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El castellano en Caracas

16/09/2010

Pablo Ramos Méndez, El UniversalContaba el destacado filólogo Ángel Rosenblat en uno de sus 4 tomos de su libro Buenas y Malas Palabras, que cualquier extranjero que viniera a Caracas se sorprendería y hasta se sentiría desconcertado por nuestra forma de hablar, así fuera hispano parlante. Por ejemplo, se asustaría si alguien lo invitara a caerse a palos sin aclararle que de lo que se trata no es de pelear sino de tomarse unos tragos. Lo cierto es que la lengua de los caraqueños está hecha de muchos préstamos debido a que la ciudad es un sitio de paso de gentes de múltiples procedencias. Así tenemos que para un visitante extranjero que venga por primera vez a nuestra capital le será muy difícil entendernos si alguien no lo ayuda. Eso sucedió con Peter, un joven de Texas, estudiante de español, a quien hubo que ayudar para sacarlo de ciertas dificultades en que se metió. La primera fue cuando quiso comprar un C. D. a un buhonero. Preguntó el precio y el vendedor informal le respondió: 'Dos lucas, papá'. Dice Rosenblat: Yo, que estaba a su lado, salí en ayuda de un Peter desconcertado que consultaba su diccionario de bolsillo donde, por supuesto, no halló lo que buscaba. Le expliqué que 'lucas' son miles, mientras que 'tablas' significa centenas de miles, y 'biyuyo', dinero en general. Y papá es un trato familiar que se ha extendido entre los ciudadanos más confianzudos. Contento con sus nuevas palabras, las empezó a usar con entusiasmo. Tanto que al intentar sacar plata de un telecajero le dijo a un individuo que tenía detrás: Saqué tres tablas. ¡Chévere!, y el individuo le dijo: Bájate de la mula o te quiebro. Por fortuna, por allí pasaron unos policías y al verlos, el choro se piró. Eso se llama 'matraca'. Cómo decir mejor las siguientes oraciones usando lenguaje culto. 1. Me tengo que quedar. 2. Petrusquio no me lo quiso dar. 3. Ella no me quiso llevar al museo. 4. Nos volvimos a encontrar. 5. Lo vamos a seguir haciendo. 6. Ellos no lo saben usar. 7. Deja que lo acabe de llenar. 8. Me tengo que operar. Soluciones: 1. Tengo que quedarme. 2. Petrusquio no quiso dármelo. 3. Ella no quiso llevarme al museo. 4. Volvimos a encontrarnos. 5. Vamos a seguir haciéndolo. 6. Ellos no saben usarlo. 7. Deja que acabe de llenarlo. 8. Tengo que operarme. Gracias. Recibí un libro de cuentos del lector Antonio Itriago. Lo leí esa misma noche. No pude llamarlo por no tener ni su e-mail ni su teléfono. Favor comunicarse. Mil gracias.