Sábado, 18 de noviembre de 2017

Treinta años de literatura ecuatoriana

01/12/2008
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DatosEl Telégrafo (com.ec)376 títulos de literatura ecuatoriana se publicaron en 2003. 1’490.430 ejemplares.489 títulos se publicaron en 2005, es decir, 1’010.335,ejemplares.499 títulos se publicaron en el 2004. En total 2’468.978, ejemplares.646 títulos de literatura ecuatoriana se publicaron en 2006, 1’074.460 ejemplares.Los críticos hablan de las obras que han marcado el camino de las letras del país.La producción literaria de los escritores ecuatorianos durante los últimos 30 años ha crecido. Esa afirmación no tiene que ver con la calidad estética de las obras, sino más bien con la cantidad de libros publicados.En Ecuador hay, al menos, cuatro editoriales en acción: El Conejo, Libresa, Eskeletra y Paradiso Editores. Santiago Larrea, editor general de El Conejo, dice que en los últimos 30 años ha editado más de 400 obras. De estos títulos se estima que actualmente en circulación continúan 150 ó 200 obras. Las más difundidas son El país de Manuelito, de Alfonso Barrera Valverde, Rupito, de Monseñor Leonidas Proaño; la colección La gran literatura de los 30, los de Carlos Arcos y Esteban Mayorga, además de un ensayo sobre literatura que se llama Novela Breve, y por supuesto los textos de Alfredo Pareja Diezcanseco.Desde hace 15 años que el escritor Abdón Ubidia está frente a la editorial que cumplirá 30 años en noviembre de 2009.Pero no todo lo que se publica es necesariamente un buen libro. Del criterio de la calidad y trascendencia, justamente, se ocupan los estudiosos de la Literatura, que generalmente suelen mostrar reservas almomento de ser consultados, precisamente porque dar públicamente estos criterios jerarquizantes podría suscitar antipatías, ajenas a su trabajo intelectual, y más bien inscritas en el ámbito de lo personal. La crítica Alicia Ortega, directora del Área de Letras de la Universidad Andina Simón Bolívar, durante el último encuentro Literario Alfonso Carrasco Vintimilla que terminó ayer en la ciudad de Cuenca, leyó su trabajo sobre La literatura ecuatoriana de los últimos 30 años (1978-2008).¿Qué ha pasado con la Literatura del país? ¿Ha cambiado? ¿Qué autores son trascendentes e imprescindibles? Ella escogió varios ejes para tratar este tema: los imaginarios masculinos, los femeninos, la oralidad y los mass media.“El tema es imposible de abarcar en una ponencia de 45 minutos”, así que resumió su conferencia organizada en varias líneas temáticas. “La labor del crítico es selectiva, obedece a una serie de razones, desde el gusto, la representatividad; de ningún modo es un trabajo exhaustivo, tampoco quiere ser meramente panorámico, intenta marcar líneas temáticas predominantes en nuestra Literatura”. Todas estas advertencias parecen necesarias cada vez que un crítico intenta hacer jerarquías. “es indispensable una relectura con perspectivas de análisis actualizados que miren hacia los valores ...”Raúl Pérez Torres, con María la señora de las lanas y Teoría del desencanto (1985), fue el primer nombre que citó Ortega, también el de Alejandro Moreano. El relato El círculo machista de Munich, del libro de cuentos El palacio de los espejos, de Abdón Ubidia, que puede ser leído “como una suerte de manifiesto masculino... pues desarrolla el proyecto de una nueva cofradía masculina que quiere resistir y enfrentar una amenazadora presencia femenina que habría surgido por el deterioro de la sociedad occidental, también fue nombrado, al igual que su Ciudad de invierno (1979), “una obra en la que la modernidad se ha instalado en la ciudad y la ha transformado”.Carlos Carrión, escritor lojano, fue otro de los validados, por su obra El deseo que lleva tu nombre (1995). Para Ortega la novela de Carrión demuestra una “altísima calidad literaria en el manejo escritural y juega entre la extrema morosidad y un lenguaje que se precipita y regocija en las imágenes”.Manuel Villavicencio, profesor de la Universidad de Cuenca y doctor en Literatura Latinoamericana, cree que para hacer una valoración sobre los últimos 30 años de la narrativa ecuatoriana “es indispensable una relectura con perspectivas de análisis actualizadas que miren hacia los valores estético-literarios en los autores y en las obras”. Villavicencio sostiene que hay escritores y escritoras cuyas propuestas son interesantes, sin embargo, “debemos aceptarlo: conocemos muy poco de lo que se escribe en nuestro país. Existen “sicariatos” editoriales, favores comprometidos, elogios mutuos, etc”.“Algunas (ciertas) de las obras publicadas en los últimos años de Raúl Vallejo, Javier Vásconez, Huilo Ruales, Leonardo Valencia, Jorge Velasco Mackenzie, Abdón Ubidia, son dignas de destacar”. Allí se trata temas como la violencia, lo fantástico, la ciudad, la desterritorialización, lo urbano, los nuevos lenguajes, en el contexto de la globalización, según Villavicencio.La crítica literaria Cecilia Ansaldo, al ser consultada sobre las obras fundamentales de este período, aclara que “si se considera lo fundamental en términos de “imprescindibles” por representativos de una estética que, a falta de adjetivos llamaré “finisecular”, creo que los nombres de Egüez, Ubidia, Vásconez, Velasco Mackenzie, Dávila Vásquez, ubican nuestra narrativa en un trabajo de varios rasgos cercanos: la pugna entre lo indiviual y lo colectivo a partir de la mixtificación de las voces que cuentan, la oscuridad sicológica de unos personajes menos hechos, más sugeridos; la tensión de la desesperanza vivencial que se señala en búsquedas que no tienen fin, que no encuentran nada. Vallejo introduce el rostro de la tecnlogía con su propio formato en una novela como Acoso textual (1999); Santiago Páez fortalece sus historias con fantasías y policiales de estructura heredada para situadas en nuestro medio; Valencia ha propuesto una narrativa borgeana en el sentido de sus referentes, de su carácter reflexivo e intelectualista, del cultivo de lo universal”.Desde su perspectiva la narrativa de algunas mujeres ha buscado lo singular, pero ha sacrificado las historias, no quedan en la memoria por carecer de anécdota rica y de cuerpo desarrollado o porque han seguido siendo realistas. “Anoto el nombre de Gabriela Alemán, pero la de sus cuentos, la novela Pozo Wells (2007) tuvo un excelente arranque, pero sus últimas páginas no convencen”.Los nombres de Solange Rodríguez y Rafael Lugo, dos autores que “sin considerarlos “indipensables” creo que representan dos narradores de los que hay mucho que esperar”, opinó Ansaldo, que pidió además que se especificara que su respuesta fue el producto del asalto de una pregunta y no de una ponencia ni un estudio deliberado.Para Wilfrido Corral, el trabajo leído por Alicia Ortega fue limitado. “Básicamente me parece adecuado hablar bien de todo el mundo, pero en algún momento tienes que decir, esto me parece mejor que lo otro, y eso no lo hizo”. El problema de la crítica se hace cada vez más evidente.