Domingo, 28 de noviembre de 2021

firulete

Etimología - El origen de la palabra: firulete

Las flores conquistaron desde la más remota Antigüedad la admiración de los seres humanos, que siempre las consideraron un símbolo de belleza y de compleja perfección con algún ingrediente de magia, esa magia que surge del hecho de que se desarrollan "solas". como todos los seres vivos: primero brota tímidamente un botón, luego crece un capullo y de pronto se abren esplendorosas, sin otra intervención que la de la Naturaleza, Dios o los diversos dioses que los hombres adoraron en diferentes tiempos y culturas.El vocablo proviene del latín flos, floris (flor, de la flor), que a su vez proviene del vocablo germánico blow y, en última instancia, de la raíz prehistórica indoeuropea bhlea, de la cual proviene también la voz inglesa blossom (brote, capullo).La belleza de las flores dio lugar a otras palabras, como florilegio (colección de trozos selectos de obras literarias) formada por flos, floris unida a legere (elegir, seleccionar) También florete tiene origen semejante, aunque pasó antes por el francés fleuret, que es una adaptación del italiano fioretto (florecilla, florcita), si bien es cierto que en el siglo XVI el arma se llamaba floret en la lengua de Rimbaud. El cambio puede haber sido inducido por la semejanza entre el botón de una flor y el de un florete. La imagen de la flor como sinónimo de perfección también aparece en aquel papel de primera calidad que se conoce como "papel florete".En el gallegoportugués, que era una lengua única hasta el siglo XVII, se formó ferolete, para designar los adornos rebuscados, en forma de flores, muy apreciados, que en castellano dio lugar a firulete. En Cuba y en Puerto Rico se calificaba en cierta época como firulística el habla de aquellos que pronunciaban las s finales, casi totalmente omitidas en la pronunciación de la región, porque se consideraba que hacían firuletes de pronunciación.En el Río de la Plata, firulete puede tener el sentido de 'formalidad excesiva o superflua, como en este trecho del dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez (La gringa, 1904):

No digo eso... mas si a la muchacha le gusta... no hay para qué andar con tanto firulete.

O en este otro de Ernesto Sábato (Sobre héroes y tumbas, 1961):

Te soy sincero, pibe: la gente de antes era más sana. No tendría tanto firulete como ahora, si se quiere, pero era más sana. ¿Sabés cuánto tiene mi viejo?

En el mundo del tango y la milonga, firulete es un movimiento aparatoso y complicado, llevado a cabo por puro exhibicionismo.


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

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