Lunes, 06 de diciembre de 2021

Tradición y novedad en la lectura coseriana de Saussure

De Azevedo: un cultor de la obra de Saussure

Andrés de Azevedo

En esta exposición no voy a centrar mi atención en ver cuánto tomó Coseriu de Saussure para la elaboración de su lingüística integral. Perseguiré un fin más modesto que consiste en indagar en torno a cuál es el Saussure que Coseriu leía, lo que en cierto sentido equivale a develar cuál es el Saussure que construyó y propulsó.

Cabe aclarar que Coseriu leyó, fundamentalmente, el Curso de Lingüística General (CLG) y que no tuvo mayor interés en la cuestión tan debatida hoy en día de la autenticidad del pensamiento saussureano.

Ya desde la época de la obra temprana de Coseriu el CLG, dada su peculiar naturaleza textual, fue objeto de un escrutinio riguroso. Bastante piadoso hasta fines de siglo pasado y progresivamente más encolerizado a partir del descubrimiento de nuevos textos autógrafos de Saussure en 1996, que fueran publicados en 2002 bajo el título Escritos sobre lingüística general (ELG).

Tildado de vulgata y sindicado a un lugar de importancia secundaria en el corpus saussureano —terciaria, en realidad—, el CLG ocupa para muchos un sitial cuando menos controvertido en relación al pensamiento lingüístico de Saussure.

Como tan bien expresa Claudine Normand (2004): “Certains vont jusqu’à accuser les éditeurs d’avoir délibérément déformé, travesti, ou même censuré la pensée saussurienne. Le text du Cours, dans sa continuité et sa cohérence reconstruites, se trouve ainsi suspecté, voire frappé de nullité, ersatz trompeur opposé à la pensée authentique portée par un texte idéal et, comme tel inaccessible, dont nouns ne connaîtrons jamais que des fragments ou une version elle-même forcément reconstituée” (p.15)

Razones históricas y también de disposición hacia el legado saussureano explican la opción de Coseriu de no dar mayor cabida a las cuestiones de lectura filológica-exegética.

Entre las primeras, el hecho incontrastable de que la incursión más profunda y sistemática en la interpretación de la teoría saussureana por parte de Coseriu se da a comienzos y mediados de la década del 50, justo antes de la revolución filológica que comportó la aparición en 1957 de la tesis de Godel, Les sources manuscrites du Cours de linguistique générale.[1] Entre las segundas, además de su juicio crítico a propósito de la relevancia de las fuentes manuscritas[2], incide sobremanera la firme convicción de que el CLG era más que suficiente para los intereses de elaboración de una teoría propia.[3] Vinculado a ello, por último, no hay que desestimar el hecho de que no se sintiese un intérprete de Saussure lo que, sin duda, incidió en el establecimiento de límites al abordaje específico.

Dicho esto, es indudable que la obra de Coseriu está fuertemente cruzada por la teoría de Saussure y que por tal razón la deuda con él es considerable. El propio Coseriu se encargó no sólo de afiliar explícitamente su enfoque a la tradición estructuralista[4] sino también de señalar de diversas maneras[5] y en reiteradas oportunidades la importancia de Saussure.

Una de las últimas veces fue en un trabajo de 1995 (ver 1.) donde expresa que hizo su aporte a la teoría lingüística trabajando siempre “con Saussure, no sin Saussure ni contra Saussure” (1996, p.381).

El propio Coseriu, por otra parte, es considerado una autoridad en el pensamiento lingüístico saussureano (cf. Koerner, 1974/1988/2012, p.55) y no falta quien lo vea como uno de los más grandes continuadores de Saussure en lingüística (cf. Rastier, 2016, p.124).

Dada esta profunda imbricación, y las dotes propias de Coseriu, no es de extrañar que las páginas específicas que le dedicara en la última etapa de su vida sean una pieza rica en claves tanto para seguir esa estrecha relación como para entender su lógica. 

1. Saussure, mío

Me detendré un momento aquí, por su obvia relevancia y además porque condensa la opinión de Coseriu referida a qué y cuánto tomó de él (aún cuando, como indicáramos al comienzo, no es el camino que seguiremos aquí).

Lleva por título “Mi Saussure” y conoce tres versiones.[6] Desde las huestes saussureanas, y sin adentrarse en su contenido, Yong Ho Choi (2002) lo consideró indicativo de que existen muchos Saussure, sobretodo porque puede haber muchas maneras de leerlo.[7]

En lo que a mí respecta, resultó una invalorable guía a ser contrastada con la obra. Con una notable claridad Coseriu traza el mapa que lo acerca a Saussure, las líneas de su influencia y el modo como se aproximó a su obra.

La actitud es de enorme reconocimiento, pero se distingue nítidamente desde el inicio una disposición crítica: no sólo Saussure no es único en la consideración de Coseriu, sino que además su lectura amerita un ejercicio de evaluación constante. La cuestión es medir “el alcance y los límites” de los planteos saussureanos. “Tal es el criterio hermenéutico que he aplicado también —y, en cierto sentido, ante todo— a Ferdinand de Saussure” (1996, p.379)

Así, frente a afirmaciones cuestionables que encuentra en CLG[8], señala que su actitud ha querido ser la de no rechazarlas de plano sino la de explorar el sentido en el cual podrían caminar, para así determinar con propiedad para cada concepto su alcance y sus límites.

En sus trabajos de mayor concentración en Saussure la ejecución de este programa cobra la forma de una intensa inmersión textual en las páginas de CLG, confrontando frases y fragmentos tomados de diversas partes del libro. Sin duda que tal procedimiento era práctica habitual y necesaria, como lo atestigua por ejemplo Rulon S. Wells (1947/1977):

El Curso de lingüística general impresiona al lector como una obra de intención muchas veces oscura, bastante contradictoria y sobre todo desprovista de detalles para resultar satisfactoria. En suma, requiere una exégesis. Este estudio (…) considera el pensamiento de éste [Saussure] como un sistema sincrónico cerrado. Nuestra tesis sostiene que mediante un cuidadoso examen del Curso puede encontrarse solución a la mayoría de sus oscuridades. Frecuentemente, el problema que plantea determinado pasaje queda resuelto en uno o más enunciados de la misma idea que en otros pasajes del libro presentan ligeras variantes. Gran parte de nuestra tarea consiste en reunir esos pasajes dispersos (p. 151)

En su obra temprana Coseriu mantiene este procedimiento incluso con la alta dosis de optimismo presente en Wells.

que en el Curso haya una multitud de sugerencias susceptibles de desarrollos contradictorios nos parece evidente y demostrado. Pero no nos atreveríamos a inferir de una ello una fundamental incoherencia de la doctrina saussureana, puesto que, si es verdad que “a muchas tesis del maestro ginebrino” pueden oponerse antítesis deducidas de su misma obra”, también es verdad que a las interpretaciones unilaterales y contradictorias pueden oponerse interpretaciones coherentes, más orgánicas y objetivamente más justificadas… (1952a/1962, pp. 43-44)[9]

 

Pero la disposición crítica de Coseriu, esa búsqueda de los alcances y límites, es la que en la evaluación general terminará inclinando la balanza negativamente en relación con los conceptos capitales del CLG. Obviamente, tal valoración se encuentra estrechamente ligada a la articulación y defensa de su propio planteo.

En cuanto al reconocimiento de la importante influencia de Saussure en su obra esto es lo que expresa en “Mi Saussure”:

Entiendo, por tanto, mi concepción como un intento de conciliar, en relación con la realidad del lenguaje, a Saussure y Humboldt[10], con la ayuda de sugerencias que he recibido de Sapir y de Hjelmslev, de Menéndez Pidal y de Pagliaro, y —en otro plano (el filosófico y epistemológico)— de Aristóteles, Leibniz, Vico, Hegel y Croce, sobre todo de Aristóteles y de Hegel. (1996, p.379)

Lo sustancial del texto está dedicado a mostrar cómo el tomar a Saussure de guía le permitió ir elaborando su propio enfoque, el que, entre otras cosas, desembocó en una nueva manera de entender la lengua, concebida como “técnica” e inscripta en la actividad de habla como un nivel elevado de abstracción. Desde ese lugar y a lo largo de su obra, el concepto saussureano de lengua será una y otra vez medido y juzgado, como veremos más adelante.

Sin embargo, Coseriu expresa que su nueva visión no significa un apartarse de Saussure: “Todo esto se hizo, en rigor, en el marco del saussureanismo, aunque no de un saussureanismo ‘ortodoxo’, entendido como repetición, confirmación y aplicación de lo dicho por Saussure, sino de un saussureanismo dinámico, entendido como concepción dinámica que permitía (y sugería) desarrollos en varios sentidos, o sea que se hizo con Saussure, no sin Saussure ni contra Saussure” (1996, p.381)

Es interesante apuntar que cuando Coseriu enumera algunas de las críticas recibidas en su accionar saussureano —por ejemplo, la de cuestionar a Saussure desde un punto de vista exterior a su teoría, la de intentar disminuir o negar su originalidad y la validez de sus planteos, o incluso la de querer banalizar la teoría— , lo hace solo para admitir una posible negligencia de su parte consistente en no haber seguido insistiendo en que siempre operó “sobre bases saussureanas y avanzando, en lo posible, por los caminos abiertos por Saussure” (ibíd., p. 380).

Sin embargo, quienes lo atacan son, a su juicio, víctimas de un error de perspectiva mayor al no haber logrado darse cuenta de que “I have never sought to interpret Saussure or to offer an exegesis of his work, what I have attempted to do is to use Saussure as a guide in my inquires, as a model of research into the object of linguistics”

(1995, p. 189)

En lo que sigue procuraremos mostrar que, aún limitándose al CLG, el tipo de lectura ensayada por Coseriu conforma en pleno derecho otra de las maneras posibles de volver a Saussure en estos tiempos; una que apoyándose en el sentido del CLG, lo que el libro comunica, puede calibrar su valía y pautar su plena vigencia cuando se piensa en teoría del lenguaje.

A su vez, es un recorrido que creemos que podrá iluminar sobre el trabajo de intérprete y divulgador acometido por Coseriu en la segunda parte del siglo XX en relación con la obra saussureana, algo que como queda dicho no le interesaba particularmente, pero que igualmente consumó con plena maestría.[11]

 

2. Coseriu intérprete

Me centro ahora, un poco a pesar de Coseriu, en su labor de intérprete. La finalidad que persigo, repito, es iluminar algunos de los aspectos centrales de su modo de habitar la teoría de Saussure y por efecto perpetuarla.

Coseriu mantuvo un marcado interés en hacer de Saussure un hombre enraizado en una tradición, haciendo frente así, como veremos, a la tendencia que juzgaba imperante a verlo como fundador ex nihilo de la lingüística moderna, autor de su carta fundacional y el punto de partida de cualquier reflexión científica moderna sobre el lenguaje.

Esta necesidad de contextualizarlo le permitió trazar algunas pinceladas mayores, como la de presentarlo como un exponente del positivismo y del naturalismo en sus respectivos períodos de crisis, y también avanzar de manera corajuda en el reconocimiento de filiaciones: Humboldt, Aristóteles, Durkheim, von der Gabelentz, tarea con la que se granjeó varios detractores.

Tanto a la hora de adentrarse en los meandros de los planteos saussureanos como en este ejercicio de raigambre historiográfica es posible encontrar aportes novedosos y también convalidaciones de lecturas más afianzadas de la tradición hermenéutica saussureana.

Saussure, a su turno, le provee no solo de temas sino también de moldes expositivos, lo cual no debería asombrar dada la herencia estructuralista de su enfoque.  (Leído con ojos saussureanos, muchos planteos de Coseriu reproducen en clave de la teoría integral posiciones claramente defendidas por Saussure).

 

Si repasamos la producción de Coseriu desde inicios de la década del 50 hasta fines de los 60, que es donde se concentra la atención mayor brindada a Saussure[12], lo primero que se constata —y que no es nada sorprendente— es que no hubo mayor evolución en sus planteos relativos a Saussure. Siempre lo vio de una misma manera.

A saber, como un sabio inserto en una tradición que, influido por el positivismo y el naturalismo, acentuó un orden de consideración de los fenómenos lingüísticos (el abstracto), dando pie a una lingüística que solo se entiende si se la complementa sustantivamente.

Otra cosa a señalar es que ninguno de los grandes temas de la teoría saussureana le fue ajeno. En su obra pueden encontrarse rigurosos estudios sobre la distinción lengua y habla, sincronía y diacronía, la arbitrariedad del signo, la mutabilidad y la inmutabilidad, las relaciones sintagmáticas y asociativas, pero también incursiones en cuestiones más especificas (como el del punto de vista y el objeto, el problema de la oración, el saber lingüístico y el conocimiento consciente, las lenguas artificiales). Y, lo que es indicio de un dominio profundo del CLG, la captación constante de sus áreas problemáticas, de sus puntos oscuros.

Imposible hacer un rastreo de todos los temas saussureanos abordados por Coseriu (y su posicionamiento particular) por lo que me limitaré, tomando como base la somera descripción que acabo de hacer, a desarrollar algunas cuestiones medulares y representativas.

Primero voy a exponer lo meridiano de su interpretación de la distinción saussureana entre lengua y habla (con especial énfasis en la primera), para luego adentrarme someramente en la espinosa cuestión de la relación de Saussure con la tradición según Coseriu. Tal recorrido permitirá ir calibrando algunos de los aspectos más novedosos y más “tradicionales” de su abordaje.

2.1. La lengua

Entre todos los temas de la teoría saussureana, no es de extrañar que el que reciba mayor dedicación de su parte sea el de la distinción lengua y habla, tampoco que sea el primero al que le haya hincado el diente.

En tal sentido, es muy indicativo lo que puede verse escrito en 1951 en Introducción a la Lingüística, parte de un manual destinado a sus estudiantes del Instituto de Profesores Artigas de Montevideo, y que fuera reeditado en 1986.

Allí se refiere, primero que nada, a la distinción en el lenguaje articulado de “dos realidades básicas” (1951/1986, p.16), el acto lingüístico y la lengua, distinción que remite a von Humboldt, a quien se considera, justamente, fundador de la lingüística general” (p. 29).

Sostiene que en Humboldt se encuentra por primera vez planteada la distinción de “los dos aspectos fundamentales del lenguaje: el lenguaje como enérgeia, es decir, como continua creación de actos lingüísticos individuales, como algo dinámico que no está hecho de una vez por todas sino que se hace continuamente, y por otra parte, el lenguaje como ergon, vale decir, como ‘producto’ o ‘cosa hecha’, como sistema históricamente realizado (‘lengua’)” (p.29)

Saussure aparece después: “Sólo mucho más tarde (…) el sabio suizo Ferdinand de Saussure destacó nuevamente los dos aspectos esenciales del lenguaje llamándolos, respectivamente, parole (habla, acto lingüístico) y langue (lengua).” (p.29, mis cursivas en el adverbio)

Más allá de la marcada disposición a enraizar a Saussure en una tradición, es interesante ver la intención de Coseriu de echar a correr en paralelo las distinciones de ambos autores.[13] Este gesto acompañará de aquí en más sus elaboraciones en torno a la lengua y demandará reiteradas aclaraciones en cuanto a la imposibilidad de trasladar mecánicamente la lengua al producto y el habla al dinamismo activo[14], dado que, como explica, “enérgeia no es sólo el hablar, sino también lo que en Saussure se manifiesta como langue, y además por su propia naturaleza” (1992, p. 25, cf. también 1951/1986, pp.20-21 y 1957/1978, p.45).

El trabajo riguroso con el concepto de lengua saussureano comienza a gestarse al año siguiente y arrojará como resultado, entre otras cosas, el establecimiento del concepto de norma como aporte al estudio de la articulación entre las dos “realidades básicas” (lengua y acto lingüístico).

En la mayoría de los textos más abocados al trabajo específico con la obra de Saussure se observa un mismo procedimiento, inaugurado aquí, que consiste en echar a circular las ideas saussureanas en un contexto crítico de ideas afines provenientes bien de la extensa tradición o bien de la interpretación posterior al CLG, para acto seguido, y previo pasaje por el propio CLG, proponer una clave interpretativa que logra encausar el aporte de Saussure a un proyecto de lingüística propia. A diferencia de Saussure, Coseriu defiende una concepción monista según la cual la lengua no se opone al habla sino que, como señaláramos más arriba, está inscripta en ella: “es pura abstracción deducida a posteriori del hablar concreto” (1952a/1962, p. 26), abordable como sistema de isoglosas.

Encuentra, en tal sentido, que la distinción saussureana entre lengua y habla adolece de incoherencias y contradicciones que dificultan su abordaje. Habría una fuerte imprecisión en juego de la que el propio Saussure es en parte responsable. En un momento Coseriu incluso refiere al “abismo que el maestro había excavado entre lengua y habla” (p. 21).

Con agudeza, reconoce en el CLG la elaboración de tres conceptos distintos de lengua: como acervo lingüístico, como institución social y como sistema funcional. El primero se conforma con las atribuciones relativas al carácter de realidad psíquica de la lengua, el segundo, con las conducentes a acentuar la realidad social de la lengua y el tercero con las que resaltan el carácter de realidad sistemática y funcional de la lengua. Cada una de ellas está avalada por diversas citas del CLG.

A su juicio, los tres conceptos se aplican a planos distintos y suponen diferentes puntos de vista.

“En la doctrina de Saussure, ellos aparecen entremezclados; sus contornos no aparecen definidos ni se establecen las necesarias diferencias entre ellos” (p. 47), aunque no duda en marcar la preferencia de Saussure la tercera caracterización, que es en base a la cual aborda los problemas de la lingüística sincrónica.

Sabido es que para clarificar tal cuadro de situación y mostrar las limitaciones del planteo saussureano, Coseriu acude a una distinción de Bühler (Teoría del Lenguaje, 1934) entre acción verbal, acto verbal,producto lingüístico y forma lingüística, que tiene el atractivo adicional de lograr integrar la distinción de Humboldt entre ergon y enérgeia. En base a ella, Coseriu cruza la oposiciones concreto-abstracto e individual-interindividual de la dupla saussureana con la de actividad-producto que emana de la dupla humboldtiana.

Del ejercicio clasificatorio resultante emerge el diagnóstico negativo del planteo saussureano: pese al esfuerzo por presentar una interdependencia entre lengua y habla, ambos conceptos permanecen muy desligados (el “abismo” mencionado anteriormente).

Saussure identifica, por una parte, lo concreto y asistemático con lo individual y, por otro, lo formal y sistemático con lo social, no pudiendo reconocer la existencia de fenómenos concretos intersubjetivos (nivel del producto lingüístico) ni fenómenos subjetivos formalizados (nivel del acto verbal).

Evidentemente, a la langue concebida como entidad general, ideal, abstracta, extra individual, puede oponérsele diametralmente sólo una parole concebida como momentánea y ocasional, material, concreta, individual. Pero el mismo esquema indica, a la vez, las fallas de una dicotomía tan neta y rígida, que queda lejos de abarcar y agotar la realidad del lenguaje (p. 53).

Más allá de la elaboración en ciernes del concepto de norma, hay al menos tres rasgos resaltables en cuanto a la interpretación de la lengua saussureana en su argumentación.

El primero es la imposibilidad de articular tal noción con el carácter concreto que, de manera obstinada, Saussure le atribuye en CLG. El segundo es la jerarquización de la oposición abstracto-concreto por encima de la oposición individual-social para la comprensión plena del binomio lengua-habla[15] y, el tercero es la reducción de la lengua hacia su identificación con el producto lingüístico de Bühler o el ergon humboldtiano.

Ninguna de estas opciones constituyen una innovación en la interpretación de la teoría de Saussure, pero sin duda reciben aquí una convincente articulación.

En su obra posterior Coseriu vuelve una y otra vez sobre el concepto de lengua saussureano, y aunque nunca modifica los lineamientos arriba planteados, tanto profundiza como sintetiza diversos aspectos relevantes.

En un texto de 1954 acude a una cita del Hipias Mayor de Platón que sintetiza el modo de concebir la lengua y las limitaciones que ve en Saussure:

En verdad, Sócrates, tú y tus interlocutores habituales no veis nunca las cosas en conjunto; separáis, aisláis lo bello o cualquier otra parte de lo real y lo golpeáis para verificar su sonido. Por esto las grandes realidades continuas de las cosas se os escapan. (Platón, Hipias Mayor, 301b citado en Coseriu, 1954/1962, p.132)[16]

 

Lo que Saussure golpea es la lengua como ergon, “un sistema cerrado, ‘hecho’ de una vez por todas: una ‘abstracción cosificada’ (1957/1978, p.255).

Tal caracterización se ve reflejada en la máxima saussureana de la lengua “en sí y por sí” (abreviación de la controvertida frase final del CLG —“la lingüística tiene por único y verdadero objeto la lengua considerada en sí misma y por sí misma”, CLG, p. 328–)[17], en la que Coseriu encuentra no solo visos de la influencia de Durkheim (cf. 1957/1978, p.39, n.29) sino también una herencia platónica, que deriva tanto del atribuirle el valor de una abstracción (cf. 1954/1962, p.232) como de reconocerle un ámbito de existencia independiente de las lenguas y de los individuos, cosa que hace el propio Saussure cuando afirma que “la lengua es la parte social del lenguaje exterior al individuo, que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla” (CLG, p.79).[18]

De la misma manera procesa Coseriu la máxima de que la lengua es forma y no sustancia (cf. CLG, p. 186 y p.195), es decir, como un apriorismo acerca de la esencia de la lengua (cf. 1954/1962, p.214).

A su turno la lengua como ergon incidirá negativamente en la comprensión de la distinción entre sincronía y diacronía. Coseriu denuncia un Saussure que no logra diferenciar nítidamente entre un estado de lengua como proyección científica (es decir, como producto, ergon) del estado de lengua real (cf. 1957/1978, p.18). Ello redunda en que atribuya a la lengua como tal (la real) el carácter de sincrónica e inmóvil, cuando solo son aplicables a la proyección.[19]

Tal falta de diferenciación, sin embargo, no impide que Saussure note propiedades del objeto real lengua que se acomodan plenamente a las intuiciones del propio Coseriu.

Es lo que ocurre, particularmente, con la caracterización de la lengua como dotada de una historicidad radical y de un temperamento dinámico. Afirmaciones tempranas de CLG, como la que indica que “en cada instante el lenguaje implica a la vez un sistema establecido y una evolución: en cada momento es una institución actual y un producto del pasado” (CLG, p. 74), junto con otras tantas del libro y también de las fuentes (referidas a la historicidad y también a la importancia teórica de la analogía) componen una imagen un tanto distinta de Saussure, mucho más afianzada hoy en día, que la sagacidad de Coseriu pudo entrever ya en el CLG.[20]

2.2. La norma

En cuanto al concepto de norma, que para muchos es el aporte de Coseriu a la teoría saussureana[21], confiesa no encontrarlo estrictamente en Saussure[22], tan solo “premisas” para su estructuración y también “notables sugerencias acerca de su naturaleza” (1952a/1962, p. 62).

En tal sentido, lo ve desarrollarse de manera negativa, por la vía del trabajo saussureano de independizar el nivel del sistema con respecto a cualquier otra determinación, y sobre un escenario donde “parecen casi siempre identificarse” (p. 59).

 

La determinación relevante aquí es la social, que cae, según Coseriu, cuando Saussure decide apartar lo extraño al sistema. Cuando la lengua es separada del habla en términos de lo esencial frente a lo accesorio, Coseriu argumenta que lo que está en juego es la identificación de lo esencial ya no con lo social —como se expresa en CLG— sino con lo interno de la lengua (cf., p. 58).

Si bien es cierto que en el CLG son frecuentes las atribuciones sociales de la lengua (como institución social, como convención, etc.), la explicitación de un nivel normativo intermedio escasea.

Coseriu la encuentra plasmada, sin embargo, en uno de esos lugares de interpretación compleja del texto, cuando Saussure queriendo justificar el carácter concreto de la lengua acude a la escritura y su inexplicado e inexplicable papel de poder oficiar como su representación. Allí señala que un diccionario y una gramática pueden ser “representación fiel” por su capacidad de “fijar las cosas relativas a la lengua” (cf. CLG, p.80).

Esa lengua es para Coseriu la de la norma, y no la del sistema funcional, dado que “la gramática y el diccionario no contienen sólo las oposiciones sistemáticas de una lengua, sino todo lo que es normal en las expresiones de una comunidad” (1952a/1962, p.58).

Que la norma pueda deducirse más que exhibirse en el CLG no impide a Coseriu el aprovechamiento del texto. Algunas de las “notables sugerencias” de Saussure resultan del empleo por parte de Coseriu de famosas analogías del CLG —como son las del ajedrez y la del expreso París-Ginebra—, para aclarar la naturaleza de la distinción entre sistema funcional y sistema normal (cf. pp. 60-61). El carácter persuasorio de las célebres analogías alimenta, a favor de Coseriu, la impresión de que Saussure debiera haber reconocido y tematizado ese nivel intermedio que de aquí en más dormita entre sus páginas.

La novedad del concepto de norma es un asunto más complejo. “Sistema, norma y habla” nace, tal como el autor deja entrever al inicio del texto, del planteo tripartito de Hjelmslev —esquema, norma, uso—, en el que la norma, entendida como forma material (o norma de realización), es una abstracción del uso por artificio de un método (cf. Hjelmslev 1942/1977), y un concepto, dicho sea de paso, que el propio propulsor termina desestimando en favor de la oposición más abarcativa y concisa entre esquema y uso.

Aunque la tripartición propuesta por Coseriu no coincide con la de Hjelmslev[23] las diferencias han sido bastante desatendidas. Así, de Mauro, en su edición critica del CLG, se limita a afirmar que Coseriu es uno de quienes, junto con Frei y Martinet, retoman la problemática de Hjelmslev (cf. CLG, p. 422, nota 45) y que, en todo caso, plantea “ideas afines” (CLG, p. 483, nota 232).[24]

1.3. El habla

Este abordaje de la distinción lengua y habla en la mirada de Coseriu no estaría completo sin unas palabras relativas al habla.

Considerando que se trata del ámbito seleccionado para la gestación de su propia teoría, Coseriu dedica espacio en su obra para sopesar su lingüística del hablar con relación al concepto de habla saussureano y la eventual lingüística que no llega nunca a comparecer en CLG, por motivos que son por todos conocidos.

Aunque desde una plataforma que revoluciona los cimientos de la caracterización saussureana, lo primero que habría que destacar es el importante papel de Coseriu en tanto promotor del ámbito del habla.

Tempranamente sintió la necesidad de colmar un dominio que estaba siendo representado de manera muy parcial en la lingüística europea por la estilística de Bally y el enfoque idealista de Vossler y que contaba con un esbozo absolutamente insuficiente en CLG.

Esta labor pionera resalta más hoy en día dado el brío con que sectores del saussureanismo han emprendido la tarea del colmado de esa aparente “laguna”.

Así, se lee por ejemplo en un libro de reciente aparición:

Aunque equivocadamente el Curso hace de Saussure un lingüista de la lengua, él es igualmente, si no más, un teórico del habla: la Nota sobre el discurso es una prueba evidente. No obstante, se ha continuado haciendo de Saussure un lingüista de la lengua (…) Ahora bien, para Saussure el habla es el elemento determinante en la dualidad lengua/habla. (Rastier, 2016, p.87).

El fragmento pertenece a François Rastier, quien defiende una lingüística del texto —como Coseriu— pero fundada en la interpretación del pensamiento saussureano “auténtico”, es decir, el emanado de las notas autógrafas y con prescindencia militante del CLG.

Las mayores críticas de Coseriu al concepto de habla de Saussure remiten por un lado al carácter reducido de su interpretación —el agotarse en ser únicamente la realización del sistema— y, por otro, en lo que me interesa abordar brevemente aquí, la concepción del sujeto que se desprende del planteo.

A su juicio, y en base a la caracterización del habla como algo “no colectivo, individual, accidental y momentáneo” (1952a/1962, p.45) Saussure presenta un individuo hablante “completamente separado de la sociedad, que no sería el mismo ‘colectividad’” (p. 57). No alcanza a lidiar con lo que Coseriu llama la alteridad del hombre, el hecho de de que como hablantes seamos siempre cohablantes (cf. 1992, p.216).

Esta línea de interrogación sobre el habla tiene un antecedente interesante en Jakobson (1942/1990),[25] quien observa el atomismo del planteo saussureano y remite, como alternativa, a la posición de Volóshinov en El marxismo y la filosofía del lenguaje, de 1929.

Los planteos de este último guardan una sugestiva cercanía en algunos aspectos con las ideas de Coseriu, algo que ameritaría una consideración más detenida.[26]

3. Golpeando la tradición

Me resta por considerar el tipo de trabajo historiográfico acometido por Coseriu en relación con Saussure, indispensable para redondear nuestro recorrido.

Coseriu se mostró siempre reacio a la “iconización” de Saussure. En particular, le molestaba la tendencia generalizada a considerar como ideadas por él las distinciones claves de su teoría, lo que conducía a pensar el CLG “como brotado milagrosamente del cerebro de F. de Saussure” (1967b:201).

Afirmaciones como la siguiente son frecuentes en su obra: “Los intentos de hacer empezar la lingüística con Saussure, de desligar al estudioso ginebrino de toda tradición y de ‘depurarlo de todo residuo pre-saussureano’, no tienen ninguna justificación. Al contrario, si algún reproche hay que hacerle a Saussure, sería más bien el de que no atendió suficientemente a la tradición” (1957: 23)

Si en “Sistema, norma y habla” (1952a/1962) señala que los conceptos de lengua y habla “fueron introducidos en la ciencia lingüística por Ferdinand de Saussure” (p. 18), tal aserto es derrocado pocos años después con el reconocimiento de que se encuentran en G. von der Gabelentz, F.N. Finck y A. Marty y, de manera análoga, en H. Paul (cf. 1955-6/1962, p.282, n.2)

En cuanto a la distinción forma y sustancia, ya en 1954 niega que haya sido introducida por Saussure. Señala que está en Humboldt y luego en Steinthal y von der Gabelentz (cf. 1954/1962, p.176).

Para cuando acomete su estudio sobre el cambio lingüístico, publicado por primera vez en 1957, tanto la distinción sincronía-diacronía como el concepto de arbitrariedad del signo son puestos en tal perspectiva.[27] En dicho trabajo suscribe también la controvertida hipótesis de Doroszewski relativa al peso del concepto de “hecho social” de Durkheim en la caracterización de la lengua (cf. 1957/1978, p. 32 y sig. y por una opinión contraria Koerner, 2008, p.103, n.2).

Este interés historiográfico hará eclosión, sin embargo, en 1967 cuando en una serie de artículos Coseriu defienda la posibilidad de decretar algunas influencias en Saussure, abriendo así una línea de controversia que perdura hasta nuestros días.

Los trabajos sobre la arbitrariedad del signo y la figura de Georg von der Gabelentz, dedicados expresamente a tal cuestión, muestran el grado de convicción que acompañaba a Coseriu en este esfuerzo por (re)situar a Saussure en la tradición.

El primero, “L’arbitraire du signe. Sobre la historia tardía de un concepto aristotélico”, arremete frontalmente contra la idea extendida de que Saussure haya sido quien formulara por vez primera tal noción capital.

El hilo de la madeja lo conduce ineluctablemente a Aristóteles quien, a su juicio, defiende una posición descriptiva-funcional (y no genética), que es replicada por Saussure.[28]

La conclusión final es contundente: “Saussure sólo representa una etapa más en la interpretación de un principio tradicional y corriente. De hecho, todos los elementos de su teoría de lo arbitrario aparecen ya en el análisis del lenguaje emprendido por autores que le precedieron. Saussure no ha añadido ni un solo elemento nuevo a esta teoría” (p. 59)

En más de un momento del ensayo Coseriu expresa que no intenta emprender una nueva interpretación de la teoría saussureana de lo arbitrario “sino solo aclarar el problema histórico de su origen” (p.51), pero es imposible no derivar de su trabajo un posicionamiento claro a propósito del concepto de arbitrariedad en Saussure.

De hecho, se trata de una de las más contundentes defensas que puedan existir de la lectura convencionalista del principio de la arbitrariedad, a la que históricamente han acudido múltiples intérpretes saussureanos (Benveniste, Jakobson, Jespersen, entre otros) pero que conforma un modo de interpretación muy discutido, especialmente a partir de los planteos de de Mauro, siguiendo a Godel 1957/1969, relativos a la relación compleja del convencionalismo con la arbitrariedad saussureana (cf. CLG, p 394 y Nota 137, pp 454-6)[29], y los enfoques más recientes que defienden una genuina novedad en tal concepto (Milner, 2003; Rastier, 2016)

El artículo resulta revelador también en otra dirección. Contiene una adenda de 1977 en la que se descarga virulentamente contra algunos “saussureanos ortodoxos maximalistas” (p. 59) que a su parecer viven en un mito y que confunden —como yo— el problema de las fuentes con el de la interpretación.

Entre los que caen en la redada, figuran importantes nombres de la filología saussureana como los de R. Amacker, “otro adepto de la mística saussureana” y R. Engler un “tercer hermano de la pequeña cofradía” (p. 60). Con relativa mejor suerte H. Frei “también saussureano ortodoxo, pero no neófito, y no místico, sino crítico” (p. 61).[30]

Basta acercarse a la bibliografía específica sobre el tema de las influencias de Saussure para percatarse de que es un trayecto de una enorme complejidad, especialmente por las escasas referencias contenidas a autores específicos tanto en CLG como en sus notas autógrafas, que hacen el camino ciertamente especulativo.

Cotejando, en tal sentido y como botón de muestra, la más reciente biografía crítica de Saussure de John Joseph es posible constatar que no hay menciones vinculantes con Hegel, Madvig, Jouffroy ni Porzenziński, que él sí desarrolla.[31] Pero, por otro lado, la suposición de Coseriu de que es posible que Saussure haya accedido de manera directa a los trabajos de Fortunatov recibe confirmación.[32]

El ensayo “Georg von der Gabelentz y la lingüística sincrónica”, entre tanto, es probablemente el más controvertido de Coseriu en relación con Saussure. Lo único que propone es demostrar que no habría una mera coincidencia de términos e ideas entre von der Gabelentz y Saussure sino “una verdadera influencia” (1967b/1977, p.203) del primero sobre el segundo.

Lo hace mediante la composición de un exhaustivo inventario de temas y términos en los que encuentra una proximidad apabullante. El artículo tiene, sin embargo, un tono militante muy marcado, con afirmaciones como “ya es hora de colocar a Saussure en su contexto histórico”, o “el CLG debe, en buena parte, su éxito precisamente al hecho de que constituye una síntesis clara y concisa y expuesta de manera tajante y lapidaria” (p. 244), que muy pronto despertaron polémica.

Se cierra con una adenda de 1977 en la que arremete contra la opinión de Koerner, quien a diferencia de Coseriu, defendía y sigue defendiendo, una influencia decisiva no de Gabelentz, sino de H. Paul (cf. Koerner, 1973/1982, 1974/1988/2012, 2008).

Aunque es muy difícil calibrar el valor de verdad de las múltiples aserciones referidas a antecedentes, parentescos e influencias en Saussure, es indudable que Coseriu logró el objetivo de alertar a la comunidad lingüística sobre la densidad histórica de los conceptos capitales de la ciencia lingüística y en el mismo acto modificó nuestra percepción de Saussure.

¿Cuáles son los lingüistas a quienes más debe Saussure?

De Mauro, por ejemplo, considera que uno es Whitney y el otro es Humboldt (cf. CLG, p. 393). Me pregunto si Coseriu tuvo algo que ver en la promoción del segundo.

4. Golpeando el texto

A lo largo de estas páginas he querido mostrar, mediante una selección muy parcial, algunos caminos mediante los que —tanto en la profundización de las ideas saussureanas como en la contextualización histórica— Coseriu ha contribuido notoriamente al conocimiento crítico de uno de los libros más influyentes de la ciencia lingüística.

La contracara de ello se percibe en los modos en que las ideas y las palabras de Saussure se filtran en las correspondientes de Coseriu.

En tal sentido, permítanme cerrar de una manera poco original. No es nada casual que Coseriu haya decidido, al momento de gestar su lingüística, tomar las palabras de Saussure:

“En nuestra opinión hay que invertir el conocido postulado de F. de Saussure: en lugar de colocarse en el terreno de la lengua, ‘hay que colocarse desde el primer momento en terreno del hablar y tomarlo como norma de todas las otras manifestaciones del lenguaje’ (inclusive la lengua)” (1954/1962, pp. 287-8).[33]

Veo en esta paráfrasis de violento signo invertido todo lo que hay de reconocimiento pero también de impulso. Se un trata, en suma, de un envión textual necesario.

 

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[1] Como queda ampliamente documentado en “Sistema, norma y habla” (1952a/1962) —el primer trabajo de envergadura sobre cuestiones saussureanas— Coseriu entabla un diálogo crítico con una extensa serie de autores (Jespersen, Gardiner, Palmer, Bally, Sechehaye, Brøndal, Delacroix, Bühler, Trubetzkoy, von Wartburg, Pagliaro, entre otros) que manejaban, como era de suponer, un único Saussure, el del CLG.

[2] Sobre el valor de las notas manuscritas es de la opinión de que ellas no agregan nada sustancial: “en realidad —y contrariamente a lo que muchos parecen creer— las notas originales solo confirman que la edición de Bally y Sechehaye, salvo contados detalles, corresponde muy bien a la concepción de F. de Saussure…” (1967c/1977, p. 248, adenda de 1977)

[3] Un punto que ha sido señalado por Kabatek (s.f.): “for Coseriu, it was the text of the Cours which offered an almost perfect base for the presentation of his own linguistic thought” (p. 4).

[4] “La teoría desarrollada por Coseriu es, en su conjunto, estructuralista y funcionalista, pero no formalista…” (1968/1977, p. 320, la tercera persona es del autor). Dadas las serias objeciones que hiciese a lo largo de su obra a planteos centrales de la teoría saussureana y la propia conformación de su enfoque integral, se lo suele presentar  como alguien que superó el enfoque estructural mediante un ensanchamiento considerable del campo de estudio lingüístico (cf. Kabatek, 2004, pp.46-7; 2015, p.13 y s.f., pp. 3-4)

[5] Véase por ejemplo la siguiente afirmación hecha con relación a autores que afirmaban no haber sido influidos por Saussure: “En la lingüística moderna es difícil no deber nada a Saussure” (1981, p.143 n.25).

[6] Primero fue publicado en 1995 en un volumen editado por T. de Mauro y S. Sugeta (Saussure and Linguistics Today), y luego en las Actas del IV Congresso Internacional da Língua Galego-Potuguesa na Galizia, en 1996, en una versión española, que es más resumida en relación con el original. Dicho texto fue traducido al portugués en 1997 y publicado en la revista Confluência, del Instituto de lingua portuguesa de Rio de Janeiro. Por último, en 2004 Jean-Pierre Durafour compuso una versión al francés más amplia y que agrega notas manuscritas en francés del propio Coseriu. Se publicó en Communication & Cognition (= Studies in Language 8).

[7] Choi (2002) defiende la idea de que “lire Saussure équivaut à l’écrire à nouveau, et cela non sans arrière-pensée” y que “l’on ne peut faire autrement que les éditeurs du Cours, en reconstruisant pour construire les idées de Saussure” (p.35).

[8] Ejemplifica con dos: la inseparabilidad del significado y significante y la exterioridad del cambio lingüístico con relación al sistema.

[9] Vale la pena agregar la continuación de la cita: “Lo que sí hay que admitir es que la concepción de Saussure ofrece dificultades de interpretación: que —por las mismas condiciones de ‘notas de clase’ en las que su publicó la obra— muchos puntos quedan en ella oscuros, o insuficientemente elaborados, o no bien fundados; que ciertas soluciones se encuentran en su libro sólo esbozadas, o apenas aludidas y ciertas dificultades se presentan todavía como no perfectamente resueltas; que en muchos aspectos, Saussure, como pensador ligado en parte a la mentalidad de la época, se queda en la mitad del camino por él mismo abierto. Quizás justamente por esto se descubra en su libro —como observa Bühler— algo nuevo cada vez que se vuelve a consultarlo” (1952a/1962, p. 44)

[10] En la versión original inglesa escribe “Saussure with Humboldt and Pagliaro” (1995, p.188, mis cursivas), en una interesante jerarquización del autor italiano tan apreciado por él, que tampoco sobrevive en la versión francesa (cf. 2004, p.18)

[11] Nuestra posición difiere de la expresada por Lemos et al. (2003, p.172), quienes consideran que el marcado acento puesto en el habla como objeto de descripción por parte de la teoría coseriana terminó operando como un obstáculo para la divulgación en América Latina del concepto meridiano de lengua de Saussure. Por el contrario, la tarea de fijar alcances y límites acometida por Coseriu con relación a los planteos saussureanos opera, según nuestro entender, como una vía privilegiada para la comprensión del CLG.

[12] Los textos más importantes de Coseriu con referencia a Saussure son: “Sistema, norma y habla” (1952a/1962), “Forma y sustancia en los sonidos del lenguaje (1954/1962), “Determinación y entorno” (1955-6/1962), Sincronía, diacronía e historia (1957/1978), “L’arbitraire du signe” (1967ª/1977), “Georg von der Gabelentz y la lingüística sincrónica” (1967b/1977), Lecciones de Lingüística General (1973/1981), Competencia Lingüística (1992) y “My Saussure” (1995)

[13] Sin duda que Coseriu no es el primero en acercar a Saussure a Humboldt. Citaré solo un par de ejemplos. Albert Séchehaye en un artículo de 1917 publicado en la Revue philosophique, queriendo destacar la independencia de juicio de Saussure, señala que no se detuvo mucho en la famosa idea de Humboldt porque en todo caso reflejaba un solo punto de vista y para Saussure el lenguaje es un fenómeno complejo que “reúne aspectos heterogéneos, a veces antinómicos y contradictorios” (citado en  Normand et al, 1985, p.147). En 1928 Hjelmslev señala que “Ya Wilh. von Humboldt observó que nada en el lenguaje es estático, todo es dinámico” (1928/1976, p.64). Interesante aquí es notar que la mención aparece en un contexto en el que se trabaja la terminología de diversos autores (Saussure, Séchehaye, Jespersen y Dauzat) referida al corte sincronía-diacronía, y que Hjelmslev vincula explícitamente la enérgeia con lo sincrónico: “Lo sincrónico es, sin más, la lengua en funcionamiento, el juego de las oposiciones entre signos. Lo sincrónico es una actividad, una enérgeia” (ibid.)

[14] Uno de los primeros en caer en ese error, a juzgar por como lo presenta en (1952a/1962), habría sido W. von Wartburg, por otra parte, “uno de los más saussureanos de los lingüistas contemporáneos” (p.30). Pero en otro artículo del mismo año refiere a la “oposición entre lengua (producto) y habla (actividad)” (1952b/1977, p.73), invitando a la comparación solo que esta vez para resaltar lo ilegítimo que resulta separarlas como dos realidades distintas y quedarse con el producto como lo único “reducible a esquemas científicos” (p.74).

[15] Esta jerarquización es sin duda la base para el desarrollo de la glosemática de Hjelmslev, enfoque con el que Coseriu ya estaba familiarizado en 1952. En tiempos más recientes argumentos explícitos tendientes a reducir la importancia de la distinción individual-social para el entendimiento de la dupla lengua y habla se encuentran, por ejemplo, en Koerner (1973/1982) y Normand (2004)

[16] Coseriu la coloca como acápite en griego de “Forma y sustancia en los sonidos del lenguaje” y luego la utiliza en el texto. La traducción española de Gredos, a cargo de Julio Calonge Ruiz, es bastante más prosaica: en vez de golpear para sacar sonido se habla de echarse encima para hacer “un obra despedazadora” (cf. 2011, p.200)

[17] Coseriu la repite en más de una ocasión (cf. 1954/1962, p.232, 1955-6/1962, p.285). El carácter apócrifo de tal aseveración ha sido señalado desde Godel (1957/1969) en adelante de manera por demás reiterada.

[18] “Parecerá, quizá extraño que se encuentren huellas de ‘platonismo’ en el ‘positivismo sociológico’ saussureano. Pero la verdad es que se comprueba en Saussure y en las lingüísticas saussureanas un claro aspecto ‘platónico’ (que consiste en atribuir existencia de ‘cosas’ a los objetos ideales, en tratar los objetos ideales como cosas)” (1954/1962, p.212). Las referencias a Platón vuelven a aparecer en 1957 cuando Coseriu indica que un aspecto esencial de su doctrina es “haber colocado la lengua en el hiperuranio de la ‘masa’ durkheimiana, que es su forma menor de platonismo y que implica la separación entre la lengua y la actividad lingüística concreta” (1957/1978, pp.253-4)

[19] “Habiendo comprobado [Saussure] la estructura (‘lengua’) en la proyección sincrónica, fue inducido a desestimar la diacronía y la continuidad de la lengua en el tiempo y a establecer las extrañas equivalencias habla-diacronía, lengua-sincronía, reduciendo de esta manera la lengua a un estado de lengua. Más aún: llegó a atribuir al objeto ‘lengua’ no solo la sistematicidad (que aparece en la ‘proyección’ por pertenecer al objeto), sino también la inmovilidad, que solo pertenece a la ‘proyección’. De aquí una segunda identificación, más o menos latente en el CLG, entre estado de lengua y proyección sincrónica. En estas dos identificaciones sucesivas (lengua = estado de lengua = proyección sincrónica) se funda la idea de la lengua sincrónica e inmóvil” (1957/1978, pp.24-5) “La no-historicidad (sincronicidad) pertenece al ser de la descripción y no al ser de la lengua. Por ello, no puede introducirse en la definición del concepto de ‘lengua’” (p. 26)

[20] “Saussure no ignora que en realidad las lenguas son históricas (…) su intuición de la lengua no coincide con su concepto de lengua” (1957/1978, p.277). Ya en las Conferencias de Ginebra de 1891 Saussure plantea con toda nitidez el carácter radicalmente histórico de las lenguas: “La primera cosa que hace que la lengua tenga una historia es el hecho fundamental de su continuidad en el tiempo…” (ELG, p. 136).

[21] Así dan testimonio diversos manuales. Cf. Leroy, 1969, pp.119-120; Szemerényi, 1979, pp.62-3; Ducrot & Todorov, 1986, p.152.

[22] Ni siquiera el término figura en CLG, algo que ameritó comentarios anteriores de Hjelmslev: “parece que el término norma (usado también por H. Paul y sus contemporáneos) se ha evitado cuidadosamente en todo el Curso” (1942/1977, p.222, n.20)

[23] Para Hjelmslev el sistema (su esquema) tendría un carácter netamente formal, mientras que el de Coseriu estaría más cercano su concepto de norma, concentrado como está en la parte funcional del lenguaje (cf. Ducrot & Todorov, 1986, p.152).

[24] A juzgar por las menciones en su edición crítica, el Coseriu que más interesa a de Mauro es el señalador de las influencias de Saussure.

[25] Nos consta que Coseriu bien podría no estar al tanto del contenido de este texto, publicado póstumamente en Waugh & Monville-Burston en 1990, y que se basa en las notas de Jakobson para un  curso impartido en la Ecole Libre de Hautes Etudes de Nueva York en 1942. A continuación reproduzco algunos fragmentos indicativos: “In considering the executive side as autonomous entity called parole, Saussure artificially atomizes and deforms linguistic reality. In declaring that parole “is always individual, and the individual is always its master,” he unfortunately disregards the role of the listener” (Jakobson, 1942/1990, p.92)

“The biological discontinuity of every social body colors the Saussurian concept of parole, although in his concept of langue he was able to shake off the legacy of sensualist empiricism (or, as the Russians say, rampant empiricism). In claiming that there is ‘nothing collective in parole” and that ‘the individual is always its master,’ Saussure is forgetting his own argument that ‘this act presupposes at least two persons.’ Parole is therefore not a purely individual act, such as the Geneva School sees it, but rather an interpersonal phenomenon like a wedding ceremony, a duel, or any other reciprocal action It is an intersubjective phenomenon, and consequently, a social one” (p. 93)

[26] Voloshinov se pregunta: “¿Cuál es el auténtico meollo de la realidad lingüística: el acto discursivo individual —el habla— , o el sistema de la lengua? ¿Y cuál es la forma existencial de la realidad lingüística: la generación creativa continua, o la inmovilidad inmutaba de las normas idénticas a sí mismas? ([1929] 2009, p.110). Y en otro pasaje: “La lengua como sistema de formas normativamente idénticas es una abstracción (…) Este sistema no puede ser la base de una comprensión y explicación de los hechos lingüísticos tomados en su vida y generación. Por el contrario, el sistema nos aleja de la generación viva y real del lengua y de sus funciones sociales” (p.140).

[27] En cuanto al primero, señala que Saussure debería haber recurrido a San Agustin y Juan de Santo Tomás para presentar una teoría del signo “mucho más sutil y solida que la que él fundó sobre el doble equívoco de la ‘arbitrariedad’” (1957/1978, pp.23-4). Sobre la sincronía-diacronía, adhiere a la opinión de Schuchardt en cuanto a que Saussure pretendió introducir en la lingüística una distinción paralela a la planteada por Comte entre “sociología estática” y “sociología dinámica” (pp. 25-6)

[28] Según Coseriu arbitrariedad en Saussure refiere exclusiva y aristotélicamente “a la inmotivación natural de los signos lingüísticos” (1967a/1977, p.52)

[29] Ver también Gadet 1989, pp. 33-37

[30] Su disposición hacia la tradición exégetica saussureana no puede ser más clara: “Es sabido que los grandes lingüistas deben aceptar a Saussure en bloque y adorarlo —mediante prácticas exegéticas timoratas, himnos y libaciones diarias—, y que no les está permitido interpretarlo críticamente ni considerarlo en perspectiva histórica” (p. 60).

[31] El clásico trabajo de Koerner (1973/1982), dedicado específicamente a este tema, menciona a Madvig y Jouffrey, pero no a Fortunatov.

[32] Joseph señala que efectivamente leyó un trabajo sobre acento lituano de Fortunatov escrito en 1878 (cf. 2012, p.271 y sig.)

[33] Que esta plataforma textual era del agrado de Coseriu queda de manifiesto en el hecho de que vuelve a ella en otras oportunidades. En Sincronía, diacronía e historia lo hace para referirse a la comprensión del cambio lingüístico (cf. 1957/1977, p.31), y en Competencia Lingüística, cita la ocurrencia de “Determinación y entorno” (cf. 1992, p. 74)