22/10/2007

Náhuatl: millones de hablantes y presencia en el español

Juan Solís
El Universal

Discriminación: los indígenas mexicanos no tienen arte; hacen artesanía; no poseen espiritualidad, sino supersticiones; no tienen normatividad, se rigen por usos y costumbres; no tienen lenguas, hablan dialectos, como el náhuatl, que a pesar de todo se erige en pleno siglo XXI como una lengua viva con más de 2 millones y medio de hablantes y miles de vocablos incrustados en el castellano.

Una muestra de la vitalidad de esta lengua es el Diccionario del náhuatl en el español de México, editado por el Gobierno del Distrito Federal y la Universidad Nacional Autónoma de México, que integra en su corpus más de 2 mil nahuatlismos y mil toponimias.

Coordinado por el investigador y académico de la lengua Carlos Montemayor, el volumen será presentado este lunes en el marco de la inauguración del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, ubicado en la antigua torre de la Secretaría de Relaciones Exteriores, parte de la Plaza de las Tres Culturas.

Montemayor cae en la cuenta de lo significativo que es presentar un diccionario del náhuatl en Tlatelolco, sitio en el que se edificó en 1536 el Colegio de Santa Cruz, la primera escuela para indígenas nobles en la Nueva España. “Este diccionario registra voces del náhuatl en el español que se habla en México. La colindancia de lenguas produce una influencia mutua. Se propone registrar las voces de usos cotidianos, los nombres usados en la herbolaria, las toponimias y nombres personales.”

Desde que Cecilio Robelo publicó en 1904 su Diccionario de aztequismos, muchas voces han desaparecido y otras se han incorporado, apunta Montemayor, quien no olvida un diccionario posterior, elaborado por Luis Cabrera.

“Hemos actualizado los nahuatlismos mediante encuestas, revisiones de tratados publicados recientemente; también, procuramos que haya una explicación léxica muy clara tanto en las acepciones que tienen estas voces en el español de México como en la estructuración del náhuatl.”

El diccionario está dividido en cinco secciones: nahuatlismos, herbolaria, toponimias, frases y refranes, y apéndices. Esta última incluye apartados dedicados a figuras poéticas del náhuatl en México y al análisis de nahuatlismos polémicos, entre otros.

Tres años duró la elaboración del libro, realizado a petición del programa académico México Nación Multiétnica y Pluricultural, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM.

Montemayor coordinó a un grupo de tres investigadores: Librado Silva Galeana, Enrique García Escamilla y Enrique Rivas Paniagua, aunque en la exploración participaron más de 50 historiadores, biólogos, periodistas, lingüistas e instituciones de todo el país.

Explica Montemayor que la labor requirió un equipo grande debido a que tenían que cotejar en diccionarios regionales la existencia o ausencia de una voz, o bien hablar con mixtecos, tojolabales o totonacos para saber si regiones con nombres en náhuatl tenían en su lengua otros nombres.

“El náhuatl es una lengua viva, es la más hablada de los pueblos originarios, seguida por el maya yucateco. Hay una vitalidad de la lengua que se corresponde con la vitalidad de otros aspectos de la cultura: gastronómico, religioso, lúdico, dancístico, musical, que van permeando nuestra vida cotidiana.”

“Nosotros decimos chipi chipi, no llovizna. Muchos lingüistas españoles se resisten a creer que muchas voces y acepciones del español de México provienen de lenguas indígenas. Supongo que piensan que es natural enriquecer el español con voces del alemán, inglés o francés, pero se sienten humillados si decimos que el español está influenciado por el náhuatl o el quechua.”

El ensayista ve con optimismo la existencia de un nutrido grupo de escritores en lenguas indígenas, que a la par de crear se desempeñan como promotores culturales, investigadores y profesores. De la misma manera alaba esfuerzos como el de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México por incluir el náhuatl como materia.

Y más allá de México, la presencia del náhuatl o el mixteco en Estados Unidos, a partir de la migración, comprueba que “el territorio no se convierte en el referente básico del florecimiento de las culturas, sino la identidad, el sentimiento de formar parte de una comunidad.

“En Carolina del Norte hay un centro de enseñanza de lenguas indígenas de todo el continente, establecido desde la Segunda Guerra Mundial, con dinero aportado por el ejército de EU, porque necesitaba la enseñanza de lenguas indígenas para disponer de cuadros que pudieran internarse en diversas zonas del continente y tener información en cualquier momento. Se les olvidó que también necesitaban aprender árabe.”

“No sería difícil que en México los niños tuvieran una o dos horas a la semana para el estudio del purépecha, en Michoacán, o del náhuatl en el Distrito Federal. Con eso podríamos transformar al país en poco tiempo.”

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