Etimología: el origen de las palabras

esposa


Cuando un comerciante de la antigua Grecia hacía un acuerdo con algún proveedor, sellaba el contrato vertiendo unas gotas de vino en el altar de alguno de sus dioses. La palabra griega para ese gesto era spendo ‘derramar una bebida’, pero debido al hábito impuesto por los comerciantes, spendo fue adquiriendo poco a poco el sentido adicional de ‘hacer un acuerdo’ o ‘firmar un contrato’.

A partir de spendo, se formó en latín el vocablo sponsus, usado para nombrar a la persona que asume algún compromiso, así como hoy el que se compromete a patrocinar alguna iniciativa es designado, frecuentemente, con la palabra tomada del inglés espónsor (tal vez más que con la española patrocinador).

Y si un hombre que se compromete a casarse con alguien es un sponsus, la mujer que hace lo mismo es una sponsa, palabra que llegó a nuestra lengua como esposa.

El nombre de esposa que se da a las manillas con que se aprisionan las muñecas de alguien es una metáfora que data de la Edad Media, por la cual se vinculan las ideas de matrimonio y de falta de libertad.


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

 

Ver otra palabra: matute

 

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