20/02/2011
«El español necesita
más presencia en la internet»
Di
ario de Sevilla
EL fructífero paso de
Víctor García de la Concha
por la dirección de la Real
Academia Española se nota en
muchos detalles. Por ejemplo, en la
biblioteca de los académicos,
donde se desarrolla esta entrevista. Se
recuperó en la ejemplar
rehabilitación del
histórico edificio de la
Academia.
—¿Es cierto que su
gestión ha coincidido con doce
años revolucionarios en la
Academia?
—Sí, pero hay que
explicarlo. Quien puso las bases para la
renovación de la Academia fue
Fernando Lázaro Carreter.
—¿Cómo fue esa
renovación?
—Él renovó los
estatutos en 1993. Entonces yo
entré con él como
secretario. Fueron seis años
inolvidables, en los que
acompañé a Fernando
Lázaro, que al final estuvo
enfermo, y lo estuvo en gran parte por
su enorme dedicación.
¿Qué hubo que hacer? Pues
lo primero rehabilitar el edificio de
arriba abajo. La Academia fue muy pobre
durante el franquismo.
—¿Por qué fue pobre?
—La Academia no se plegó al
control y la censura. Franco
destituyó a los académicos
republicanos del exilio, pero como la
Academia hizo oídos sordos,
cerró el grifo de las ayudas y
sobrevivió con unos ingresos
mínimos. Al llegar Lázaro
Carreter, hubo que renovar todo. Yo le
propuse recuperar esta antigua
biblioteca, en la que habían
puesto estanterías
metálicas. Conseguí
recuperar las antiguas de madera en un
colegio mayor de Alcalá de
Henares. En esos años
también se creó la
Fundación Pro Real Academia.
Lázaro fue un renovador.
—¿Se considera el
continuador de la obra de Lázaro
Carreter?
—Hubo consenso para elegirme. No
olvidaré que me presentó
como su sucesor, según dijo,
"para el plan de reformas que los dos
hemos diseñado". Y me
insistió en los dos grandes retos
que tenía. Uno era consolidar las
finanzas. La Academia tiene ahora 70
personas en plantilla y hasta 100
trabajando. Para su economía es
importante la Fundación, que
tiene al Rey como presidente de honor,
aunque lo ejerce de un modo efectivo.
También están los
presidentes de grandes bancos y grandes
empresas. Y el otro reto era
América.
—América ha sido su
principal preocupación…
—Sí. Yo tenía que
hacer efectiva la unidad de las
academias. Cuando entré como
secretario, hablé con Alonso
Zamora Vicente, y él ya entonces
me dijo: "El futuro del español
está en América". Ayala
también me lo dijo. Y al
día siguiente de ser elegido
director, me llamó el Rey, fui a
la Zarzuela, y me dijo: "Te voy a pedir
que te dediques a América. Yo te
abriré las puertas". Y así
ha sido.
—Ha realizado más de
cincuenta viajes a países
americanos.
—Empecé por visitar todas
las academias. En cada viaje
acudía a varias, y habrán
sido unos 50 viajes. La idea era
trabajar en conjunto, como se demandaba
desde que se publicó la
Ortografía de 1988.
—Habla de una política
lingüística
panhispánica. ¿En
qué consiste?
—Consiste en que los tres grandes
códigos de nuestra lengua, el
léxico a través del
Diccionario, la Gramática y la
Ortografía, sean obra de todas
las academias y que atiendan al
español total. De las 22
academias, hay 19 en
Hispanoamérica, más las de
EEUU, Filipinas y España. El
léxico común supera el
90%, sólo hay un 10% de variedad
dialectal. La gramática ya es
unitaria por primera vez y la
ortografía también es
unitaria. Pero había que
estructurar eso.
—¿Ha sido difícil
coordinar academias de tantos
países?
—Era un desafío. Algunas
academias no tenían sedes o
bibliotecas. Hicimos un acuerdo con la
Agencia Española de
Cooperación Iberoamericana para
restaurar edificios nobles como sedes
académicas. Después,
cuando elaboramos el Diccionario
panhispánico de dudas, creamos
ocho grandes organizaciones por
áreas geográficas, cuyas
observaciones a las ponencias se
integraban o estudiaban en
comités interacadémicos.
—¿La Nueva Gramática
de 2009 fue la primera gran
aportación panhispánica?
—Era la primera vez que se
hacía una gramática del
español total. No había
precedentes. Fue monumental, sin
exagerar. La comisión se
reforzó con grandes
gramáticos que analizaron todo.
Por primera vez tenemos un mapa del
español en cada una de las
áreas lingüísticas.
Además la Nueva gramática
ofrece descripciones tan detalladas que
recoge la norma de todos y cada uno de
los países.
—¿Cómo está
ahora el español en el mundo?
—Tiene una gran expansión,
sobre todo en América;hacia el
norte, en EEUU, y hacia el sur, en
Brasil. Los españoles sólo
representamos el 10% de los
hispanoparlantes. El 90% son americanos.
El principal reto es consolidarse como
la segunda lengua de la comunidad
internacional en Occidente. Para eso
necesita cuatro cosas: un gran
número de hablantes, fuerte
unidad, fuerte presencia en el mundo
digital y más reconocimiento
cualitativo internacional.
—Ahí fallamos.
¿Qué le parece el caso de
las patentes europeas, que no se admiten
en español?
—Eso es un dolor. Hay que dar a
valer el peso del español. Es
cierto que en Europa es superado en
número de hablantes por el
francés o el alemán. Pero
es una lengua mundial muy importante. El
reconocimiento que necesita está
ligado a tener más presencia en
el mundo digital. También es
verdad que le falta presencia en el
campo de la ciencia y se presentan pocas
patentes en español.
—¿Vamos mal en internet?
—El crecimiento de internautas en
español ha subido
exponencialmente. Somos los segundos.
Pero otra cosa es el número de
páginas en español, que
está muy atrás.
—¿Y cómo está
el español en España?
—Para empezar, hay que afirmar que
es una riqueza patrimonial de todos los
españoles que haya cuatro
lenguas. El domingo pasado
ingresó como académica
Inés Fernández
Ordóñez y habló
sobre la configuración del
español. Explicó que no se
configuró solo sobre el
castellano, sino también sobre
las otras lenguas.
—¿Está marginado en
Cataluña?
—El español es una lengua
muy potente, poderosa. En
Cataluña ¿cuántos
periódicos se publican en
castellano y cuántos en
catalán? Yo jamás he
tenido problemas en Barcelona.
—¿No hay conflicto
lingüístico?
—El conflicto de las lenguas
está en la política y en
los políticos. No niego que haya
excesos. Pero de ahí a decir que
el español está en
peligro… Eso no resiste un
análisis. En esas comunidades hay
que tender al bilingüismo.
—¿La Academia no
debería entrar en algunas
polémicas políticas?
—No. Sólo hacemos
política lingüística
panhispánica, pero sin entrar en
política. Una vez que lo hicimos,
por unanimidad, en tiempos de
Lázaro Carreter, fue una
experiencia terrible. Sí,
terrible. Ni un periódico nos
defendió. Así que nunca
más.
—¿La Academia es
apolítica?
—Tiene que serlo. Cada
académico tiene su
ideología, y los hay de derecha y
de izquierda. En su tiempo, Buero
Vallejo era muy amigo de Torcuato Luca
de Tena.
—¿Y usted qué piensa
cuando una ministra dice miembra?
—La lengua evoluciona, pero de
acuerdo con unas reglas que responden al
sistema. El membra latino podría
haber dado miembras, pero no lo ha
hecho. Es una exageración del
principio de visibilidad femenina.
Ahí se confunden la lengua y las
ideas. En español hay
bueno/buena, listo/lista, pero en otros
casos no.
—¿Qué le parece
hablar por duplicado, decir
"compañeros y compañeras",
"ciudadanos y ciudadanas"?
—Sentar esa explicitación
como una norma general nos
llevaría a cosas
ridículas, como decir "voy a
cenar con mis hijos y mis hijas, que
están en casa con mis nietos y
mis nietas". Eso va contra un principio
esencial, como es la economía
lingüística, decir lo
máximo con los mínimos
elementos posibles. Un político
tampoco lo desarrolla completamente en
un discurso; empieza explicitando, pero
luego ya no, porque es contra natura.
—En 2013 se publicará un
nuevo Diccionario. ¿Habrá
cambios?
—Sí, hay mucha
revisión. Algunas enmiendas ya
están en la página de
Internet, que recibe un millón de
consultas. El Diccionario es una tarea
permanente.
—¿Cómo le
gustaría que le recuerden?
—Como un académico
entusiasta, que entregó dieciocho
años de su vida al servicio de la
Academia como secretario y director. Y
como un gran impulsor de la
política lingüística
panhispánica. Las
veintidós academias son hoy como
una gran familia.