
Cañas de la especie Arundo donax
canon
Norma, regla a seguir, modelo perfecto (incluso de la figura humana ideal), lista de autores que son considerados modélicos en un arte o disciplina, suma de dinero que se paga por el uso de una marca o de un proceso tecnológico patentado. El canon es una manera de institucionalizar normas y modelos que la sociedad considera ideales o deseables.
La palabra nos viene del latín canon, y este del griego κανών (kanón), palabra que para los griegos fue cambiando de significado a lo largo del tiempo, primero significó ‘caña o vara recta’, luego, ‘regla para medir’ y finalmente, ‘norma o modelo’). Según la filóloga aragonesa Irene Vallejo1, el vocablo se originó en las cañas orientales de la especie Arundo donax, que había sido llamada qanuh por los asirios, kané en hebreo, y kanja en arameo.
Con la difusión del cristianismo, canon dio lugar a muchos vocablos propios de la religión, como el bajo latín canonĭcus ‘clérigo’, porque vivía de acuerdo con los cánones de la Iglesia. En Berceo se registra calonje y canonje. La Biblia canónica o canon bíblico es el conjunto de libros declarados sagrados en el siglo V y confirmados mil años más tarde en el Concilio de Trento (1546).
La Iglesia católica emplea el verbo canonizar para nombrar el acto de declarar que un fiel ya fallecido fue (o es) un santo, es decir, que tuvo una vida modélica por lo cual, al morir, fue al cielo.
En la gramática preceptiva, se consideran “canónicos” los significados, formas y normas sintácticas que fueron establecidos a lo largo del tiempo por los gramáticos. Con los avances de la ciencia lingüística y la afirmación del concepto de cambio lingüístico, esas ideas se van desdibujando gradualmente.
En las artes plásticas, el escultor Policleto estableció en el siglo V a. C. un modelo ideal del cuerpo humano en la cual la altura de la cabeza, repetida siete veces y media, equivalía a la altura del cuerpo humano. Llamado el “canon de Policleto” sirvió de base para otros cánones que los artistas establecieron en los siguientes 2 500 años. Luego Praxíteles ideó el canon de ocho cabezas y Leocares, en su Apolo de Belvedere marca el de ocho cabezas y media.
1 El infinito en un junco (2019). Madrid: Ed. Siruela
