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Etimología: el origen de las palabras

ínfulas


Se llaman así las dos cintas anchas que penden de la parte posterior de la mitra de los obispos, que representan la dignidad de la investidura episcopal. Sin embargo, la palabra es mucho más antigua que el cristianismo: los sacerdotes de las religiones europeas precristianas ceñían sus cabezas con una venda llamada en latín infulæ, cuyos dos extremos caían hacia ambos lados, un adorno que también usaron algunos reyes de la Antigüedad.

Hoy la palabra se emplea en sentido figurado, para denotar la vanidad de una persona. Decimos que Fulano ‘tiene ínfulas’ cuando se comporta como si tuviera la investidura de un obispo. Un ejemplo lo tenemos en Matrimonio bien avenido (1836), de Fernán Caballero:

Mas... ¿qué es esto? (abre la esquela y lee): «Querido: una de las vecinas, bella como la aurora, irresistiblemente seductora y sin ínfulas de Vestal, me ha comprometido a llevarla al baile: ahí te dejo billetes y dominós para que podáis veniros a reunir con nosotros tú y García».


Estos textos ha sido extraídos de los libros de Ricardo Soca La fascinante historia de las palabras y Nuevas fascinantes historias de las palabras.

 

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