
La escritora y académica española Soledad Puértolas / EFE – Alejandro García
tácito, ta
Que no se dice formalmente pero se supone o infiere por actos, gestos o antecedentes que no están presentes en el discurso. En el Diccionario de la lengua española (DLE), se incluye la locución tácita, que pertenece al ámbito del derecho, y se refiere a aquella condición que, aunque no se incluya expresamente en un contrato o documento, se entiende como incluida.
La palabra proviene del latín tacĭtus ‘callado’, ‘silencioso’, participio pasado del verbo tăcēre ‘callar’, ‘permanecer callado’.
Veamos un ejemplo de Soledad Puértolas en su novela Queda la noche (Barcelona, Planeta, 1993):
Ese permiso tácito e innecesario que ellos me daban para ir al vagón-restaurante era inseparable de los incómodos deberes y la irritación que a veces me producía su dependencia.
El adjetivo tácito aparecía ya en el Vidal Mayor, una obra aragonesa del siglo XIII, a la que pertenece este breve fragmento:
si es dito en aqueilla exceptión, tácita uel expressa, ço es caillada o dita, non seré tenido de responder.
Como vemos, ya en el castellano medieval , tácito tenía el mismo significado que hoy y, se oponía a expreso o explícito.
Más recientemente, en el siglo XX, el filósofo húngaro Michael Polanyi acuñó el concepto epistemológico del conocimiento tácito, que sería una forma de conocimiento que no se ha podido o no se ha sabido comunicar verbalmente ni visualmente.
