31/07/2010
La
Jornada
El Diccionario de la Real Academia
Española (RAE), que se
elabora de forma conjunta con las
veintidós academias de la lengua,
incorporó a partir de este
sábado 2.996 cambios, entre ellos
numerosas voces o acepciones recientes
extraídas de la evolución
cotidiana del uso del idioma.
Entre los nuevos vocablos, voces o
acepciones están rojillo,
anticelulítico,
antiestrés, abertzale y
cultureta, los cuales a partir de
hoy tienen el reconocimiento oficial de
los académicos.
Desde la publicación, en 2001, de
la vigesima segunda edición del
diccionario, éste ha sufrido
cuatro grandes modificaciones: la
primera fue en 2004, pues se sumaron
2.576 cambios; la segunda, en 2005, con
9.029 modificaciones; la tercera, en
2007, con 4.618; y la más
reciente, este año, con 2.996. En
total son 19. 219 cambios, todos
acordados mediante consenso por las
veintidós academias de la lengua,
para armonizar los usos y costumbres del
idioma.
Las modificaciones únicamente se
pueden consultar en la página web
de la RAE (www.rae.es)
, pues aparecerán, más las
que se acumulen en los próximos
años, en la vigesimotercera
edición del diccionario, prevista
para 2013.
El idioma vivo
A pesar de las numerosas e importantes
modificaciones, los académicos
pospusieron algunas peticiones
polémicas de la sociedad civil,
como la de incorporar el matrimonio
entre homosexuales en la
definición tradicional de esa
unión. O la modificación
de la palabra franquismo, puesto que a
pesar de que España vive desde
hace más de 30 años en
democracia todavía no se le ha
definido como una dictadura, como
reclaman numerosos grupos de
represaliados y sus familiares.
Pero más allá de las
ausencias, el secretario de la RAE,
Darío Villanueva,
señaló que las
incorporaciones y modificaciones son de
relevancia, puesto que demuestran la
viveza de la lengua y que las academias
están en el tajo siempre,
haciendo aportes continuos para seguir
el ritmo de la sociedad y del idioma.
Entre las nuevas palabras destaca, por
ejemplo, rojillo, que los
académicos definen como el que
tiene tendencias políticas
más bien izquierdistas. Y se
diferencia, por ejemplo, de rojo,
que para la RAE es alguien que en
política es un radical,
revolucionario. Otra palabra con cierto
cariz político es
abertzale, que definen como
"dicho de un movimiento político
y social vasco, y de sus seguidores.
Nacionalista radical".
Las academias también
incorporaron la palabra
cultureta, que define a esa
"persona pretendidamente culta"; o
"antiespañol", que es alguien
contrario a todo lo relacionado con
España.
Otras curiosidades de los
académicos es la
incorporación de muslamen,
que son los muslos de una persona,
especialmente los de mujer.
Una palabra muy debatida fue la del
libro electrónico, pues los
académicos se plantearon hasta el
último momento aceptar, como
sí hizo el diccionario de
María Moliner, la palabra en
inglés e-book. Finalmente,
no se admitió y se definió
el libro electrónico como un
"dispositivo electrónico que
permite almacenar, reproducir y leer
libros".
Otras palabras que ya reconoce el
Diccionario de la RAE son de uso
común en muchas latitudes y
tienen que ver con el mundo actual, como
anticelulíticos,
antiestrés, art decó, art
nouveau, grafitero, teleconferencia, jet
lag, homófobo, festivalero,
espray, bonus, acción de oro,
base monetaria.
Otro vocablo admitido es el adjetivo
buñueliano, que se había
solicitado desde hace varios años
por el también cineasta
español José Luis Borou, y
que define como perteneciente o relativo
a Luis Buñuel y su obra.
También hay pequeñas
modificaciones de palabras que han
estado en tiempos recientes muy
presentes en los medios de
comunicación y en la calle, como
pederastia, la cual hasta ahora
sólo se definía como
sodomía y a partir de
ahora es práctica del coito anal,
además, obviamente, de la de
abuso sexual de niños.
Para justificar esas modificaciones,
Villanueva añadió que
«la Academia no legisla, no crea
realidades. Simplemente introduce en el
Diccionario acepciones y términos
que están en el lenguaje. No
emite en relación con ellos
ningún juicio de valor,
actúa con la más absoluta
objetividad, al considerar que afecta a
450 millones de personas».
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