Domingo, 19 de noviembre de 2017

RAE, del verbo 'raer'

06/12/2011
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La Vanguardia, Màrius Serra, escritorLlega a las librerías El dardo en la Academia (Melusina), un doble volumen coordinado por Silvia Senz y Montse Aberte que contiene quince rigurosos trabajos académicos muy críticos con el quehacer de la Real Academia Española, fundada en 1713, aprobada por Felipe V en 1714 y descrita como una entidad endogámica, nepotista, machista, elitista, clasista, conservadora, hermética, nacionalista y católica. Los autores que rompen el tabú neoancestral de criticarla son lingüistas españoles e hispanoamericanos. El dardo es una obra imprescindible que no pone en cuestión las legítimas tareas de normalización lingüística que emprende la institución académica, sino la manera como las ha emprendido. Se critican los fundamentos ideológicos y los prejuicios lingüísticos, pero también la metodología y la calidad del trabajo académico, en el que los escritores tienen un papel ornamental. El dardo evidencia la arbitrariedad con que trabaja la RAE y la falta de transparencia que se deriva de su estatus de Real Academia, una entidad científica pública que tiene la prebenda de actuar como si fuese privada. La explotación editorial de sus productos nunca estuvo sujeta a concurso público y su objetivo de fomentar una lengua castellana unitaria y abierta a la hispanofonía se contradice con su persecución de todo aquel que difunde su lengua por la red. Serían capaces de querer cobrar un canon a los crucigramistas que copien la definición de tas, ros o ucase del DRAE. Los títulos de tres de los trabajos dardistas bastarán para entrever su alcance: 1) el ensayo del doctor madrileño Juan Carlos Moreno Cabrera: Unifica, limpia y fija; la RAE y los mitos del nacionalismo lingüístico español; 2) de Silvia Senz: Una, grande y (esencialmente) uniforme. La RAE en la conformación y expansión de la 'lengua común'; y 3) de Susana Rodríguez: Un mundo a su medida. La construcción de la realidad en los últimos diccionarios de la RAE. 'Rae' es forma del verbo 'raer' (del latín radere). Lo busco en el DRAE y hallo tres acepciones: «1) Raspar una superficie quitando pelos, sustancias adheridas, pintura, etcétera, con un instrumento áspero o cortante. 2) Igualar con el rasero las medidas de áridos, y 3) Extirpar enteramente algo, como un vicio o una mala costumbre». El dardo demuestra que, más allá de la cursilada esa del «limpia, fija y da esplendor», la RAE rae que se las trae. Y no rae una vez sino tres: 1) en su celo raspador de heterodoxias, 2) en su imperial voluntad de unificar la diversidad lingüística, dentro y fuera de la Península, en lengua castellana y en otras que coexisten con ella, haciendo pasar a todo el mundo por el mismo rasero y 3) en su confesa propensión a identificarse con las estirpes extirpadoras. Y es que en castellano RAE no sólo es forma del presente de indicativo. También es imperativo: «rae (tú), raé (vos), raed (vosotros), raigan o rayan (ustedes)». De modo que los señores académicos (y alguna académica excepcional) se ven impelidos a seguir este mandato. Y por eso algunos raspan, igualan y extirpan con gran aplicación y, rayendo, rayendo, pretenden dejar el idioma raído y bien raído. La vía académica, de matriz francesa, no es la única manera posible de gestionar los cambios evolutivos que experimenta cualquier idioma. En lengua inglesa el modelo de normalización anglosajón se sustenta en una praxis liberal sin organismos oficiales. Un sistema en el que la autoridad se adquiere a través de los méritos de cada cual, y no mediante una letra (mayúscula o minúscula) recibida en raída herencia. MariusSerra@verbalia.com