Lunes, 11 de diciembre de 2017

Enfermo y firmamento

 

 

Parentescos sorprendentes
Por Fernando Navarro

 


enfermo y firmamento

El nombre que hoy damos al firmamento deriva de un error de traducción, y no en un opúsculo cualquiera, sino en el libro más importante de la historia: la Biblia. Al comienzo del Génesis, en el relato de la Creación. Dios creó la luz e, inmediatamente, la bóveda celeste o firmamento, que en hebreo llamaron raqia (extensión). Los traductores encargados de verter las Sagradas Escrituras al griego confundieron esta palabra hebrea con una palabra siríaca de grafía idéntica, pero que significaba "solidez", de modo que la tradujeron por stereoma (construcción sólida). Cuando, en el siglo V, san Jerónimo realizó la magnífica traducción vulgata de la Biblia, recurrió lógicamente al latín clásico firmus (firme, sólido, fuerte) para traducir esta palabra griega, y llamó firmamentum (fundamento, apoyo) a la bóveda celeste.

Del latín firmus derivan, como fácil es de imaginar, los verbos afirmar (de affirmare, "consolidar"), confirmar y firmar (de firmare,"dar fuerza, afirmar"). En relación con este últio, la firma es el nombre y apellido de una persona que se pone al pie de un documento para darle fuerza; es decir, para darle autenticidad y expresar que se aprueba su contenido. Durante el Siglo de Oro, la lengua española alcanzó su momento de máxima expansión, no sólo en los territorios recién descubiertos del Nuevo Mundo, sino también en toda Europa.

En 1535, por ejemplo, Juan de Valdés comenta que en Italia "assí entre damas como entre caballeros se tiene por gentileza y galanía saber hablar castellano". E igual sucedía en Francia, en Portugal, en Flandes, e incluso en la Inglaterra de Isabel I y Jacobo I, enemiga acérrima de España. Efectivamente, en el transcurso de los siglos XVI y XVII llegan al inglés multitud de hispanismos, como alcove, armada, desperado, embargo, flota, guitar, maize, mestizo, mulatto, negro, picaroon, potato, sarsaparilla, siesta, sobrero, tobacco o vanilla. También de nuestro idioma tomó el inglés por aquel entonces, enr elación con la firma de los comerciantes, la palabra firm, que hoy, convertido el inglés en el idioma de mayor difusión internacional, se pasea por todo el mundo con el sentido de empresa comercial, aunque ya casi nadie recuerde su origen hispano.

Pero volvamos al vocablo latino firmus, que servía también, con anteposición de la partícula negativa in-, para indicar que una persona era incapaz de mantenerse firme. Los romanos llamaban infirmus, por ejemplo, a quien, por padecer alguna dolencia grave, se veía obligado a permanecer en cama. Este significado han conservado hasta nuestro días tanto infermo en italiano como enfermo en nuestro idioma; es ésta, por cierto, una de las palabras más utilizadas por los médicos, además de haber dado origen a muchos otros derivados de uso habitual en medicina, como enfermedad, enfermería (de infirmarium), enfermar, enfermera o enfermizo.

Ahora bien, el infirmus latino se aplicaba también a las personas débiles o endebles que, sin necesidad alguna de estar enfermas, tampoco eran capaces de mantenerse firmes. Ello explica la distinta evolución que esta palabra latina ha experimentado en otros idiomas europeos modernos. Ni el francés infirme ni el inglés (infirm) significan "enfermo", sino débil, achacoso, enfermizo, lisiado, inválido o impedido, y otro tanto sucede con infirmité e infirmity, que no deben confundirse con maladie e illness. Así, cuando uno de nuestros vecinos transpirenaicos habla de infirmités de la vieillesse, se refiere a los achaques de la vejez.