Lunes, 24 de abril de 2017

Verde y verdugo

 

 

Parentescos sorprendentes
Por Fernando Navarro

 


verde y verdugo

 

       Aunque en etimología nunca puede darse nada por seguro, algunos etimólogos han aventurado la posibilidad de un parentesco entre la raíz vir y otras tres palabras latinas:

       En primer lugar, el adjetivo latino viridis con el sentido de “vigoroso, joven, lleno de fuerza”, para referirse muy especialmente a las plantas y árboles llenos de savia. Este adjetivo está en el origen de nuestro color verde, tan característico de las hierbas y las plantas en su época de máximo vigor primaveral. Podemos encontrar todavía el latinismo original en el lenguaje microbiológico, donde se llamó Streptococcus viridans a un estreptococo que crecía en los medios de cultivo formando colonias verdes. Pero son mucho más numerosos los derivados directos de verde en español, desde el verdín que se forma en los objetos de cobre hasta las verduras (nombre genérico que se da a las hortalizas de hojas verdes, como lechugas, espinacas o acelgas, pero también a otras hortalizas de variado colorido: habichuelas, cebollas, pimientos, zanahorias, etc.) y los verduleros que las venden, pasando por el verbo reverdecer y palabras aparentemente más distantes, como vergel (del latín viridarium, “arboleda”). La más insólita de todas es probablemente el verdugo, inicialmenteuna vara que se cortaba verde; como ésta se utilizara para azotar, se dio asimismo ese nombre al alguacil encargado de ejecutar la pena de azotes y, más tarde, al encargado de aplicar cualquier tormento, y también la pena de muerte. De ahí la imagen que hoy suscita en nosotros la palabra verdugo: figura tétrica e impasible junto al cadalso, de rostro oculto bajo una negra capucha, y dispuesta a hacer caer la cuchilla de la guillotina, decapitar al reo de un hachazo, tirar de la soga o aplicar el garrote vil. El sentido original del viridis latino, que expresaba relación con el vigor, la fuerza y la juventud se conserva en nuestra expresión viejo verde, que explicaba así Covarrubias en 1611: «estarse uno verde, no dexar la loçanía de moço aviendo entrado en edad».

       Parecido origen tiene también el latín virga (rama, vara, retoño), de donde derivan tanto el nombre de verga que damos al miembro viril (registrado ya en el De anima de Casiodoro,  allí por el siglo vi) como el nombre de verja que damos al enrejado que sirve de puerta, ventana o cerca; y es que en nuestro Siglo de Oro, la verja no era todo el enrejado en su conjunto, sino cada una de las barras que lo componían. Del diminutivo virgula (varita; rayita o línea muy delgada) procede directamente el francés virgule (coma), que se utilizó bastante en nuestro idioma como galicismo durante la época de máxima influencia francesa en nuestro país, a finales del siglo xix. En 1883, el bacteriólogo alemán Robert Koch aisló en Alejandría la bacteria causal del cólera, un bacilo en forma de coma (Kommabazillus) que bautizó como Vibrio comma (el actual Vibrio cholerae). Los médicos españoles de la época, por influencia del francés bacille virgule, lo conocieron como bacilo vírgula.

       Una tercera palabra latina que algunos etimólogos relacionan con vir es virgo, virginis (muchacha, doncella, virgen). Ya en el siglo vii, el propio san Isidoro de Sevilla lo relacionaba en sus Etimologiae con viridis,en el sentido ya visto de juventud: «Virgo a viridiori aetate dicta est» (el nombre de virgen le viene de su muy tierna edad). Latinismo puro es virgo, tanto en su sentido de virginidad como para designar el sexto signo del zodíaco, del 23 de agosto al 22 de septiembre. En nuestra cultura, la virginidad de las mujeres fue siempre valor preciadísimo, y horrenda ofrenta el desvirgarlas fuera del matrimonio (curiosamente, por cierto, con la verga, prima hermana etimológica del virgo). En el mundo católico, la virgen por antonomasia, la Virgen con mayúsculas, ha sido tradicionalmente la Virgen María, pero vírgenes, lo que se dice vírgenes, ha habido en la historia de la humanidad unas cuantas más. El estado de Virginia, por ejemplo, recibió ese nombre en honor de la reina Isabel I de Inglaterra, the Virgin Queen (la Reina Virgen, porque nunca llegó a casarse; según las malas lenguas, por ser estéril); recuerdo todavía una famosa serie de televisión que se emitía en España cuando yo era pequeño, El virginiano, protagonizada, lógicamente, por un natural de Virginia.