Martes, 25 de enero de 2022

Los romanos también escribían en minúsculas y en cursiva

Las inscripciones en piedra se escribían con letras mayúsculas

Guillermo Carvajal

Puede parecer una obviedad pero lo cierto es que prácticamente todas las inscripciones romanas que vemos en estatuas, estelas, lápidas y monumentos están escritas con letras mayúsculas, de modo que da la impresión de que no utilizaban más que estas en sus escritos. Nada más lejos de la realidad, pues los romanos también tenían escritura cursiva y utilizaban minúsculas.

De hecho la escritura cursiva con mayúsculas era la forma de escritura cotidiana, utilizada por ejemplo para escribir cartas, por los niños en la escuela, por los comerciantes para llevar sus cuentas, o por el emperador para emitir órdenes. Era también la escritura de la burocracia y en la que se escribían en papiros los originales de las leyes que se guardaban en los archivos.

Sin embargo, para hacer públicas las leyes y para todas aquellas inscripciones que estaban destinadas a ser leídas por la plebe, se usaban las letras capitales, pues la cursiva solo podían entenderla aquellos que hubieran superado un nivel básico de enseñanza.

Plauto en su obra Pséudolo (El impostor) pone de manifiesto la dificultad de muchos romanos para leerla:

Toma esta tablilla, así verás por ti mismo la miseria y la preocupación que me consume / Lo haré por ti. ¿Pero que es esto? Pregunto. / ¿Qué pasa? / En mi opinión, parece que estas letras quieren tener hijos: se montan unas sobre otras. / ¿Te burlas de mí? / En serio, por Pollux creo que a menos que la Sibila pueda leer estas letras, nadie podrá entenderlas. / ¿Por qué criticas estas encantadoras letras escritas sobre tan encantadora tablilla por una mano encantadora? / Por Hércules te lo ruego, ¿las gallinas acaso tienen manos? Pues sólo una gallina pudo escribirla (Pséudolo 21-30).

En esta escritura cursiva antigua, que se utilizó hasta el siglo III d.C. están escritas, por ejemplo, las tablillas encontradas en el campamento de Vindolanda, en Reino Unido, y también muchas de las inscripciones que se han conservado en Pompeya. Se solía utilizar sobre papiro y por eso no son muy abundantes los ejemplos que han llegado hasta nosotros.

Gracias a ellas sabemos que se utilizaban pocas ligaduras, y que algunas letras todavía son difíciles de reconocer, como la A, o incluso se pueden confundir, como la B y la D. Este tipo de escritura habría evolucionado desde la escritura con letras capitales, como resultado de la simplificación y esquematización al escribir a gran velocidad.

Las cursivas romanas / Wikimedia Commons

A partir del siglo III esta cursiva antigua evolucionó en una nueva cursiva que estuvo en uso aproximadamente hasta el siglo VII, ya entrada la Edad Media. Las letras ya tienen una grafía que nos resulta mucho más familiar, y empiezan a ser proporcionales en lugar de variar de tamaño con en la cursiva antigua, empleando ligaduras. Será esta la escritura (junto con la uncial y semiuncial) que en las diferentes regiones del desaparecido imperio de occidente dará lugar a las letras minúsculas que utilizamos en la actualidad.

Algunos investigadores creen que incluso la caligrafía uncial se desarrolló por evolución de la cursiva antigua, y dado que se empezó a utilizar a partir del siglo III d.C. habría sido contemporánea de la cursiva nueva. Lo que la diferenciaba era que las letras de la uncial (llamada así por un error al interpretar un texto de San Jerónimo donde habla de litterae unciales al referirse a unas letras capitales) tenían formas redondeadas, ya que los nuevos soportes como el pergamino, que no eran tan rugosos como el papiro, permitían escribir sin levantar la pluma realizando trazos más largos.

La escritura semiuncial, que es como se denomina a una versión recortada de la uncial que aparece en el Codex Basilicanus de Hilario, se empezó a utilizar también en el siglo III, y al igual que la uncial su uso se extendió hasta el siglo VIII. Al principio la utilizaban solo autores paganos, aunque a partir del siglo VI también empezó a ser usada para transcribir textos cristianos. La semiuncial tuvo especial éxito en las Islas Británicas, a donde llegó en el siglo V y fue la base para la creación del Alfabeto Latino del Inglés Antiguo.