Buscador

Sigue a RicardoSoca en Twitter

Español se acerca al francés como segunda lengua en Nueva Zelanda




Ángel Fidalgo, La Nueva España

El entorno laboral del ovetense Santiago González Fernández-Corujedo giró en torno a la Universidad de Oviedo, de la que es catedrático de Filología Inglesa, hasta que hace seis años entró en el servicio diplomático como consejero de Educación, primero del Consulado de España en Miami y desde el año pasado de la Embajada de España en Australia, de la que es consejero para este país, Nueva Zelanda y desde hace poco tiempo también Filipinas.

—¿A qué se dedica en los antípodas?
—A procurar que el sistema educativo español prospere en el exterior tanto para nuestros emigrantes como para introducirnos en el sistema educativo oficial de los países en los que estoy de representante, para que se estudie más lengua y cultura españolas.

—¿Sus principales clientes de habla inglesa?
—Estados Unidos, después Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, donde hay un manifiesto interés por el español por temas comerciales con Hispanoamérica.

—¿El interés es mutuo?
—Uno de los programas que tenemos es el de auxiliar de comunicación, por el cual vienen a España australianos y neozelandeses a trabajar, y nosotros hacemos lo mismo en sentido contrario. Para las seis plazas que nos ofrecieron los neozelandeses hubo 255 candidatos, lo que es muy sorprendente porque para Irlanda, que está muy cerca, se ofertaron doce plazas y los aspirantes no llegaron a cien.

—¿Le impactó su llegada a Canberra?
—En absoluto. Los primeros contactos que hice fueron con asturianos de Felechosa, que habían llegado cuarenta años atrás. Eran mano de obra cualificada, lo que necesitaba entonces Australia. Los que quedaron, pues muchos regresaron a España en los años ochenta, están totalmente integrados en el país, hasta el extremo de que los abuelos no se entienden con los nietos; tal vez porque las sociedades anglosajonas son más absorbentes, que no integradoras, que las nuestras.

—¿Cambió su visión de Asturias desde que está en Australia?
—Para nada. Sigo su actualidad diariamente por la edición digital de LA NUEVA ESPAÑA, y el hecho de disponer de los medios informáticos que te permiten comunicarte y ver a las personas con las que estás en contacto en Asturias, hace que la distancia casi desaparezca y que nunca desconectes, y eso que soy de los del «Oviedín del alma».

—¿El nuevo reto?
—Filipinas, donde estamos trabajando para reintroducir el español en la Enseñanza Secundaria, que había desaparecido en los años ochenta, en la época del presidente Marcos. Es un reto muy importante en el que está implicado un compañero de Avilés, Javier Menéndez. En este año, que es piloto, hay quince centros implicados .

—¿Las perspectivas?
—Partimos con el objetivo de formar treinta profesores de español al año, pero el Gobierno filipino nos pidió que llegáramos a los doscientos.

—El caso de Nueva Zelanda también parece sorprendente.
—Es un país con cuatro millones de habitantes en el que hay 350 escuelas de Primaria y Secundaria donde se enseña español. Nuestra lengua casi ha alcanzado al francés como lengua extranjera, y en la Universidad es la segunda lengua extranjera, después del chino.

—¿Por qué?
—Por los interés neozelandeses en Hispanoamérica. Como curiosidad, diré que la primera cátedra «Príncipe de Asturias» que se creó en el mundo fue en 1991 en la Universidad neozelandesa de Auckland.

—Un país de especial interés para España.
—En los últimos años les hemos vendido barcos de guerra, también aviones militares, estamos tratando de cerrar un acuerdo para construirles submarinos, y España es la que está invirtiendo más en energía solar en Nueva Zelanda.

—¿Y Asturias?
—Podría tener alguna parcela, sobre todo en informática y telecomunicaciones, ámbitos en los que Asturias tiene profesionales muy buenos. En la Universidad también hay intercambios de alumnos y profesores.
«Los asturianos que se quedaron en Australia están tan integrados que los abuelos y los nietos no se entienden»