18/11/2009
Li
bertad Digital
Nuestro idioma es hablado por más de 440
millones de personas. Una masa crítica
que hace del español una de las
oportunidades de negocio más fiables de
nuestra economía. Algo que también vale
para los tiempos de crisis.
Es complicado entender el valor real de
un activo intangible como un idioma. De
hecho, hasta ahora no se había siquiera
intentado. Los primeros en hacerlo
fueron los ingleses, cuyo espíritu
mercantilista les ha llevado a
posicionar su idioma como uno de los
grandes activos de su economía.
Pero, ¿cómo puede cuantificarse
lo que el español genera desde un punto
de vista estrictamente mercantil?
Se trata de una pregunta que parece
estar en boga en los últimos años. A su
respuesta se han lanzado multitud de
filólogos y economistas que han
concluido que el idioma tiene un precio,
mueve un volumen concreto de dinero,
genera ingresos, emplea un número
determinado de personas y permite
ahorrar en la formación de los
trabajadores que se hallan en una zona
donde predomina el uso de dicho idioma.
De modo que, el idioma, como el agua o
el aire tiene un peso específico y
cuantificable.
El catedrático de Economía Aplicada José
Luis García Delgado, en un artículo
incluido en el libro El español de los
negocios (2008) hace una aproximación de
lo que podría ser la definición de esta
cuantificación de lo inmaterial: "Se
trata de un activo dotado de importantes
externalidades, incapaz de ser apropiado
por los agentes económicos que acceden a
su uso, que carece de costes de
producción y que no se agota al ser
consumido”. Según esta visión, la lengua
es un bien público, cuyo valor aumenta
conforme crece el número de personas que
la hablan y conforme crece su utilidad
como medio de comunicación
internacional.
El primer estudio sobre la rentabilidad
del castellano, dirigido por Ángel
Martín Municio, fue publicado en 2003.
Calculaba que el español equivalía al
15% del PIB. El cálculo proviene de
considerar el idioma como un activo que
se incorporaba a todos los bienes y
servicios finales producidos en España.
Tres dimensiones
Desde el punto de vista económico, la
lengua es un componente esencial del
capital humano y social de una
comunidad. Existen tres diferentes
formas de evaluarla antes de ser
cuantificada. Los profesores Francisco
Moreno y Jaime Otero, autores de El
Atlas de la lengua española en el mundo,
distinguen tres dimensiones distintas de
este negocio de lo intangible.
La primera dimensión la encontramos en
los ingresos que genera la propia
enseñanza del idioma y las actividades
asociadas a ella. En segundo lugar, se
situaría toda la producción cultural, de
ocio y servicios que utiliza un idioma
como soporte (cine, teatro,
publicaciones, etc…). Y en tercer lugar,
una lengua y una cultura comunes pueden
facilitar el comercio y las inversiones
internacionales; debido a la reducción
de costes de transacción que permite
(formación, información, negociación…).
Oportunidades
A nadie se le escapa que, en este
contexto, el español es una de las
fuentes de riqueza con más recorrido de
nuestra economía. La creación de un área
económica que tenga como principal
sinergia el idioma representa una de las
mejores bazas. Y es el eje de una
estrategia común en el nuevo mapa
económico global que ha abierto la
crisis.
España, como país originario del
español, ha apostado por revitalizar el
eje atlántico y su relación con
Latinoamérica. De hecho, el borrador de
objetivos presentado por el Gobierno
para la Presidencia española de la Unión
Europea (2010) centrará sus esfuerzos en
potenciar las relaciones entre Europa y
América Latina.
Por otra parte, la llegada del demócrata
Barack Obama al poder en Estados Unidos
representa una oportunidad única; dada
la vecindad del coloso yankie con los
países de habla hispana y la anunciada
revisión de las relaciones exteriores en
ciernes.
Dificultades
Sin embargo, el español no ha conseguido
posicionarse como idioma de negocios de
forma proporcional a su peso e
importancia en el mundo. Y, en un
contexto de crisis económica, muchos
expertos, como el gurú de origen indio
CK Prahalad, sostienen que una de las
medidas que más urge la economía global
es la adopción de un idioma común: el
inglés.
De modo que, excluido del protagonismo,
el español debe conformarse con la
importancia que actualmente tienen las
transacciones y el volumen de negocio de
los países de habla hispana.
No obstante, existen varias acciones que
nuestro idioma tiene pendiente de
desarrollar. Entre ellas, mejorar los
alicientes para la atracción de talento
“en español”. La influencia y
competencia que suponen las becas del
sistema norteamericano representa una
agujero por donde se cuelan numerosos
“cerebros” latinos que, de otra forma,
podrían establecerse dentro del dominio
del español. Ampliar el sistema de
becas, recomiendan los expertos, sería
una de las primeras recomendaciones.
A ello se añade la dificultad de expedir
visados para los cursos de español para
extranjeros. Y el escaso desarrollo del
sistema de enseñanza de nuestro idioma,
que todavía no está a la altura del
anglosajón. Además, el llamado turismo
idiomático -potenciado con gran éxito
desde plataformas como el Instituto
Cervantes- encuentra una creciente
competencia en los países de
Latinoamérica.
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