24/04/2010
Los dobletes de la lengua
«El doblete es una
herramienta útil para dar
expresividad al lenguaje y para
ahorrarnos la creación de
neologismos. Pero si se recurre a los
dobletes con demasiada
reiteración, el discurso puede
resultar cansino».
Amando de Miguel,
La
Libertad Digital
Recuerdo el principio de economía
del lenguaje. Para comunicarnos
empleamos el menor esfuerzo posible en
signos, palabras y frases. Muchas voces
son polisémicas, esto es, pueden
significar varias cosas según el
sentido de la frase. Pero luego
interviene el principio contrario de la
expresividad. No solo nos comunicamos,
sino que, a través de las
palabras, manifestamos sentimientos.
Ahí entra el barroquismo de la
expresión. Una combinación
de los dos principios es el de los que
podríamos llamar
«dobletes». Consisten en
juntar dos sustantivos, de tal forma que
el resultado es un nuevo concepto. En
lugar de inventar una palabra nueva, la
formamos con dos sustantivos conocidos.
Por ejemplo, «idea fuerza» o
«chalet piloto». Esta
fórmula quizá provenga del
inglés, donde los dobletes se
hacen con toda facilidad. La
razón es que, al anteponer un
sustantivo a otro, el primero hace de
adjetivo. Por ejemplo,
death
penalty (= pena de muerte). En
español no podemos decir
«muerte pena», como
quizá diría un niño
o una persona que estuviera aprendiendo
el español como lengua
extranjera.
En el origen del lenguaje, primero
llegaron los sustantivos y algunos
verbos. En último término
aparecieron los adjetivos, que son las
cualidades de los sustantivos. Ese
proceso se percibe muy bien en el modo
que tiene un niño de ir
aprendiendo la lengua materna. Por eso
mismo, los dobletes de dos sustantivos
juntos remedan un poco el lenguaje
infantil. Veamos ya algunos ejemplos de
dobletes. Han aparecido hace poco
tiempo; muchos forman parte de la jerga
coloquial pero con ínfulas
técnicas. Hay algunos más
clásicos, como «ciudad
jardín», «guerra
relámpago» o «libro
homenaje». Hay otros casos en los
que el doblete, más que expresar
una nueva idea, representa más
bien el doble uso que se da a la cosa.
Por ejemplo, «salón
comedor», «sofá
cama», «falda
pantalón» o
«conferencia coloquio».
El mundo del transporte es propicio a la
formación de dobletes:
«carril bici»,
«camión cisterna»,
«barco nodriza», «bono
bus», «bus vao»,
«tractor oruga».
Hay veces en las que el doblete se
emplea para acuñar un nuevo
concepto con un aire un tanto despectivo
o por lo menos que rebaja la calidad de
la primera palabra. Ejemplos:
«juez estrella»,
«salario base»,
«comida basura»,
«coche bomba», «mujer
objeto», «tren
botijo».
El doblete es una herramienta
útil para dar expresividad al
lenguaje y para ahorrarnos la
creación de neologismos. Pero si
se recurre a los dobletes con demasiada
reiteración, el discurso puede
resultar cansino. El idioma
español (frente al inglés,
por ejemplo) tolera mal las repeticiones
de palabras, las cacofonías
(sonidos parecidos cercanos), incluso
las rimas en la prosa.