Viernes, 24 de noviembre de 2017

José Luis Gómez: de
cómico de la legua a cómico
de la lengua

05/12/2011
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Josep María Pou«Un actor, José Luis Gómez, ha sido elegido por la Real Academia de la Lengua para ocupar uno de su sillones. Me paro, recapitulo y vuelvo a escribir con cuidado de no equivocarme: «José Luis Gómez, actor, ha sido elegido académico de la lengua». Correcto. Lo leo y casi no lo creo. Me pellizco: duele, ergo estoy despierto. Y escribo de nuevo, palabra a palabra: «José Luis Gómez, actor, ha sido elegido por la Real Academia de la Lengua Española para ocupar el sillón Z que dejara vacante hace un par de años Francisco Ayala». Cierto. Ahora, sí. No me cabe duda. Lo he escrito yo mismo, silabeando en voz alta al tiempo que tecleaba. Y con el convencimiento, me llega la alegría. ¡Un actor! Un robagallinas. Un comicastro. Un outsider. De la clase de los que no podían ser enterrados en cristiano. Un cómico de la legua. ¿O de la lengua? ¿Será José Luis Gómez, a partir de ahora, un cómico de la lengua?Los méritos de Gómez son muchos y desde ayer se glosan en todos los medios. Una carrera deslumbrante. Maestro de actores y directores. Un ejemplo de rigor. No sorprende, pues, el elegido. Lo que sorprende es la elección. Porque al elegir a Gómez la Real Academia reconoce el valor de la palabra dicha en voz alta y reconoce al actor -a los actores, plural- como intérprete, transmisor, portador, hacedor, valedor y velador de la palabra. Sin necesidad de obra escrita.El tono y el matizY reconoce que el mérito de dar con el tono, el matiz y la intención exactas es igual al de dar con el sinónimo o adjetivo adecuado. Porque si la palabra es la misma e inalterable una vez escrita, puede ser muchas y distintas según como se pronuncie.Es cierto que ya Fernando Fernán Gómez había sido miembro de la Real Academia, pero Fernando unía a su condición de actor la de escritor con kilos de folios a sus espaldas: teatro, novela, artículos, memorias. Aquello que Fernán Gómez escribía y publicaba se leía y valoraba independientemente de su condición de actor. Lo que admira y alegra en el caso de José Luis Gómez es el reconocimiento del actor como sujeto capaz de crear con las palabras en vivo y en directo, capaz de practicar el «limpia, fija y da esplendor» sin mas armas que la voz y el gesto. Estamos, pues, de enhorabuena.(Nota: en la misma semana en la que Gómez, actor, es subido a los altares, se estrena una película, La conspiración, en la que se nos recuerda que otro actor, Booth, asesinó a Abraham Lincoln. En todas las familias cuecen habas).