29/06/2010
Ignacio Cembrero, El
País
La barcelonesa Sara Domene, profesora de
castellano, fue expulsada hoy por
Marruecos por ser evangélica
«Al principio pensé que me
estaban gastando una broma». Sara
Domene, de 31 años, no daba
crédito
cuando, el viernes pasado a
mediodía, recibió una
llamada del Depositario de los Bienes
del Estado Español en el
Sáhara, un funcionario que ejerce
a veces funciones consulares en El
Aaiún.
La invitó a que se pasara por su
despacho esa misma tarde para leerle una
orden de expulsión, firmada por
el gobernador del Sáhara, Mohamed
Guelmous, que las autoridades de
Marruecos habían remitido a la
Embajada de España en Rabat: Sara
Domene constituye, reza el texto,
«una grave amenaza para el orden
público y su expulsión es
una necesidad imperiosa para
salvaguardar la seguridad
pública».
Detrás de esa supuesta amenaza se
esconde una acusación de
proselitismo, un delito que figura en el
código penal marroquí.
Domene es evangélica y desde
noviembre de 2007 daba clases de
español en El Aaiún por
cuenta de una ONG con sede en
Andalucía y con la ayuda
económica de una Iglesia
Evangélica de Sant Boi de
Llobregat (Barcelona), la ciudad
dónde nació.
«Soy evangélica, pero soy
filóloga y me he dedicado
exclusivamente a dar clases de
castellano con las que
recaudábamos dinero para dos
centros de niños
discapacitados», asegura al
teléfono desde Las Palmas
dónde llegó hoy procedente
de El Aaiún. «Es
más, como en El Aaiún no
hay iglesia protestante acudía el
domingo a la católica de los
Misioneros Oblatos de María
Inmaculada para reunirnos entre
cristianos».
Desde marzo unos 120 cristianos, en su
mayoría occidentales, han sido
obligados a abandonar Marruecos. Una
enérgica intervención de
la Embajada de EE UU logró
frenar, la semana pasada, las
expulsiones de sus ciudadanos, pero las
de otros países como
España siguen adelante.
El funcionario español que
trasladó la orden a Domene le
ofreció «protección
consular» para intentar impedir la
ejecución de la sanción,
precisan fuentes de Asuntos Exteriores.
«No es verdad», repite la
profesora. «No se me dio tampoco
una copia de la orden».
«Creo que la diplomacia
española podría
defendernos con más
ahínco». Sin copia Domene
queda en situación de
indefensión jurídica
porque no puede impugnar la orden en los
tribunales, según fuentes de su
ONG.
Domene es la segunda española
expulsada por Marruecos después
de Francisco Patón, de 60
años, gerente de una empresa
fotovoltaica en Rabat, que, según
Exteriores, recurrió la medida a
mediados de mayo, ante los tribunales
marroquíes, con la ayuda del
Consulado de España en Rabat. Su
recurso fue desestimado.
Del despacho del funcionario
español Domene pasó, el
viernes, a la comisaría central
de policía. «Allí me
esperaban seis agentes empezando por el
comisario jefe para comunicarme la
orden», recuerda la expulsada.
«Me advirtieron de que
disponía de 48 horas para
largarme y que si no lo hacía
habría represalias».
«Al principio hubo tensión
porque les pregunté el por
qué de la sanción y les
dije que era injusta y
arbitraria», añade la
cooperante. «El traductor que me
habían puesto se enfadó
conmigo porque, según él,
esas cosas no se deben decir ante la
policía». «Ellos
contestaron que yo no estaba allí
para hacer preguntas».
Pero después Domene se
echó a llorar «y los
policías corrieron a buscar
pañuelos y empezaron a dar
explicaciones». «Nosotros te
conocemos y no tenemos nada contra
ti», repetían. «Son
órdenes que vienen de arriba y
que tenemos que cumplir», se
disculpaban.
Cuando salió de la
comisaría empezó para
Domene el «fin de semana
más triste de su vida».
«Me dediqué a despedirme de
mis estudiantes y ex estudiantes en su
mayoría saharauis»,
rememora. «Los resultados de la
labor de Domene han quedado avalados por
la obtención, por buena parte de
sus alumnos, del certificado de
conocimiento de la lengua castellana
expedido por el Instituto
Cervantes», señala un
comunicado del Consejo Evangélico
de Cataluña.
«Un buen puñado de alumnos
me acompañó hoy al
aeropuerto para despedirme»,
concluye Domene. «La
policía estuvo pendiente de mi
hasta que embarqué, pero no se
produjo el menor problema».
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