29/01/2012
José Pérez Guerra, Infoenpunt
o
Víctor García de la
Concha, se hace cargo del Instituto
Cervantes con el propósito de
responsabilizarse de las relaciones
institucionales del idioma
español en el mudo, consciente de
que, apunta, «la lengua es un
valor intangible, pero cada vez
está más claro que
también es un valor
económico de primera
magnitud»... por eso debemos,
agrega, «desarrollar una potente
industria del español en el
extranjero, porque la expansión
de la lengua genera muchísima
riqueza».
El Instituto Cervantes se creó en
1990 con el propósito de
proporcionar la enseñanza del
español en el mundo. En aquel
inicio escribimos que ‘hay que organizar
un instituto efectivo para lograr que
las acciones dispersas se aglutinen en
una sola dirección, con una
política bien definida; que el
personal responsable se elija entre los
más capacitados y no entre los
que tengan carnet del partido
gobernante; y que esté bien
dotado para que los centros cuenten con
las herramientas necesarias...».
Han pasado veintidós años
y el Instituto precisa afinar su
actuación afirmando esa
profesionalización e
independencia política que
apuntamos en su día para, fuera
de consignas y exposiciones de
compromisos, centrarse en su
misión con los recursos
necesarios. Porque en Estados Unidos,
donde el español va alcanzando el
rango necesario para lograr el
bilingüismo, en un país
donde en su protohistoria se alternaba
el español con las lenguas
autóctonas, ya hay conciencia de
esa realidad que la emigración,
desde otras ‘américas’, avivan.
Pero el español que, tras el
inglés, es el idioma
internacional más hablado en un
tiempo en el que la Sociedad de la
Información carece de fronteras,
es un importante activo que los
políticos españoles no
aprecian en su justa medida. E incluso
en ciertas comunidades
autonómicas se obstaculiza su uso
buscando así una
implantación de las llamadas
lenguas propias por vía
gubernativa, sin que se tenga en cuenta
el mandato constitucional y la realidad
cultural de un larguísimo
trayecto histórico.
Tampoco el Gobierno de España se
preocupa del español; y esa
desidia se advierte en la Comunidad
Europea al dejar su papel relegado a un
segundo nivel. Un dato: el
ejército europeo se debe al
entendimiento de Mitterrand y Helmut
Kohl, y contó en origen con dos
idiomas: alemán y francés.
Se suma Bélgica y exigió
el neerlandés, y cuando le toca
el turno a España
—gobernada por Felipe
González— en vez de
incorporar el español lleva a
Bruselas el inglés. Y es que
España, entre el complejo y la
desidia, aparece como ‘peón de
brega’ de lo anglo sin la menor
contrapartida, valoración tan
alta que la presidenta de la Comunidad
de Madrid, Esperanza Aguirre, quiere
ahora traer nativos para enseñar
el inglés en Madrid. Será
para que tengan mejor acento.
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