08/09/2010
ABC
Una vez más, con retraso
—¿con prudencia?— la
Real Academia Española admite
nuevos términos. Mejor dicho: no
términos nuevos, sino
todavía no admitidos cuando su
vigencia era ya un hecho. Los unos, cosa
de tiempo ha, como este de
«muslamen», populismo muy
castellano, de reciente cuño,
como lo de «cultureta»,
catalanismo, que no catalanada, que se
originó en Barcelona allá
por los 60 ó 70 del siglo pasado.
Por una parte, mucho retraso; por otra,
no tanto; y por una tercera, qué
diligencia: la de aceptar
«bróker», por
ejemplo. Bien. Así es
prudentemente cansina la Academia que,
hay que recordarlo, tiene autoridad
normativa, pero no impositiva. El
«populus», el hablante y el
«escribiente»,
seguirá procediendo como le
dé la gana, y a la más o
menos larga casi siempre ganará
la partida.
Pero ahora lo que más me interesa
comentar es lo de un neologismo muy
reciente y que tiene que ver nada menos
que con El Año Santo Jacobeo.
Evidentemente, en esta ocasión el
Camino de Santiago es frecuentado como
con toda seguridad nunca lo fue. Siempre
ruta internacional, sobre todo europea.
Ahora, peregrinos de diversas partes de
la Tierra. Por lo tanto,
plurilingüe. ¿Que el
plurilingüismo ha ocasionado la
creación de un neologismo? Es de
suponer por más que su causa
radique en algo no solamente
español. ¿Que se debe a la
típica e histórica y muy
literaria picaresca hispánica? No
sólo a ella. Pícaros los
hay en todas partes, y no podían
faltar en el Camino. Con todo, el
neologismo en cuestión tiene
hispánica filología, y
también picaresca internacional.
Resulta, pues, que los peregrinos a
Santiago pueden obtener un documento
—la
«compostela»—, que les
facilita, hasta cierto punto, comida y
albergue gratis o con descuento notable.
Quién no lo aprovecharía,
máxime en tiempos de crisis no
sólo española. Y
también resulta que
—españoles o
extranjeros— no todos los que van
a Compostela van por razones religiosas.
También se acude por turismo, de
calidad cultural, pero turismo ajeno a
lo que significa el Camino. Quien
entrega la «compostela» no
pregunta acerca de la motivación
del caminante, y da lo que se le pide.
Pero, por lo visto, se ha llegado a
detectar muy bien que junto con el
peregrino auténtico marcha quien
ha dado lugar al neologismo en
cuestión:
«turigrino», él o
ella, claro.
Y ya que el Camino no se recorre
sólo de Año Jubilar en
Año Jubilar, es de suponer que lo
de «turigrino» se irá
incrustando en el hecho de la
peregrinación, lo que es decir en
la lengua castellana. Y no sólo
en ella: fácilmente, en el
catalán y en las demás
lenguas románicas. También
puede que, como préstamo, en
otras. ¿Cuándo lo
admitirá la Academia? No se sabe.
Lo que sí se sabe es que no
podrá oponerse a él.
Término que tiene su gracia no
ajena a la nuestra mejor literatura
picaresca.
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