
obsequio
Los romanos usaban el verbo sequi con el sentido de ‘seguir, ir detrás, acompañar’, y también ‘perseguir, acosar’. Ovidio escribió sequi vestigia alicuius para significar ‘seguir las huellas de alguien’ y non tibi sequendus eram con la denotación de ‘yo no debería ser acompañado por ti’.
El clásico sequi se alteró en latín vulgar a sequere, que dio lugar al francés suivre ‘seguir’, mientras que otras lenguas romances mantuvieron la forma original, pero añadieron las terminaciones -ire, como el italiano seguire, o -ir, como el español, portugués y catalán seguir.
La palabra latina se había formado a partir de la raíz indoeuropea sekw, del mismo significado, y dio lugar a muchos otros vocablos, tanto en latín como en castellano. En efecto, con el prefijo con- se formó consequi ‘buscar’, ‘conseguir’, ‘obtener’, de cuyo participio pasivo, consecutus, ‘consecutivo’ se derivaron consequentia ‘consecuencia’ y exsequtio ‘seguir hasta el final’, ‘rematar’, de donde ‘ejecutar’ y ‘ejecutivo’, y también ‘exequias’ (honores fúnebres).
Con el prefijo ob- se formó obsequi ‘cumplir el deseo de otra persona’, que dio lugar a nuestro obsequio ‘regalo’, pero también a obsecuente ‘el que sigue los deseos de otra persona en actitud de obediencia y sumisión’. Lo que ocurre después de un hecho, lo que lo sigue como consecuencia, se llama secuela, palabra formada ya en latín como sequela, a partir de sequi.