Martes, 25 de enero de 2022

Alfonso X y Sevilla: el mito fabuloso del NO8DO en el octavo centenario del Rey Sabio

Túmulo funerario de Alfonso X el Sabio en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla / Raúl Doblado

Javier Rubio

En Sevilla vivió y en Sevilla murió. Aquí se coronó rey de Castilla y León y aquí está enterrado, en la Capilla Real de la Catedral, que él dispuso como lugar de sepultura para sus padres, San Fernando y Beatriz de Suabia, y para sí mismo. Residió en el Alcázar, donde rumió la revuelta del infante Sancho el Bravo, su segundo hijo, ávido de alzarse con el trono a la muerte del primogénito, Fernando de la Cerda, antes que ceder el paso al sobrino. Aquí se iluminaron muchas de las cantigas de Santa María que él compuso y en Sevilla fundó en 1254 un estudio general de latino y arábigo (precedente universitario) que sólo la ruina económica general privó de continuidad.

Aquí se redactaron algunos de los documentos más importantes de su reinado como las Siete Partidas, base del Derecho español desde 1348 hasta ayer mismo, como quien dice, y hasta de cinco estados norteamericanos como herencia de su pasado hispano. Convirtió a Sevilla, a cuya conquista asistió el mismo día de su 27 cumpleaños, en un emporio cultural deslumbrante en prácticamente todas las artes conocidas. Todo en Alfonso X el Sabio remite a Sevilla, pero poco remite en Sevilla estos días, en el octavo centenario de su nacimiento el 23 de noviembre de 1221, al que probablemente sea el soberano más hispalense de la historia y precursor del Estado moderno.

El medievalista Manuel González Jiménez, reconocido unánimemente como el mayor experto vivo en la historia alfonsí, no deja lugar a dudas sobre el reconocimiento de la figura de Alfonso X como «legislador, hombre de letras y patrono de las artes y de la cultura» aunque su actuación política presente puntos oscuros que lo abocan a un final de reinado ensombrecido por la revuelta nobiliaria patrocinada por su propio hijo. «Nos encontramos ante un caso excepcional no sólo en la historia de España, sino, incluso, de toda Europa», tiene dicho el sabio catedrático de la Universidad de Sevilla.

Monográfico en su honor

Su carácter de referente indiscutible de la historiografía alfonsí ha quedado plenamente recogida en el monográfico que la revista 'Ínsula' le ha dedicado a Alfonso X. Su coordinadora, la profesora de Literatura Medieval de la Hispalense Cristina Moya García, señala el homenaje como «muestra de gratitud por lo mucho que nos ha enseñado sobre el Rey Sabio».

Este trabajo de 48 páginas, con participación de reputados especialistas en todas las disciplinas en las que brilló el genio cultural del monarca, es la única publicación académica que ha llegado a tiempo de tan magna ocasión. La programación ha sido ciertamente guadianesca a lo largo del año, aquí y allá: en la Casa de los Poetas, en el Alcázar, en San Isidoro...

Pero poco hay en Sevilla que recuerde la efemérides estos días: ni una mala banderola aunque fuera con las armas chicas de la ciudad que la tradición venía atribuyendo a un privilegio concedido por Alfonso X por mantenerse fiel en la revuelta contra su poder y que el profesor Sánchez Saus se encargó de desmentir hace dos décadas con datos que asociaban el No8do[i] («no me ha dejado») a la familia Villafranca.

Programación dispersa

Se han anunciado ciclos de conferencias, reediciones indispensables, conciertos en Triana y exposiciones con vistas a 2022, incluso una magna en el Alcázar donde residió sin fecha ni temática desvelada. Estos días, se han entregado distinciones alfonsíes a una treintena de municipios andaluces con tal de llenar el relativo vacío en torno a la figura del Rey Sabio en la ciudad a la que estuvo más unido, pero en la que ha faltado una programación unificada y congruente con la fecha como sí se hizo con otros aniversarios.

Los lazos de Alfonso X con Sevilla superan de largo a los de Toledo, cuya mítica escuela de traductores viene poniéndose en cuestión desde los tiempos de Sánchez Albornoz. «No puede hablarse de la existencia de una Escuela de Traductores bajo el reinado de Alfonso X: ni existió una organización que avalara semejante idea, ni hubo un programa que orientara la actividad en ese sentido, ni en las cuentas regias o catedralicias se dedican partidas económicas a fines similares, ni en los textos alfonsíes hay comentarios al respecto», señala al respecto el catedrático Carlos Alvar en el monográfico de 'Ínsula'.

Toledo ya tiene programada para marzo de 2022 una gran muestra sobre el soberano y su alcaldesa presidió un acto institucional el sábado pasado para darle realce a la fecha.

Ciudad Real, de origen alfonsí, ha organizado para estos días un ciclo de conferencias y una representación de una obra de teatro que combina artes escénicas y música en directo que lleva por título 'Alfonso X, la última cantiga' para honrar la memoria de su fundador. Y Murcia, donde el monarca dispuso que se enterrara su corazón por el recuerdo de su primera ciudad reconquistada, ha organizado, entre otros actos, una función religiosa en la Catedral para la que se va a trasladar a la patrona, la Virgen de la Arrixaca.

También la Biblioteca Nacional ha reunido una cuidada exposición con los cinco incunables que atesora la institución y otras copias de manuscritos del siglo XIII.

Actos en la Hispalense

Sólo la Universidad de Sevilla, con el pujante grupo de investigación Historia 15 de Lola Pons y Eva Bravo-García, ha mantenido enarbolado el pabellón de la efeméride para el día exacto. Dos jóvenes profesoras de Filología, Blanca Garrido y Leyre Martín, han puesto en marcha la denominada 'RutaX' que recorre algunos de los escenarios más destacados del legado alfonsí en la capital de Andalucía, que tendrá su traducción visual en una exposición en el patio de la Cristalera de la antigua Fábrica de Tabacos.

«Sevilla tuvo un papel importantísimo en el reinado», sostiene Cristina Moya. Desde luego, no se puede decir que Alfonso X haya tenido suerte con sus aniversarios. El séptimo centenario, en 1921, coincidió con las secuelas del desastre de Annual en julio: todavía en noviembre seguían llegando a los hospitales de sangre heridos evacuados del horror rifeño. El octavo centenario, en 2021, viene marcado por la pandemia del coronavirus y las prisas por rellenar el calendario.

Adelantado a su tiempo

En la última etapa de Alfonso X en Sevilla se revisan muchas obras y se inician otras porque el monarca encontró «una vía de escape cultural», según Cristina Moya, en el amargor de ese exilio interior que vivía en el Alcázar ante la acometida de su propio hijo Sancho. Se trata de un periodo «culturalmente muy activo». Cabría decir que el Rey Sabio se adelantó a su época: la extensión y profundidad del florecimiento cultural y artístico en su reinado sólo tiene parangón con los príncipes renacentistas, pero aún faltaban dos siglos al menos para que el Quattrocento arraigara en Italia. Los propios ilustrados españoles, al alborear el siglo XVIII, no tenían empacho en reconocer al monarca como autoridad indeclinable y así lo consideró, por ejemplo, la Real Academia Española.

No hubo parcela del saber que no encontrara refrendo en su persona regia. Música, poesía, magia, artes suntuarias, arquitectura, astronomía, matemáticas, Derecho... hasta la propia lengua castellana recibe un impulso decisivo con su política de favorecer traducciones del latín y el árabe, las lenguas de prestigio entonces.

Su padre, Fernando III, había decretado el castellano lengua oficial de la corte, pero Alfonso X «retoma esa decisión y la expande», sostiene Leyre Martín Aizpuru, profesora del grupo de investigación Historia 15 que ha ideado una ruta por la Sevilla alfonsí con su compañera Blanca Garrido Martín. «Acaricia las ambiciones imperiales y dentro de su propio reino con una lengua propia que ya no es el latín, en esto se adelanta a otros gobernantes de la época», tercia la profesora Garrido.

Rutas por Sevilla

Ambas decidieron que la conmemoración debía tener una faceta divulgativa y no quedarse sólo en el ámbito académico. Dicho y hecho. El primer paseo fue el 27 de octubre con tal éxito de público que para las otras dos jornadas, 24 de noviembre y 15 de diciembre, están todas las plazas cubiertas de sobra.

El recorrido empieza en la Plaza Nueva, a los pies del monumento a San Fernando en cuya basa figura la estatua de Alfonso X el Sabio con otros tres prohombres de la conquista de Sevilla: el almirante Bonifaz, el arzobispo Don Remondo y el capitán de las huestes Garci Pérez.

De ahí se pasa a la plaza del Cabildo donde figura la placa que recuerda el Estudio General, antecedente de la Universidad, fundado por el soberano. La ruta prosigue por las Atarazanas, astillero medieval fundado por el Rey Sabio cuya importancia es superior a las de Barcelona y Valencia en ese momento, cuando se está planteando el «fecho de allende», una gran operación para controlar el norte de África. Saqueó Salé, junto a Rabat, y reconquistó Cádiz, aseguró Jerez y fundó El Puerto de Santa María.

En la Biblioteca Colombina, siguiente estación del recorrido, se custodia el privilegio rodado por el que lega al cabildo metropolitano importantes fondos personales.

El Alcázar, cuyo palacio gótico le debe también su inicio, es parada obligada. El recorrido gira entonces hasta la antigua Fábrica de Tabacos en cuyo patio se encuentra una estatua del monarca y su figura es permanente objeto de estudio por parte de historiadores, filólogos, paleógrafos, codicólogos y un largo etcétera.

Sabio, sinónimo de prudente

Pero son muchos más los hitos que se quedan fuera: la Plaza de España, con el azulejo de la provincia de Murcia en el que está reflejado, la torre de Don Fadrique, la parroquia de Santa Ana, el monasterio cisterciense de San Clemente, las iglesias de San Julián, Santa Lucía o Santa Marina también conservan memoria del soberano.

Pese a tan impresionante legado, en Alfonso X han pesado más los fracasos de su gobierno que los indudables logros. Leyre Martín percibe en el siglo XX una lectura muy crítica, que Cristina Moya lleva hasta la Edad Media, cuando los cronistas de su reinado no estuvieron a la altura. «Sancho IV, a pesar de la necesidad de incorporar un nuevo relato, nunca impugnó las bases que había sentado su padre en cultura y arte porque sentía que le daba prestigio». Y subraya: «Fue reconocido en vida como sabio y jamás ha perdido esa condición», que es sinónimo de prudente a partir del siglo XIII.

Al monarca se le pueden imputar grandes logros del Estado moderno: la institucionalización de las Cortes, las bases de la Hacienda y el Derecho modernos, el afianzamiento del poder regio y la aspiración imperial.

Fecho del imperio

Pero esta imagen se resintió del fracaso de sus aspiraciones al Sacro y Romano Imperio, lo que se conoció como el «fecho del imperio». De nuevo, la versión del eximio González Jiménez ilustra con claridad el particular: «A veces, entre los historiadores, ha predominado una valoración negativa de su reinado: brillante en lo cultural, y desastroso en lo político. Yo defiendo la tesis de que el intelectual Alfonso no fue tan mal político como se afirma».

Le faltó la corona imperial en vida y el halo de santidad una vez muerto, cuando la búsqueda de un rey santo nacional equiparable al San Luis de los franceses (su tío segundo) por los Austrias menores lo descartó a tenor de su licenciosa vida íntima. Todavía hoy se investiga si la pequeña que apareció enterrada en el palacio del Alcázar se trata, en realidad, de una hija natural del monarca.

Sevilla debía haber hecho más por conmemorar la fecha. La última vez que aireó al Rey Sabio con indisimulado orgullo fue en septiembre de 1987, cuando el artista Carlos de Córdoba plasmó una escena de su libro sobre el ajedrez en el cartel del Mundial de Ajedrez que enfrentó a Karpov y Kasparov, aquel duelo entre la ortodoxia soviética y las tímidas pulsiones reformistas que luego cristalizaron en la caída de la URSS. Por cierto, que el Libro del ajedrez, dados y tablas también se compuso en Sevilla.

 

[i] NO8DO está inscripto en el logotipo del Ayuntamiento de Sevilla. Se compone de la sílaba NO, de un dibujo de una madeja de lana, con forma de un ocho, y de la sílaba DO, que se interpreta como no-madeja-do, un acrónimo con jeroglífico para significar “no me ha dejado”, expresando la fidelidad de la ciudad hispalense a Alfonso X, cuando su hijo Sancho se levantó en armas contra él.

 

De Lobillo - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1640636