ser nativo inglés? Pongamos una cifra: alrededor de 2.000 euros al año. Es la cantidad que algunos investigadores españoles calculan que pueden gastar al año en traducciones de sus artículos desde su lengua materna a la lengua franca de la ciencia para aparecer en las mejores revistas. Como explica uno de ellos, "dile a tu mujer que tienes que gastarse 600 euros en publicar un artículo", el coste aproximado de una traducción (barata).

Frente a las visiones triunfalistas del español que alardean de que disponemos de la segunda lengua más hablada del mundo, bajar al detalle muestra que cantidad no es calidad. El inglés ha sido, sigue siendo y probablemente será cada vez más la lengua franca en la ciencia y la investigación, pero también en negocios, política, internet o, simplemente, para encontrar trabajo en una multinacional. Aun así, el inglés no es el idioma más hablado del mundo como primera lengua: el honor recae en el chino mandarín, con 1.284 millones de hablantes, lo que muestra que lo importante es situarse como principal lengua secundaria. Y ahí nadie gana al inglés.

 Si, como afirman algunos esgrimiendo un argumento darwiniano, no necesitamos lenguas como el catalán o el gallego porque tenemos el español, algo semejante pueden decir los angloparlantes respecto al castellano. Estas contradicciones se ven bien en la investigación española. "Yo entiendo que para dar difusión se necesite una lengua tecnológica, que ahora es el inglés como antes fue el latín o el francés, pero eso genera discriminaciones", explica Elisa Borsari, investigadora de la Universidad de Córdoba. "Yo trabajo literatura medieval castellana y me imponen que lo traduzca al inglés para que lo pueda leer un ruso o un japonés".

Una de las paradojas más difícilmente comprensibles, puesto que, como explica Borsari, "es un contrasentido, porque mi tema es la alta filología, es decir, si no sabes nada de español, no lo vas a entender ni aunque te lo traduzcan a inglés". Con la dificultad añadida de que el inglés condiciona los términos empleados y los marcos mentales en los que se investiga. Muchas decisiones institucionales terminan obligando a adoptar el inglés. Como explica la filóloga italiana, "¿por qué el ministerio te obliga a presentar un proyecto en inglés cuando pides más de 100.000 euros? Es una barrera, porque ya tienen en la cabeza que las humanidades no van a tener acceso a tanto dinero".

El coste de las traducciones, prosigue, es alto aunque "justo", porque "es difícil traducir un artículo que trate sobre poesía medieval o sociología". La transposición al inglés tiene que ser perfecta, preferiblemente realizada por un nativo especializado en el tema porque si no, se corre el riesgo de que el trabajo sea rechazado. De las 12 grandes revistas académicas de Europa Occidental, ocho publican sus artículos en inglés y las cuatro restantes tienen sus guías en ese idioma.

 Hace un par de años, la editora de origen indio Sheha Kulkarni publicó para la London School of Economics un artículo en el que explicaba lo caro que puede resultar tener una gran idea y no hablar inglés. "Los autores no nativos que viven en un mundo que no habla inglés invierten demasiado tiempo y dinero", explicaba uno de los investigadores entrevistados. Hace ya 25 años, el número de revistas académicas en inglés en el Science Citation Index era del 95%.

Europa sin ingleses, pero con inglés

Otra paradoja es la de la Unión Europea (UE), donde después del Brexit el inglés sigue siendo la lengua oficial, a pesar de que solo es oficial en Irlanda y en Malta. "Luchar contra la prevalencia del inglés en terrenos como la ciencia es una batalla perdida de antemano", valora David Fernández Vítores, profesor titular en la Universidad de Alcalá y responsable desde 2010 del informe 'El español, una lengua viva', del Instituto Cervantes. "No es una guerra de lenguas como suele presentarse, sino un acuerdo interlingüístico para entendernos, aunque vaya ligado al poder económico y político".

 "Es imposible que el inglés no sea el idioma de la UE aunque no esté Reino Unido"

 Por eso, pretender que el español pudiese ser la lengua franca en la UE es una utopía. Pero probablemente también lo sería elevar el francés o el alemán. "Hay dos corrientes muy contradictorias", explica el investigador. "Una que promociona el multilingüismo a capa y espada, que se recoge en el primer reglamento del Consejo Europeo, en el que los textos se escribían en francés y se pasaban a otras lenguas. Desde la entrada de Reino Unido en la Unión en 1973, se produjo un relevo, y va a ser imposible cambiar esa tendencia".

 Las razones son, ante todo, prácticas: la ralentización que se produciría con la traducción a cada una de las lenguas oficiales de un mismo texto sería ineficiente y ni siquiera los franceses, que siempre han presumido de que su lengua era la de la diplomacia, han sido capaces de cambiar la tendencia. Como recuerda Fernández Vítores, "las instituciones se dinamizan cuando hay un consenso y, al final, todo consiste en sacar el trabajo adelante".