Viernes, 24 de noviembre de 2017

Vargas Llosa, autoridad del español

09/10/2010
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Antonio Garrido, Diario SurHabían pasado no muchas fechas del atentado de las Torres Gemelas y en la residencia de Chencho Arias coincidimos un grupo de personas para cenar. El tema de conversación no podía ser otro que el inmenso desastre. Recuerdo perfectamente las palabras equilibradas y no exentas de firmeza de Vargas Llosa. No hace mucho fue investido doctor 'honoris causa' por mi universidad malagueña y su discurso fue un magnífico ejemplo de buena escritura y excelente dicción. No voy a enumerar las veces que hemos coincidido. Hoy sí me alegro, como todos, de que haya recibido el Nobel.Sabemos que este premio es controvertido y que en ocasiones se otorga a autores por razones no literarias. Vargas Llosa ha estado muchas veces en las listas pero este año no aparecía con especial fuerza en las quinielas; sin embargo, ya le llegó y el premio se prestigia, y no al revés, por recibirlo el arequipeño, un caballero elegante, distinguido y lo que importa, uno de los más grandes prosistas en lengua española de los últimos tiempos. No hace casi nada que se ha publicado el Diccionario de Americanismos, una obra magna de la lexicografía; pues bien, si el diccionario lo fuera de autoridades, Vargas Llosa aparecería en muchas entradas porque su dominio del idioma, su «voluntad de estilo» y su intención de construir una literatura total lo ameritan —emplearé un verbo que se usa más en aquellas tierras que aquí— de sobra.Su voluntad de una escritura total, en la línea de los grandes autores realistas del XIX, se confirma en sus novelas y también en sus ensayos, en sus obras de teatro y en sus artículos periodísticos. La escritura es un mar, un océano que Vargas Llosa explora desde el relato El desafío de 1957 hasta El sueño del celta. No obstante, hay una obra que me parece fundamental y a la que no se ha dedicado suficiente atención. En 2008 publica El viaje a la ficción', un ensayo sobre Onetti. Creo que los mecanismos narrativos descritos, sus opiniones y su manera de interpretar la obra del autor de El astillero articulan una verdadera gramática textual que es la suya proyectada hacia otro autor genial.No es necesario insistir en su carácter innovador y en su permanente afán de renovación pero no quiero terminar sin citar las palabras del jurado que casi siempre suelen ser bastante lamentables y, creo, que en esta ocasión, se superan. Le han dado el premio: «por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre la resistencia, la revuelta y la derrota individual», y se quedaron descansando.