Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Un colegio balear prohíbe hablar en castellano en el centro incluso a los padres

10/09/2008
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Libertad DigitalBaleares se ha convertido en una de las comunidades más vanguardistas en la aplicación de leyes de inmersión de lingüística. Según informa El Mundo este miércoles, el colegio de Son Caliu de la localidad de Calvía prohíbe totalmente utilizar el castellano en el centro escolar ni permite a los padres dirigirse en castellano ni en las reuniones con los profesores ni en presencia de sus hijos. De hecho, la escuela tiene alumnos de diversas nacionalidades lo que ha provocado que muchos hayan cambiado de centro.(Libertad Digital) Este colegio de Calviá ha prohibido utilizar el castellano durante las clases pero también en las reuniones de padres y en la comunicación entre padres e hijos en el interior del centro. De hecho, una de las particularidades de la escuela es la diversidad de nacionalidades de los alumnos en los que hay hijos de alemanes, ingleses, de la península y de Baleares. El Gobierno autonómico, formado por socialistas y nacionalistas, aprobó una ley de inmersión lingüística a imitación de la de Cataluña. Su objetivo era igualmente conseguir una marginación total del castellano. Enn la Educación optaron por disfrazar este fin con una teórica enseñanza trilingüe, en catalán, castellano e inglés. Sin embargo, en la práctica no es así y el catalán se ha convertido en la lengua vehicular. A todo esto se une la militancia abiertamente catalanista de la directora del centro. Ante esta política del colegio, muchos padres han decidido cambiar a sus hijos de colegio. "A principios del curso pasado, la dirección y los profesores explicaron que la enseñanza iba a ser cien por cien en catalán. Y que las reuniones se celebrarían en este idioma. Los niños no podían vernos hablar en español, debíamos utilizar el catalán para hablar con los profesores", explicó una madre de una alumna de cuatro años. Otros padres aseguran que las asambleas se convertían en auténticas batallas. En este sentido, las familias extranjeras eran las más sorprendidas "que no entendían muy bien por qué no nos hablaban en español. Iban allí con el ánimo de participar y de colaborar y se marchaban indignados".