
Empuñadura de un sable de la fábrica alemana Solingen
sable
Arma blanca, ligeramente curva y de un solo filo, ideada para inferir heridas cortantes y no punzantes, usada hasta la primera mitad del siglo XX en las armas de infantería y caballería. El filo único lo diferencia de la espada y se lo prefería por su rapidez en el combate, puesto que el corte exige menos tiempo que la estocada.
El vocablo está presente en nuestra lengua desde el siglo XIV, como en este fragmento de un relato histórico anónimo datado en 1350 (Corde).
[...] mas los troyanos que ya estauan aperçebidos los estauan esperando muy corajosos en el sable.
El vocablo nos llegó desde el francés sabre, que a su vez lo había tomado del alemán antiguo sabel (actualmente Säbel), que a su vez se tomó de una lengua del Este europeo, quizá el húngaro száblya (Corominas).
Un derivado es sablazo, que tanto significa ‘golpe dado con un sable’, como ‘acción de pedir y obtener dinero, con habilidad y sin intención de devolverlo’. Veamos al respecto este ejemplo, tomado de Tres tristes tigres (1964), de Guillermo Cabrera Infante:
No necesitó decir más, porque el visitante, el pedigüeño, el profesional del sablazo desaparecieron y en el lugar que, ocupaban había ahora solamente un pobre hombre encogido, burlado, puesto en ridículo final.
