Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Una historia de las gramáticas españolas

28/11/2008
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EFEUn estudio, presentado en el congreso del español que se celebra en Salamanca, analiza los distintos métodos gramaticales del siglo XVII.Se trata del segundo tomo de "El castellano y su codificación gramatical. De 1614 (B.Jiménez Patón) a 1697 (F.Sobrino)", realizado por el Instituto de la Lengua de Castilla y León y la Universidad de Salamanca.El director del Instituto de la Lengua, Gonzalo Santonja, recordó que "siempre se dice que la primera gramática romance es la de Nebrija, y luego se pone un punto", y la obra presentada "pretende analizar y estudiar las siguientes porque el español tiene una tradición de codificaciones gramaticales impresionantes, que no posee ninguna otra lengua del mundo".Santonja explicó que el libro forma parte "de la primera historia de la codificación gramatical del castellano, con resultados sorprendentes que demuestra que el español es un idioma de tirón mundial desde sus orígenes, porque en el libro se analizan focos gramaticales y métodos de enseñanza del español realizados desde Francia, Italia o Inglaterra".El vicerrector de la Universidad de Salamanca, Gómez Asencio, ha recordado que la llamada gramática de Nebrija "en realidad tiene dos gramáticas, porque hay cuatro volúmenes para españoles y un quinto para la enseñanza del español a los extranjeros". Ver Gramática de Nebrija.Gómez Asencio ha asegurado que el libro "pretende registrar con mirada crítica" la teoría gramatical que hay en los métodos de enseñanza del español en el siglo XVII.En ese sentido, el vicerrector salmantino ha insistido en que "el gramático tiene que hacer un decantamiento de los datos, que se conoce como codificación del español".Entre los participantes en este volumen se destacan estudiosos como Agustín Ramos Guerreira, Manuel Breva Claramonte, Rogelio Ponde de León, Miguel Ángel Esparza, Raúl Urbina, Pablo Segovia, María Teresa Encinas Manterola o María José Corvo, entre otros muchos.Gómez Asencio recordó que entre las motivaciones para estudiar español en el siglo XVII se encuentran "los que querían disfrutar de la literatura española, otros porque querían ser espías de la corte británica, de Felipe II o gente que tenía necesidad de nuestra lengua por razones comerciales o políticas".