Sábado, 19 de agosto de 2017

Robo y ropa

Fernando A. Navarro es médico y traductor médico. Es autor del conocido "Diccionario crítico de dudas inglés-español de medicina", publicado por McGraw-Hill Interamericana.
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Parentescos sorprendentes
Por Fernando Navarro

 


robo y ropa

 

Aunque con frecuencia se olvida, hubo un tiempo en el que se hablaron lenguas germánicas en España. Efectivamente, tras la invasión de la península ibérica por los pueblos germánicos –vándalos, suevos, alanos y, sobre todo, visigodos–, éstos dominaron España entre los siglos v y viii. Durante esta época se produjo un intenso intercambio de palabras entre las lenguas germánicas y el latín. Los germanos tomaron del latín vocablos del comercio, la agricultura, la industria, la vivienda y el derecho. A cambio, entre las palabras germánicas incorporadas al latín vulgar –y posteriormente, claro está, tambiéna a las lenguas romances herederas del latín–, predominan las relativas al vocabulario militar y guerrero, como ‘albergue’, ‘bandido’, ‘bando’, ‘embajada’, ‘escarnio’, ‘espía’, ‘espuela’, ‘estribo’, ‘feudo’, ‘galardón’, ‘gerifalte’, ‘guardia’, ‘guerra’, ‘heraldo’, ‘orgullo’ y ‘tregua’. A este grupo pertenecen también robar y robo, que el padre Juan de Mariana menciona ya en su Historia general de España (1601) entre las tomadas de los godos.

Y es que, en efecto, el vocablo español ‘robar’ se remonta al germánico antiguo raupjan (arrancar, quitar); el mismo del que derivan, en alemán moderno, räuben (robar, saquear), Raub (robo, rapiña, pillaje, saqueo, botín), Räuber (ladrón) y los compuestos de este último, como el nombre de Strabenräuber (con Strab e, "camino o carretera") que en alemán dan al bandolero o salteador de caminos, o el de Seeräuber (con See, "mar") que dan a los piratas.

Acostumbrados como estamos a comprar ropa barata ya confeccionada y que uno tira a la basura o entrega a un mercadillo benéfico al menor desgarrón, puede resultarnos difícil imaginar el valor que antiguamente se concedió a las vestimentas. Tan grande era su valor que, en una época en la que el saqueo y el pillaje era con frecuencia la única fuente de ingresos de los soldados, éstos aprovechaban sus victorias para arramblar no sólo con los tesoros artísticos y cuanto de valioso hallaban en las ciudades vencidas, sino también para robar a los cadáveres todo lo que llevaran encima: monedas, sortijas y armas, sí, pero también el calzado y las vestimentas, ya fueran éstas semiharapos de campesino o costosísimas cotas de malla, al alcance sólo de los más ricos y poderosos. Se explica así cómo el Raub gérmanico, que significa ‘robo’, ‘rapiña’, ‘pillaje’, ‘saqueo’ o ‘botín’, pudo restringir en español su campo semántico hasta una ropa que designa ya sólo las prendas de tela con las que nos vestimos. Esta evolución se observa en todos los idiomas romances, si bien no en todos ellos fue igual de intensa la restricción semántica. En italiano, por ejemplo, el vocablo roba cubre todavía un campo semántico más amplio que nuestra ‘ropa’ y más cercano al de la rapiña original, pues puede aplicarse también a muchos otros objetos, con un sentido muy próximo al de nuestra palabra ‘cosa’, como en las expresiones roba da mangiare (comida) o roba vecchia (trastos viejos). En francés, en cambio, el sustantivo robe se usa en un sentido todavía más restringido que el de nuestra ‘ropa’, pues designa únicamente el vestido de mujer o la toga de un letrado.