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Alexis Márquez Rodríguez: Partes de la oración

Partes de la oración

Por Alexis Márquez Rodríguez

Hay que tener presente la diferencia entre el sustantivo común y el sustantivo propio. Común es el que designa a las personas, animales o cosas de una manera general, aplicable a todos los seres u objetos de la misma especie, sin identificar a uno en particular: hombre, caballo, árbol, hierro, río, ciudad, país. Propio es el que se aplica a una persona, animal o cosa de manera específica, para identificarlo y distinguirlo de los demás de su misma especie: Pedro, María, Rocinante, Orinoco, Caracas, Venezuela.

En efecto, para identificar a una persona y señalarla específicamente basta con decir su nombre propio, siempre y cuando, por supuesto, quienes nos oyen o leen sepan de antemano a quién nos referimos. Si decimos “Pedro vino esta mañana”, el que nos oye sabe de quién se trata: no decimos que alguien vino, una persona cualquiera, hombre o mujer, sino una específicamente, llamada Pedro. Si nuestro interlocutor no sabe quién es, obviamente preguntará: “¿Cuál Pedro?”, o “¿Quién es Pedro?”. Pero cuando yo digo “Pedro vino esta mañana” es porque supongo que la persona a quien lo digo sabe de quién estoy hablando.

Desde luego, se puede individualizar, y hasta identificar a una persona con un sustantivo común, pero para ello debemos recurrir a algo más que el solo sustantivo. Si yo digo “Este señor pregunta por papá”, el sustantivo común, señor, individualiza e identifica a una persona determinada, pero no por sí solo, sino mediante el adjetivo demostrativo este. En cambio, el sustantivo propio se basta a sí mismo para individualizar e identificar a la persona de que se trata. Esto le veremos mejor cuando hable de los adjetivos demostrativos.

Lo mismo que hemos visto ocurre con los nombres propios de seres u objetos que no son personas. Si alguien oye pronunciar la frase “El río subió de nivel”, no puede saber, con sólo oírlo, de qué río se trata. Lo sabrá si de antemano está al tanto de a qué río se refiere el que así habla. En cambio, cualquiera que oiga la frase “El Orinoco subió de nivel”, con sólo oír el sustantivo Orinoco sabrá de lo que se habla.

Así mismo ocurre con un nombre de animal. Obsérvese la diferencia entre “Don Quijote salió montado en un caballo” y “Don Quijote salió montado en Rocinante”.

Otro aspecto que hay que tomar en cuenta a propósito del sustantivo es que éste es afectado por los llamados accidentes gramaticales, que son el género y el número. Es decir, el sustantivo varía en su terminación según sea masculino o femenino, y según vaya en singular o plural. Esto lo dejaré en suspenso por ahora, pues por ser un fenómeno común al sustantivo y al adjetivo, al final hablaré ampliamente sobre este punto.

El pronombre personal

Las nueve categorías gramaticales tradicionales don Andrés Bello las reduce a siete, por cuanto, según él, no existen como categorías autónomas ni el pronombre ni el artículo. El pronombre, dice él, es una forma del sustantivo, y el artículo una forma del adjetivo.

En efecto, Bello observa que lo que tradicionalmente llaman pronombre es una palabra que siempre, invariablemente, hace alguno de los oficios del sustantivo, tanto los exclusivos, como los que no lo son. Siendo así, le parece lógico a nuestro insigne gramático, el más grande de la lengua castellana, según palabras de Amado Alonso, que no se considere al pronombre como categoría aparte, sino como forma del sustantivo.

Aunque el DRAE, es decir, la Real Academia Española, define el pronombre como la “Clase de palabras que hace las veces del sustantivo”, definición que contiene la idea de sustitución del sustantivo por el pronombre de que hablan las gramáticas tradicionales, el Esbozo de una nueva gramática de la lengua española rechaza esta idea de sustitución, y prefiere “decir que los pronombres señalan, remiten a algo o lo representan...”. En realidad, si tal señalamiento o representación de las personas, animales o cosas es función primordial del sustantivo, puede decirse que, al asumirla también el pronombre, éste de alguna manera está sustituyendo al sustantivo. Sin embargo, quizás haya una sutil diferencia entre sustituir y representar, por lo que, en todo caso, la observación del Esbozo... es válida y pertinente.

Sea como sea, lo importante es que, como bien lo señala Andrés Bello, las funciones del pronombre son las mismas, mutatis mutandi, del sustantivo. Esta tesis ha sido acogida por gramáticos modernos. Emilio Alarcos Llorach, por ejemplo, en su magnífica Gramática de la lengua española (Espasa-Calpe. Madrid; 1994), no sólo la acoge, sino que además a los pronombres personales los llama sustantivos personales.

Es de advertir que el carácter personal de los pronombres no se refiere al concepto de persona humana, sino al de persona gramatical. O sea, que los dichos pronombres personales son llamados así, no porque designen a las personas humanas (de hecho pueden designar también a otros seres no humanos), sino porque en ellos va inserta la mención de persona gramatical: la primera (yo), corresponde a quien habla o escribe; la segunda (tú), a quien lee o escucha; y la tercera (él), a quien no es ninguna de las otras dos.


Nota de redacción. La correspondencia al profesor Alexis Márquez Rodríguez debe ser dirigida a su correo electrónico alemar@telcel.net.ve. Los mensajes deben indicar el nombre del remitente y el lugar desde donde escribe.