Lunes, 26 de octubre de 2020

El voseo en América: un reflejo del igualitarismo del Nuevo Mundo

Buenos Aires en 1852 (Óleo de Juan León. Pallière)

Por Ricardo Soca

El uso en varios países americanos del pronombre vos en la segunda persona del singular es un resabio del abuso que de él hacían los españoles al hablar con los indígenas y con los criollos, afirmaba el lingüista colombiano Rufino José Cuervo.

El académico español Rafael Lapesa sostenía que esta variedad americana del pronombre de segunda persona del singular respondía al abandono de los distingos sociales y de las normas lingüísticas del conquistador y representaba –según él– la voluntad de nivelación cohesiva propia de las sociedades en formación. «En la joven sociedad colonial, prevaleció un sentido más igualitario»1.

En efecto, el uso americano del vos, que a los oídos de Álex Grijelmo suena como «un delicioso arcaísmo» no nació en América sino en el bajo latín, y fue usado en España hasta el siglo XVII, hasta llegar al Nuevo Continente en las alforjas de los conquistadores. Su origen se remonta al latín que se hablaba en el siglo iv de nuestra era en el Imperio Romano de Oriente, con capital en Constantinopla. En esa sociedad, el uso del vos se limitaba al tratamiento a Dios en las oraciones y, en la tierra, al emperador, al Papa y a los más altos dignatarios.

Varios siglos más tarde, cuando el latín hablado en la Península Ibérica se fue convirtiendo lentamente en lo que hoy llamamos ‘castellano’ o ‘español’, el vosse afirmó como tratamiento reverencial dispensado a reyes, nobles y señores por parte de sus súbditos y vasallos, pero esa fórmula evolucionó a lo largo de los siglos, acompañando los cambios históricos que ocurrieron en la península.

Tras la expulsión de los moros, con las primeras luces del Renacimiento, el gradual descaecimiento de la nobleza y la irrupción de la burguesía, el vos pasa a ser usado entre personas del mismo rango social, lo que va llevando al abandono de ese pronombre como tratamiento de respeto y a su sustitución por una nueva forma: vuestra merced, que en un par de siglos evolucionaría hacia el actual usted.

Con ese cambio, el uso del vos como segunda persona del singular empieza a declinar hasta desaparecer casi por completo en España, como dijimos, hacia fines del siglo xvii.

Pero la vieja fórmula de los tiempos del emperador Constantino no se extinguió por eso: su semilla ya había sido plantada por los conquistadores en el Nuevo Continente y siguió desarrollándose allí, aunque con características algo diferentes de las originales y con gran variedad de formas en las diversas zonas del continente, que reflejaban una nueva realidad política y social.

En su vigésima segunda edición, en 2002, el Diccionario de la Academia recoge por primera vez el habla de Buenos Aires como modelo del voseo, de manera que en las conjugaciones verbales podemos leer tú tienes / vos tenés, una opción que se ratifica en el Diccionario Panhispánico de Dudas, publicado en noviembre de 2005 con el sello de la Academia. En este modelo, el verbo es conjugado como en la segunda persona del plural, sacándole la i de la terminación sabéis sabés; tenéis tenés.

Sin embargo, hay diversas formas de voseo, como el uruguayo, que con frecuencia combina el con el verbo voseante (tú tenés) o, a la inversa, el de la provincia argentina de Santiago del Estero, que suele combinar el vos con el verbo conjugado en forma convencional (vos tienes), entre muchas otras variantes usadas en diversos países de las tres Américas.

En la segunda persona del plural, el tratamiento también es diferente en España y en América:  mientras la mayoría de los españoles utiliza vosotros como plural de y reserva el ustedes como plural de usted,  los americanos –tanto voseantes como tuteantes–  utilizan en todos los casos ustedes, al igual que los andaluces.

Cabe preguntarse si, tras el espaldarazo dado al voseo por la Academia desde 2002, no habría que pensar en enseñar esa variante en las escuelas, al lado del tú tienes, que jamás será utilizado en estas latitudes pero que no puede ser ignorado debido a su preeminencia en la literatura y en el habla del vasto universo de los hispanohablantes.

     Rafael Lapesa, Gredos, 1981, Historia de la lengua española. Madrid:Gredos

2 Norma Beatriz Carricaburo. El voseo en la historia y en la lengua de hoy. https://www.elcastellano.org/artic/voseo.htm

3  Rufino José Cuervo, Citado por Rosario Castellanos, Juicios sumarios (2017). México: Fondo de Cultura Económica.