La corrección lingüística en el periodismo
Ricardo Soca, El Liberal
La corrección lingüística integral consiste en escribir artículos que todo el mundo entienda. Si queremos expresar la idea de conscientizar no podemos ni debemos emplear el verbo concienciar que es un españolismo que pocos lectores argentinos o uruguayos van a entender. Ese tipo de corrección, basado exclusivamente en el diccionario, es la antítesis del periodismo; la obligación del periodista es comunicar el mensaje que tiene para transmitir de manera tal que quien lo recibe lo entienda en forma clara y cabal. Tanto el diccionario como la normativa son apoyos útiles y deben ser empleados, pero con el cuidado de que sean puestos al servicio de la comunicación; no podemos hacer lo opuesto, poner la comunicación al servicio de la normativa.
Este criterio es particularmente importante en América Latina, ya que muchas veces los diccionarios no incluyen las palabras que empleamos localmente sino vocablos de uso casi exclusivo de España; no tiene sentido escribir para lectores locales con palabras de otro país. El Diccionario de la Academia —que empleo mucho, tanto en la versión impresa como en la digital— suele señalar claramente (no siempre de manera acertada) los vocablos de uso regional en todos los países hispanohablantes… excepto de España. Los académicos parecen creer, aunque afirmen lo contrario, que las palabras que se usan sólo en España no son regionalismos ni localismos.
Lo que algunos llaman «idioma prístino y sin máculas» es algo que no existe, que jamás existió en ninguna lengua. Una característica inherente a los idiomas es que son impuros, bastardos, mezclados, intercambian palabras entre ellos y que van cambiando. La «pureza» es un vocablo que no se aplica a la lingüística, así como no se aplica a las razas humanas. La impureza es una condición ínsita de la comunicación humana; la gente no habla pensando en las reglas, simplemente habla y se comunica, la normativa viene después. Y esto no va dicho en desmedro de la normativa. Si queremos nombrar al aparatito que empleamos para mover el cursor en la pantalla de la computadora ¿debemos llamarlo ratón como sugiere el diccionario o mouse como decimos todos en el Río de la Plata?
Pero esto no significa que un periodista pueda descuidar el lenguaje. Muy por el contrario, debe extremarse en el esmero con que emplea la lengua con que se dirige a sus lectores, ella constituye su principal herramienta de trabajo y su uso profesional acarrea una responsabilidad: el periodista, independientemente de su voluntad y de su conciencia, transmite a los lectores normas lingüísticas en sus textos, transmite normas ortográficas y, si lo hace mal, estará transmitiendo errores que muchos lectores podrán tomar por buenos.
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