30/08/2009

Preparan libro con 11.000 acepciones dichos argentinos

Susana Reinoso, La Nación

No son refranes. Esos vendrán después, con diccionario propio. En este caso, la novedad es que la fraseología más característica del habla de los argentinos tendrá libro propio en abril del 2010.

Es un arduo trabajo que el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, realizó durante dos años, con el aporte de su discípula y colaboradora Gabriela Pauer. Se llamará Diccionario fraseológico del habla argentina y lo editará Emecé, como una de las contribuciones al Bicentenario.

Son 8000 entradas —algunas con más de una acepción— que se convierten en 11.000 y abrevan en fuentes clave: el sexo, el dinero y los comportamientos cotidianos. Muchas han llegado a nuestros días por tradición oral. Como la expresión «¡de acá!», que fue acuñada por el humorista Alberto Olmedo, quien acompañaba la locución «con el gesto de sopesar algo gravoso, con alusión testicular», dirá el diccionario al señalar su origen.

También hay frases acuñadas en los medios de comunicación, la realidad rural y el fútbol. Y otras son de origen histórico, lo que marca su riqueza actual, tras sortear dos siglos de existencia sin desaparecer.

En diálogo con LA NACION, Barcia dijo que son las frases de la realidad rural las que proceden, en su mayoría, de la oralidad. «Hemos trabajado en tres niveles. Un nivel son las frases obsoletas que se están yendo del diccionario. Por ejemplo, "tirame las agujas". Otras son de vigencia permanente, como "andar de capa caída", que ya tiene dos siglos. Y el tercer nivel son las frases de los más jóvenes, cuya vida es efímera, pero impactan apareciendo en todas partes. Duran unos cinco años».

Homenaje a la creatividad

Para el presidente de la academia, un diccionario de frases del habla de los argentinos «es un homenaje a la creatividad del pueblo, que hace la lengua, y evidencia su capacidad lingüística para ampliar las locuciones de la lengua común. Hay una riqueza metafórica y gráfica innegable».

«El diccionario es útil para que la gente pueda entenderse mejor», señaló Barcia. La primera prueba piloto para gestarlo surgió con la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), a través de una propuesta de frases a los medios del interior, a los que se alentó a enviar otras. Luego vinieron las columnas de Barcia y de Pauer en FM Milenium, de Buenos Aires, y en LT3 de Rosario. La gente se animó a resucitar las frases transmitidas oralmente, de las cuales no hay registro.

Una etapa preliminar fue la de confrontar fuentes escritas. Se tomaron como base los diccionarios de los españoles Seco y Buitrago, pero también se recurrió al diccionario de argentinismos del siglo XIX y a los volúmenes producidos por Abad de Santillán, José Gobello y Félix Coluccio, entre otros.

Hay frases muy divertidas, cuya vigencia de dos siglos resulta un acontecimiento sorprendente. «¡Metele que son pasteles!», «¡guarda que se viene la maroma!» o «llorar la carta» son conocidas por una amplia mayoría de argentinos y llegarán intactas el año próximo al Bicentenario para celebrar su innegable origen histórico.

«Lo interesante —agregó Barcia— es que con el paso del tiempo las diferencias regionales se van acentuando, porque el hablante se adueña de la herencia idiomática y la independiza». Créase o no, varias de las frases no son autóctonas, sino que nacieron en la antigua metrópoli, España. En la Argentina se adaptaron al uso y, al cabo de un tiempo, adquirieron un significado completamente autónomo de su origen.

Por ejemplo, la locución «robar cámara» en la Argentina es «chupar cámara» en España. Barcia destacó la riqueza de algunas frases que componen oraciones completas, como «andá a decírselo a Magoya» o «ése no quiere más lola».

El académico señaló la distancia que se abre en las generaciones cuando las locuciones van perdiendo vigencia. Por ejemplo, la obsoleta «tirar pálidas» ya desapareció del lenguaje juvenil y «es bastante difícil que un chico de hoy entienda lo que significa», sostuvo Barcia.

El aporte de los medios a esta riqueza de locuciones, dijo el profesor universitario, es innegable: «Sobre todo, con la radio y la TV, lo más vivo del idioma». Barcia, un entrerriano con gran sentido del humor, se despidió con una frase telúrica: «¡Metele Catriel, que es polca!». Expresión que anima a una persona a ejecutar con rapidez una acción esperada.

Glosario

Comerse un garrón
Soportar inesperadamente una situación desagradable.
Fumar como murciélago
Fumar mucho y compulsivamente.

¡De acá!
Interjección. Expresión que supone una reacción de rechazo o negación fuertes frente a una propuesta o situación dada.

Comérsela doblada
Aceptar un perjuicio sin protestar; aceptar cualquier mentira; ser tolerante con todo; practicar una felación.

Cantársele las pelotas
Darle a alguien ganas de hacer algo y hacerlo sin estar expuesto a dar explicaciones.

Cabecita negra
Persona de escasos recursos económicos y que, por lo general, proviene del interior del país.

Andar como güevo guacho
Referido a persona que está sin compañía ni amistades. El huevo «guacho» es el que está solo en el nido.

La mano de Dios
La expresión indica la presencia de una voluntad divina en lo humano, actuando con eficacia y oportunidad, en situaciones difíciles o preocupantes.

Chaucha y palitos
Muy barato; muy poco, casi nada. Registro procedente de la oralidad.

Irse al tacho
Derrumbarse, fracasar en alguna empresa o negocio.

A babucha
Sobre los hombros.

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