Lunes, 20 de noviembre de 2017

Papa Francisco: «lenguaje
socialmente educado» es de
hipócritas

05/06/2013

InfobaeEl cristiano no usa un «lenguaje socialmente educado», proclive a la hipocresía, sino que se hace vocero de la verdad del Evangelio con la misma transparencia que los niños. Ese fue el mensaje papal en la misa de esta mañana en Santa Marta.Los que dicen falsedades, «no aman la verdad», sólo se aman a sí mismos, «y así tratan de engañar, de envolver al otro en su falsedad, en su mentira. Tienen un corazón mentiroso, no pueden decir la verdad», dijo Francisco en su homilía.«Es justamente el lenguaje de la corrupción, de la hipocresía (…) La hipocresía no es un lenguaje de verdad, porque la verdad nunca va sola. Va siempre con el amor. No hay verdad sin amor. El amor es la primera verdad. Si no hay amor, no hay verdad. Estos [los hipócritas, los corruptos] quieren una verdad esclava de sus propios intereses. Hay un amor, podemos decir, pero es el amor a sí mismos. Esta idolatría narcisista que los lleva a traicionar a los demás, los lleva a los abusos de la confianza», siguió diciendo el Papa que ayer también había fustigado en duros términos la corrupción que «tanto daño hace a la Iglesia» y a la que calificó como «el anticristo».Eso que parece un «lenguaje persuasivo», advirtió Francisco, lleva en cambio «al error, a la mentira». Esos que hoy se acercan a Jesús y «parecen tan amables en su lenguaje, son los mismos que el jueves por la noche irán a capturarlo al Huerto de los Olivos y el viernes lo llevarán ante Pilatos». Jesús, en cambio, pide exactamente lo contrario a los que lo siguen, un lenguaje «sí, sí, no, no», una «palabra de verdad y con amor».«La amabilidad que Jesús quiere de nosotros no tiene nada de adulación, de este modo azucarado de ir adelante. ¡Nada! La amabilidad es simple; como la de un niño. Y un niño no es hipócrita, porque no es corrupto. Cuando Jesús nos dice: ‘que vuestro hablar sea sí, sí, no no’, con alma de niños, dice lo contrario del hablar de éstos», afirmó.El Papa advirtió también contra «cierta debilidad interior», estimulada por la «vanidad», que hace que nos guste «que digan cosas buenas de nosotros». Esto «lo saben los corruptos» y «con este lenguaje buscan debilitarnos», dijo.Como siempre, concluyó su mensaje convocando a la introspección: «Pensemos bien: ¿cuál es nuestro lenguaje? ¿Hablamos con la verdad, con amor, o hablamos un poco con aquel lenguaje social de seres educados, de decir cosas lindas que no sentimos? ¡Que nuestro hablar sea evangélico, hermanos! Luego, estos hipócritas que empiezan con la lisonja, la adulación y todo esto, terminan buscando falsos testimonios para acusar a aquellos que han seducido. Pidamos hoy al Señor que nuestro hablar sea el de los simples, el de un niño, hablar como hijos de Dios, hablar en la verdad del amor».