21/12/2008

«El castellano nos da de comer»

ABC

Cuando se acaba de proclamar en el pacto de la inmigración que el catalán es esencial para la integración, la afirmación que titula este texto pertenece a un inmigrate subsahariano que pretende explicar por qué acude a clases de lengua castellana, y no de catalán, que organiza la asociación de vecinos de Las Torres-Rubí 2000 en el marco del programa «Entre Vecinos» de la Fundación Clariana.

Más de treinta inmigrantes abarrotan la pequeña aula, emplazada en el suterráneo del local vecinal, donde una ex ejecutiva peruana, Teresa Alcántara, enseña, en francés e inglés, las primeras nociones de español a africanos, árabes y asiáticos.

«Las personas de habla no hispana cuando llegan por primera vez a España están totalmente marginadas, sin papeles y sin trabajo, y lo que es peor aislados socialmente por el desconocimiento del idioma», cuenta Teresa, que desde hace dos años da clases de castellano a los recién llegados.

Esta ex ejecutiva peruana, que trabajaba como directora de personal de una empresa de automoción, llegó hace once años al municipio de Rubí para cuidar a los padres de la jefa de una amiga de la infancia. En Lima, la mujer tenía chófer y tres empleadas domésticas a su servicio antes de que la crisis de principios de los noventa la obligara a despedir a sus 350 empleados y a ella misma.

En 1997 abandonó su país natal para poder ofrecer un futuro mejor a sus hijos y, desde entonces, trabaja en tareas del hogar como empleada -«He hecho de todo», añade, pese a tener estudios universitarios y dominar tres idiomas. Teresa confiesa que a su edad, más de cincuenta años, ya no le interesa convalidar su título universitario de «Relaciones Industriales» y porque ahora es más feliz con una vida menos ostentosa y, sobre todo, con su labor social.

«Cuando llegan el miedo y la tristeza se refleja en sus ojos, pero después de unas semanas de clase salen con una enorme sonrisa», dice la profesora altruista. La alegría y el agradecimiento del prójimo es la mejor moneda para los voluntarios con alma solidaria.

Teresa Alcántara, que preside la asociación de peruanos de Rubí «Y me llamó Perú», lamenta que las clases de español no estén también subvencionadas por el gobierno de la Generalitat y los ayuntamientos catalanes. «Ellos aprenden castellano porque con este idioma pueden viajar por toda España y por todo el centro y el sur de América», dice la profesora peruana que evita entrar en polémica con la política lingüística de la Generalitat.

Catalán para limpiar chalets

Una quincena de mujeres asisten a clases de catalán, estas sí subvencionadas, en el local de la asociación de vecinos Las Torres-Rubí 2000. «Las suramericanas se han dado cuenta -apunta Eduardo Asensio, presidente de la entidad vecinal- de que si hablan catalán pueden trabajar como empleadeas del hogar en los mejores chalets y casas residenciales de Sant Cugat del Vall_s», el municipio vecino que tiene la renta per cápita más alta de Cataluña.

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