Domingo, 19 de noviembre de 2017

«La Fórmula Gillette»
puede ser la salvación del diario
impreso

22/09/2012
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Carlos CastilhoYa no caben muchas dudas de que la supervivencia de las empresas periodísticas ya no pasa por la venta de noticias directamente al público, y todo indica que marchasmos hacia la aplicación de un modelo de negocios similar al adoptado, a comienzos del siglo XX por King Gillette, el empresario norteamericano que popularizó las láminas de afeitar entregando casi gratis las maquinillas.En las últimas semanas se multiplicaron en la internet las referencias a las nuevas estrategias de comercialización de noticias a partir de la venta de aplicativos, de nuevas versiones de software y hasta de la formación de comunidades de lectores, en las cuales el periodismo sería apenas uno de los rubros. Todas esas posibilidades tienen en común el hecho de que la noticia será gratuita, o casi, pero para tener acceso a ella el público tendrá que pagar el aplicativo que la disponibiliza en la internet.La creciente importancia adquirida por el software y los equipos de acceso a Internet aceleró la competencia entre las empresas del sector y está promoviendo «matrimonios por interés» entre los productores de contenidos informativos y nuevos programas de información para computadoras, teléfonos inteligentes y tabletas. El fenómeno ha sido denominado por Nicholas Carr, The New York Times, como appification.El economista Hal Varian, profesor de la Universidad de Berkeley y uno de los protagonistas de la empresa equipo pensante de Google, acuñó, junto con su colega Carl Shapiro, la expresión versionning para expresar su tesis de que la nueva fórmula para arrancar dinero de los consumidores será el desarrollo de versiones sucesivas de un software o incluso un hardware sin los cuales el acceso a partes esenciales de la información serían muy difíciles o inviables.Estas alternativas han cobrado relevancia ya que la estrategia paywall (cobrar por el acceso a las noticias en línea), a pesar de su éxito inmediato, presenta debilidades importantes en el mediano y largo plazo. Es que el ritmo de crecimiento de los ingresos por suscripciones para acceder a versiones en línea no cubre la pérdida de ingresos por publicidad y la depreciación de los activos de una empresa periodística.The New York Times tiene la experiencia más exitosa de paywall, ya con 500 mil suscriptores, y, según el experto de estrategias digitales Rex Sorgatz, necesita por lo menos dos millones de suscriptores para equilibrarse y sobrevivir como productor noticias. Hay consenso en que ese volumen de suscripciones no se puede lograr en el corto ni mediano plazo, teniendo en cuenta la diversidad de la oferta de noticias y la fluidez del mercado de la prensa.Sorgatz sugiere que el New York Times piense en la formación de comunidades de lectores que se aglutinen alrededor de una marca, en lugar de hacerlo en torno a las noticias. La marca sería el elemento que daría a los miembros de la comunidad el acceso a descuentos en restaurantes, entradas de cine, teatro, conciertos, etc. En un contexto así, la credibilidad del diario sería el elemento motivador de la aglutinación de los lectores, pero la información acabaría siendo apenas un plus gratuito.En todas estas alternativas, el retorno de la inversión en las noticias viene a través de la asociación con otras empresas, ya que, según la jerga de los economistas, ahora tiene cero valor marginal, o sea, casi gratis. Esta nueva combinación de aplicaciones, noticias, información y negocios, como, control de versiones y marcas, es ahora una característica del mercado periodístico, cuestionando la retórica tradicional en la que los ejecutivos de la prensa trataban de dar credibilidad ante el público al producto-noticia para proclamar su independencia de intereses comerciales.Esta combinación inevitable entre las empresas y noticias, que era hasta entonces oculto, se hace cada vez más abierta, como una cuestión de supervivencia. Esto crea un nuevo espacio de información abierto para el medio ambiente y la producción de información no comercial sobre la base de iniciativas independientes, tanto por los individuos como por grupos de individuos. Es el contrapunto a la «fórmula de Gillette».