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Judeo-español:
Un castellano del siglo XV que vive aún



Por Rifka Cook


El año 1492 es un año clave en la historia: Cristóbal Colón llega por primera vez al continente americano con ayuda de los reyes católicos. En ese mismo año se expulsa a los judíos y moros de la Península Ibérica. Los primeros habitaron en dicha región por espacio de diez siglos: el modo de vida, las costumbres, las pautas culturales y el idioma peninsular se había enraizado en ellos.

El contacto con España, que siguió manteniéndose aún varias generaciones después de la expulsión, imprimió un carácter hispánico a esa comunidad judía y enriqueció su cultura al consolidar una fusión hispano-judaica de la que nacería la lengua judeo-española.

Casi dos siglos después de la expulsión, el movimiento emancipador que se inició con la Revolución Francesa dio oportunidad a los judíos de participar en la vida pública de los distintos países que garantizaban la igualdad de derechos para todos sus súbditos. Con el fin de facilitar el desenvolvimiento en los ámbitos civil y/o político los sefardíes se vieron obligados a adoptar los idiomas de los países donde vivieron. Como consecuencia de ello, el judeo-español, la lengua hablada por los sefardíes, se fue relegando mientras nacían formas nuevas de ésta; es decir, nace lo que se conoció más tarde como las variantes dialectales del judeo-español.

El éxodo de los sefardíes hacia las diferentes ciudades siguió dos caminos: hacia el occidente, donde el judeo-español sucumbió relativamente pronto y hacia el oriente(Salónica, Esmirna, Rodas, Constantinopla, Bosnia, El Cairo, Jerusalem) donde a pesar de las diferentes etnias (italianos, sicilianos, askenazíes, griegos, provenzales y germánicos) que encontraron sobre todo en Salónica la lengua de los sefardíes prevaleció sobre los otros dialectos. Como testimonio está la descripción que hace el historiador Nehama en su obra Historie des Israelites de Salonique:

..."Sobre todas las lenguas habladas en Salónica en aquella época predomina el castellano, que conoce la mayoría de estos hombres"

Al emplear el término "castellano", Nehama no se refiere al significado actual de este vocablo, sino al idioma hablado por los desterrados, en el que se conjuga el español y el hebreo.

B. LOS INVESTIGADORES Y EL CONCEPTO DE JUDEO-ESPAÑOL

Ladino, judezmo, romance, españolit, español, judeo-español, lengua de los judíos son las diferentes denominaciones que se le da a la lengua utilizada por los judíos expulsados de España en 1492 y sus descendientes.

La Enciclopedia Judaica Castellana (1949), en un artículo sobre el Ladino comenta que después de la expulsión de los judíos de España "el ladino llegó a ser sinónimo del español, pero en la forma que lo hablaban los desterrados"
Frente a esta posición está la del investigador Jacob Hasán(1980) quien afirma que el ladino no debe ser considerado como sinónimo de lengua hablada sino como lengua calco (de copia) que se utiliza para traducir textualmente al romance los textos litúrgicos hebreos. Es decir, el ladino es la lengua que se utiliza sólo para traducir los textos sagrados del hebreo al español de la Edad Media, manteniendo una "fidelidad ciega" al texto original. El profesor Haim Vidal Sephia (1981) comparte la opinión del profesor Hasán y lo expresa a través de un análisis comparativo que establece entre un versículo (Deuteronomio 18:16) de la Biblia de Constantinopla (1547) y del texto en hebreo:

Texto en Hebreo:
Haesh haguedolá hazot
Texto en Ladino:
la fuego la grande la esta".

Las palabras: la fuego, la grande, la esta se tradujeron textualmente, palabra por palabra del texto hebreo "haesh, haguedolá, hazot". La palabra fuego es femenino en hebreo, mas no en español, por lo tanto el artículo que acompaña al sustantivo está en femenino, se respeta la regla de concordancia entre artículo y sustantivo, otro aspecto relevante es la del artículo que acompaña al adjetivo (ha-guedola, ha-zot): se atiende pues a la sintaxis hebrea y no a la española.

Este concepto de ladino es compartido también por el investigador y autor de varios libros relacionados con la lengua y literatura judeo-españolas, Manuel Alvar (1969), quien agrega al concepto, la transcripción de la misma: "el ladino es la lengua de los textos litúrgicos con caracteres Rashi.

Por su parte, Moshé Shaúl(1979) define el judeo-español como la lengua hablada por los descendientes de los judíos expulsados de España en 1492; opinión compartida también por el profesor Vidal Sephia y por Pascual Recuero.

De lo anterior se infiere que existe una notable diferencia entre el término de Ladino y el de Judeo-español: la primera identifica a la lengua calco, se usa solo en la traducción de textos sagrados: la Biblia, los libros de oraciones y costumbres; mientras que la segunda alude a la lengua con que se expresa la comunidad sefardí, tanto desde el punto de vista oral en su comunicación a diario, como el escrito en sus novelas, poesías, ensayos, prensa o bien para traducir textos no-religiosos de otros idiomas.

C. FONÉTICA

Varios investigadores han tratado este aspecto de la lengua, a saber: Wagner, Ortega, Luria, Alvar y otros quienes han procurado dar normas generales sobre la pronunciación de esta lengua.



Toda comunidad sefardí está formada por grupos étnicos de diferentes orígenes, hecho que dio origen a una peculiar manera de pronunciar esta lengua. En unos, hay influencia marcadamente italiana, francesa en otros, en algunos turca o portuguesa y mezcla de todos ellos en la mayoría, aunque han conservado los principales rasgos fonéticos del español del siglo XV. Si se trata de textos escritos - como señala Recuero, (1964)-, cada comunidad tiende a la búsqueda de transcripciones lo más semejante posible a la lengua de la región.


A continuación se señalarán algunos criterios utilizados actualmente para transcribir, fonéticamente, el judeo-español:


1. El empleado por los redactores de la revista Aki Yerushalayim que se publica en Jerusalem, Israel a través de la emisora radial Kol Israel, cuyo responsable es el investigador Moshé Shaúl.

2. El empleado por Mihael Molho (1980), otro investigador de la lengua judeo-española.

3. El utilizado por los redactores de la Revista Sefarad que se publica en Madrid, España.

Con respecto al método de transcripción fonética empleados por Molho y la Revista Sefarad, remítase directamente a la fuente. En este capitulo se optará por trabajar con la empleada por la Revista Aky Yerushalayim.

Criterios de Transcripción Fonética


La Revista Aki Yerushalayim (1969) ha publicado una tabla de alfabeto judeo-español con la respectiva pronunciación de cada letra. La base de dicha tabla es la ortografía del judeo-español moderno, el escrito con letras latinas, pero con ciertas modificaciones en relación con el alfabeto español. La finalidad que se persigue con ésta es la unificación de criterios en cuanto al aspecto ortográfico del judeo-español, a fin de hacer más fácil la lectura de los textos redactados en la Revista.

Para transcribir en judeo-español, los autores sefardíes utilizan dieciocho (18) de la veintidós (22) letras que componen el alfabeto de la lengua hebrea, son eliminadas, pues: kaf,´ayin, tsádik y tav. Con el valor fonético de aquéllas se intenta representar todos los fonemas del castellano tal como se conciben en su pronunciación. Para lograrlo, suelen dotar a algunas letras de un signo subsidiario, técnica muy frecuente en el alfabeto Rashi, que consiste en colocar sobre estas letras una tilde con la cual amplían los fonemas a veintitrés sonidos. Si a éstos se le añade la yod
y la wau, que tienen valor triple: la primera puede actuar como vocal (i,e), como consonante (y) o como diptongo (ie, ei); y la segunda como vocal (o), como vocal (u) o como consonante (v), más los fonemas /ll/ y /ñ/(estos últimos conseguidos con la unión de dos fonemas) se obtendrá el esquema fonético de la lengua de los sefardíes.

La escritura del Judeo-español con letras Rashi

Los sefardíes acostumbraban a escribir el judeo-español con caracteres del tipo Rashi. Pero, hacia 1929, cuando en Turquía se proclama la prohibición de publicar cualquier libro o periódico en caracteres distinto del latino (árabe, hebreo u otros), la escritura Rashi fue casi abandonada. Con excepción de los libros de religión, los demás materiales impresos comenzaron a escribirse con caracteres del tipo latino. Y no sólo ocurrió este hecho ocurrió en Turquía, sino en todos aquellos lugares donde el Imperio Otomano gobernaba, salvo raras excepciones.

Ya hoy en día no hay quien escriba el judeo español con letras Rashi. Sin embargo, los investigadores de la cultura sefardí, a fin de conocer el origen y desarrollo de dicha cultura, necesitarían estudiar este alfabeto ya que la mayoría de los documentos, testigo de la vida de los sefardíes en España aparecen con caracteres Rashi. Un alfabeto creado por el mismo Rashi (Rabbi Shlomo Yitzchaki), muy parecido a las letras hebreas.



La ortografía judeo-española

Desde hace aproximadamente cincuenta años, el judeo-español se escribe con caracteres del tipo latino; hecho que trajo como consecuencia la utilización de varias ortografías debido a que los escritores adaptaban la escritura de la localidad donde vivían: unos adoptan la francesa, otros la turca o la española e inclusive hay quienes hacen una mezcla de todas. Por ejemplo Haim Vidal, en su obra Le Ladino al escribe gudios, Nejama escribe javer mientras que Moshé Shaúl en la Revista Aki Yerushalayim escribe djudios y haver, respectivamente.

Para evitar esto, los redactores de la revista antes mencionada, en su ejemplar Nº 1, año 1969, sintieron la necesidad de crear una ortografía basada en un alfabeto con letras latinas tomando en consideración dos aspectos importantes, a saber:


1. "Que la ortografía escogida responda a las necesidades del judeo-español o, en otras palabra, que tenga letras o combinaciones de letras que permitan leer lo escrito tal como se pronuncian, correctamente, los sonidos particulares de esa lengua, como la /j/ y la /dj/.

2. Que sea lo más simple posible, a fin de que se pueda leer lo que está escrito con dicha ortografía, sin tener que explicar con anterioridad una larga lista de reglas y excepciones".

Dicho alfabeto quedó estructurado de la siguiente forma:
A como en amigo
‘H como en ‘Herzl
S como en savio
B como en bueno
Y como en ijo SH como en shajen
CH como en chapeo J como en jurnal
T como en también
D como en dama K como en komer TS como en pitsa
DJ como en djente
L como en luvia U como en uva
E como en ermozo M como en mujer V como en vaka
F como en fuerte N como en novia X como en examen
G como en grande O como en okazión Y como en yerro
H como en haver P como en puerta

Note que no se incluyen en este alfabeto las letras c,q y w . La razón es porque los creadores del mismo recomiendan que dichas letras deben pronunciarse de acuerdo con las reglas de las lenguas de donde fueron extraídas.

D. MORFOLOGÍA

Entre los aspectos morfológicos de la lengua en cuestión caben destacar los siguientes:



b.1. El género

b.1.1. Por la influencia de la lengua hebrea sobre el judeo-español, algunas palabras conservaron el género de aquélla. Así pues, las palabras tribu e imagen que en hebreo son de género masculino, en el judeo-español también: el tribu, el imagen.

b.1.2. Las palabras que comienzan con la letra a son de género femenino, identificando el mismo con el artículo la: la águila, la amor, la ave.

b.2. El pronombre indefinido naide que coexistía en el siglo XVI al lado de nadie , así como las construcciones con nos, con mí, más que mí, y los pronombres cualo, tala se encuentran con frecuencia en el judeo-español, aun cuando ya en la lengua española sean considerados como arcaísmos.

b.3. En el judeo-español suelen aparecer casi todas las formas verbales que se usan en el español actual, pero casi no se emplean los tiempos compuestos ni la voz pasiva; sin embargo, se usan con mayor frecuencia los auxiliares, tales como: tener en lugar de haber, tengo ido. La forma imperativa del verbo se realiza con la adición de la vocal -y: dai, salí, facei. En el pretérito, la desinencia de la segunda persona tanto del singular como del plural se realiza igual en la forma escrita; mas al pronunciarla, en el plural se palatiza la consonante -s final /s/: (singular: -tis, plural: -tis).
E. SINTAXIS

En un principio la traducción de textos originales, especialmente los religiosos, tanto orales como escritos, del hebreo al español del siglo XV se realizaba respetando las reglas de la primera.

Dentro del habla coloquial caben destacar los siguientes fenómenos sintácticos:


c.1. Falta del artículo tras la preposición "a": /a bwenoz maridos/ en lugar de /a los bwenoz maridos/

c.2. La adición del pronombre mi al vocativo: /no me dejéis mi madre/.

F. LÉXICO

Para el estudio de este aspecto de la lengua conviene establecer tres grupos , a saber: arcaísmos, hebraísmos y otras lenguas.

e.1. Arcaísmos: el judeo-español contiene un gran numero de vocablos utilizados en España hacia el siglo XV, que aun cuando han desaparecido del léxico español, perduran en la lengua de los sefardíes. Rafael Lapesa (1968) historiador de la lengua española afirma: "El interés que ofrece el judeo-español consiste en su extraordinario arcaísmo; no participa en las transformaciones que el español ha experimentado desde la época de su expulsión". Prueba de este arcaísmo es mencionado por Estrugo en su obra "Los Sefardíes": aldikera por bolsillo, muchiguar por multiplicar, bavajadas por patrañas, chapeo por sombrero, agora por ahora. O expresiones como: a lo menos, de aki endelantre, este pan del Dío y otros.

e.2. Hebraísmos:


Palabras como lamdar que deriva del vocablo hebreo L`M`D`(ל'מ'ד') y dio origen a: Meldar (rezar), meldador (el que reza); malsin (que miente) y januposo (vanidoso)del hebreo lashón (lengua), janupá (vanidad); respectivamente. Otras se usan igual que en el original, tales como: séjel (inteligencia), berajá (bendición), kehilá (comunidad), bejor (primogénito), mazal (suerte), y otros más.

En este aparte, de los hebraísmo, cabe señalar como dato curioso, la adición del sufijo hebreo a palabras españolas, por ejemplo: ladronim (ladrón, en español; + -im, sufijo en hebreo para formar el masculino plural), haraganut (haragán vocablo español + ut sufijo sustantival femenino), etc.

e.3. Otras lenguas:

El judeo-español por su dispersión y contacto con diversos pueblos fue influenciado por otras lenguas como el turco, de donde extrajo palabras como: colay (fácil), adchí (restaurante), duña (belleza), maramón (servilleta), jazné tesorería), mirak (pesadumbre). De origen italiano se pueden citar los siguientes casos: achitar (aceptar), adeso (ahora), fachile (fácil), lavoru (trabajo), rizicu (riesgo). Del griego, toi (sótano), dispot (obispo), joró (baile), maná (abuela); del eslavo: barbanche (tambor para pregonar asuntos públicos), bik (toro), pitulitze (pastel), misirke (pavo); del portugués, el género masculino de la palabra sal, los participios terminados en -endu o -indu, palabras como aínda, etc. Del catalán entraron palabras como: calé (hay que), assaventar(aprender), del gallego, agora (ahora), ayinda(todavía), buraco(agujero), alfinete (alfiler). También el árabe dejó sentir su influencia en la formación del judeo-español, así pues se tienen las palabras como: amán (por favor), bacal (tienda de abarrotes), maramán (servilleta), cané (café), kebab (carne asada), yulaf (avena), y otras.

No se puede terminar este aspecto de la lengua sin antes mencionar el dialecto denominado Haketía. ¿Cómo se originó el vocablo?, ¿en qué consiste este dialecto?

Sobre su origen hay dos versiones: la primera, afirma que proviene de Hakito, que a su vez viene de Isakito, diminutivo del nombre Ishak, nombre común empleado entre los judíos marroquíes; así el Haketía alude a la lengua que hablaban los judíos de Marruecos, y que posteriormente, por las emigraciones, se propagó hacia Ceuta, Melilla, Orán, Gibraltar, Casablanca y América; la segunda versión expresa que este vocablo proviene del verbo Hak`a, en árabe, que significa hablar, decir, contar. Parece ser que esta es la más aceptable.

Este dialecto nace por la conveniencia de sus hablantes quienes temían ser comprendidos por los circundantes extraños (moros y cristianos) y crean su propio dialecto: El Haketía.

Después de la expulsión, gran cantidad de vocablos castellanos fueron reemplazados por otros de la lengua árabe o hebrea, de al forma que el haketía abarca todos los sonidos que entran en los idiomas castellano, hebreo y árabe. El tipo fónico más emparentado con este dialecto es el andaluz.

Una característica del haketía, según lo expresa Hayde, P.(1968), es la tendencia a la especificación; es decir al uso de distintos términos según el grupo religioso al que hace referencia, por ejemplo:

Vocablos referidos al:
CristianismoJudaísmoIslamismo
MaestroRabíJquí
MisaTefiláElá
LecturaMeldarQraiá
JuezDayánQ'adi


Son varios los investigadores que establecen las diferencias notables entre el judeo-español y el haketía, entre ellos: Benarroch (1970), Rapaport (1970), Sephia (1981). El primero afirma que la gran diferencia radica en la conciencia lingüística y la gran expresividad mostrada por los hablantes; Rapaport, este dialecto no recibe influencia de tantas y diferentes lenguas, la mayoría de las palabras provienen del árabe. Sephia trabaja con los diferentes campos de la lengua, en el morfológico comenta la elisión de la última consonante en los verbos, tales como: eso, vo, do, so en lugar de estoy, voy, doy y soy, respectivamente; en el sintáctico, el uso del artículo al lado de un adjetivo: la mi casa, en lugar de mi casa, y en el léxico la palabra merkar en lugar de comprar. Como es natural, existen muchos otros ejemplos lo cuales pueden consultarse directamente de la fuente.


Sobre la autora:
Rifka Cook es estadounidense, escritora y profesora universitaria de Español y Literatura Española en la Northwestern University, de Chicago. Ha publicado obras de ficción como asimismo libros y trabajos sobre análisis de texto y sobre historia y peculiaridades del judeo-español.